Por:
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño
Fue Santander el primer curaca hincado ante los gringos, desacatando las perentorias y proféticas advertencias del Libertador, quien le denegó invitarlos al Congreso Anfictiónico de Panamá porque “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”.
El zarpazo sobre el mismo Istmo de Panamá -ochenta años después- ni siquiera amilanó a la abyecta oligarquía que prosiguió postrada ante el gringo. Por el contrario, Marco Fidel Suárez inventó la divisa latina de mirar –mitificar- al polo norte, replicada ayer por el tórrido Uribe que en carta ignominiosa se queja ante Trump de la persecución que dizque le han desatado Santos y Petro; siendo que el único hostigamiento que sufre es el de la justicia que lo investiga por sus fechorías, de las cuales el fraude procesal y el soborno a testigos son las menos, frente a los carrotanques de sangre vertidos por su perversa paranoia.
Hace cien años precisamente, a instancias del cónsul pro yanqui Olaya Herrera y en el mundo adánico de las exploraciones petroleras, Colombia copió de los gringos la nefasta usanza de celebrar el consejo de ministros a puerta cerrada y a espaldas de la ciudadanía –tal como se habitúa en Estados Unidos. (Igual que hizo otro regidor gringo Alberto Lleras, cuando apagó la brillantez y contundencia de la oratoria parlamentaria al importar la usanza estadounidense de repartir en simples comisiones las plenarias del Congreso).
Pero el duplicado de la hermética ministerial obedecía no solo a la “robótica” colombiana de seguir a los yankis en sus fatales procederes de concupiscencia y corrupción “reservadas”, sino que se precisaba su conciliábulo, comoquiera las trapacerías y torcidos que allí se cocinan y adjudican. Baste recordar las peleas de Duque y su vicepresidenta Marta Ramírez o las recomendaciones ministeriales de “la madre del ejecutivo”. Ni se diga todas las torvas instrucciones de Uribe a sus ministros que todos terminaron resguardados en cárceles. La reserva de los consejos ministeriales sólo sirvió para salvar al beneficiario de los delitos, el innombrable Uribe.
Se creía, a la sazón, hace cien años, que Colombia era uno de los países más ricos del mundo en petróleos, y los negociantes gringos, emulando con los ingleses en su sed aceitosa, pusieron sus insaciables ojos en nuestro subsuelo, comoquiera que los yacimientos del medio oriente habían sido adjudicados a Inglaterra en la repartija post primera guerra mundial.
Producto de las maquinaciones reservadas y secretas –como prefieren nuestros estadistas de campanario-, el país vino a enterarse de que todo nuestro subsuelo ya estaba capturado por las uñas de las multinacionales procurando hidrocarburos.
No fue coincidencia ni episódica la Revolución mexicana y el gobierno de Lázaro Cárdenas que expropiaron tales concesiones en salvaguardia de recuperar el subsuelo para la nación azteca.
Suárez dictó un decreto declarando de propiedad nacional el petróleo subyacente en el territorio nacional. Y se vio venir la avalancha de los compañías gringas temerosas de que les pase lo que en México con las expropiaciones.
El tratado Urrutia-Thompson quedó suspendido a la expectativa de la legislación aparentemente nacionalista de Suárez, en custodia de nuestro subsuelo. El secretario de estado –léase ministro- Albert Fall, el más corrupto y corruptor, encabezó la resistencia contra el tratado Urrutia-Thompson, alegando abiertamente que se imponía modificarlo para incluir una cláusula que garantizara los derechos de las personas naturales y jurídicas norteamericanas en los petróleos colombianos. Nada tenía que ver lo uno con lo otro, pero nuestra abnegada oligarquía entregó el subsuelo para seguir gozando de la amistad y el comercio con los gringos.
El gabinete ministerial del presidente norteamericanoWarren Gamaliel Harding en sus sesiones secretas y reservadas –como quiere nuestra oligarquía ilustrada-, TENIDO COMO EL MAS CORRUPTO CON TRAFICO DE INFLUENCIAS CON LASCOMPAÑIAS PETROLERAS, por los negociados sobre reservas de combustibles de propiedad de la marina estadounidense, de las cuales dispuso SECRETA Y RESERVADAMENTE EL GABINETE MINISTERIAL a favor de los trust amigos. Desde inicios del siglo XX, la marina de guerra de Estados Unidos estaba cambiando el combustible de sus buques de carbón a petróleo y sus derivados, por lo cual en la época del presidente William Howard Taft se estableció que la marina dispusiera de “reservas petrolíferas”, que consistían en unas zonas productoras de petróleo.
El gabinete era conocido como la “pandilla de Ohio”, por ser oriundos de dicho Estado, como el presidente cuya más sobresaliente impudicia fue el de Teapot Dome, que surgió por los sobornos recibidos por el gabinete de Harding, en relación con unas concesiones petrolíferas.
En 1921, Harding dictó una norma que transfería el control de tres de estas “reservas” (Teapot Dome, Elk Hills y Buena Vista), al Departamento del Interior, retirándoselo al Departamento de Marina. Al frente del Departamento de Interior estaba Albert B. Fall, un amigo personal de Harding, quien en complicidad con el secretario de la Armada, Edwin Denby, – en las sesiones privadas y secretas- se valió de sus contactos para otorgar las respectivas concesiones a las compañías de E. L. Doheny y de Harry F. Sinclair. A cambio de otorgar las concesiones a las empresas de Doheny y Sinclair sobre las tres “reservas petrolíferas”, Hall recibió sobornos por valor de unos 400.000 dólares. Finalmente, las concesiones otorgadas por Fall fueron anuladas en 1927 y el propio Fall fue condenado a prisión en 1929.
Como en el ultra reservado gabinete de Uribe Vélez, los secretarios de estado –léase ministros- fueron a parar a las cárceles federales y el presidente Harding murió misteriosamente en el curso de las investigaciones, no sin haberse especulado acerca de su conveniente suicidio.
¿La ley de 1923 que ordena que las sesiones del consejo de ministros como cuerpo consultivo son absolutamente reservadas, y no podrá revelarse ni el nombre del ministro a cuyo estudio haya pasado cada asunto materia de consulta y copiada como fue coincidencialmente –vea usted- del gabinete del presidente Harding, no será que es más proterva y conveniente para los hombres como Uribe y Duque –y todas sus réplicas- que saquean, endeudan e hipotecan la soberanía nacional ante la reserva y discreción de sus compinches ministros, pero de espaldas a la nación colombiana?