QUE BAJE EL PRECIO DE LOS COMBUSTIBLES SERIA UNA MUY BUENA NOTICIA PARA EL PAIS

Pero cuando un anuncio de este calibre aparece en plena antesala de campañas a Los anuncios sin decretos, sin estudios y sin regulación pueden generar aplausos, pero no sostienen la cadena de abastecimiento ni protegen la formalidad.

Por:

Alonso Villacís

 

Alonso Villacís

 

Que baje el precio de los combustibles sería una muy buena noticia para el país.

Pero cuando un anuncio de este calibre aparece en plena antesala de campañas a Senado, Cámara y Presidencia, la responsabilidad institucional exige máxima claridad y cero ambigüedades.

No porque el anuncio sea malo, sino porque el momento obliga a separar titulares de política pública real.

Para que una reducción de precios sea verdadera, sostenible y no destructiva, el Estado debe cumplir integralmente con lo siguiente:

  • Decretos formales, que establezcan cómo, cuándo y cuánto bajará el precio.
  • Estudios técnicos completos, que midan el impacto en toda la cadena: ciudadano, transporte, minorista, mayorista, frontera.
  • Resoluciones reglamentarias, que eviten vacíos, discrecionalidad y traslados ocultos de costos.
  • Concepto y respaldo técnico de la CREG, porque sin regulador no hay estabilidad ni seguridad jurídica.
  • Consenso técnico real, no político, con los actores que operan el sistema diariamente.
  • Revisión integral de la estructura actual de precios, hoy desfasada frente a los costos reales.
  • Reconocimiento del margen minorista, congelado mientras los costos han crecido más del 65 % en tres años.
  • Revisión del margen y obligaciones del mayorista, también impactado por mayores costos financieros y operativos.
  • Evaluación del efecto de nuevos almacenamientos e intermediarios, que alargan la cadena, encarecen la logística y reducen eficiencia.
  • Alivios tributarios compatibles con ingresos regulados, porque no se puede exigir más impuestos a quien no puede ajustar precios.
  • Medidas diferenciales reales para frontera, donde el riesgo, el contrabando y la informalidad son estructuralmente mayores.

Si uno solo de estos elementos no se cumple, el anuncio no se convierte en beneficio real.

El costo no lo asume el Estado: lo asume el transportador, el minorista formal, el mayorista y finalmente el empleo.

Por eso, en contexto electoral, la prudencia técnica es obligatoria.

Los anuncios sin decretos, sin estudios y sin regulación pueden generar aplausos, pero no sostienen la cadena de abastecimiento ni protegen la formalidad.

No pedimos privilegios.

Pedimos que el modelo vuelva a cuadrar.

Si el Gobierno quiere cumplirle al país, debe hacerlo con toda la cadena y con reglas claras, no solo con titulares. Porque bajar el precio sin estructura no soluciona el problema: lo traslada, lo fragmenta y lo agrava.

No es ideología. No es oposición.

Es técnica, derecho y responsabilidad social.

Cumplir implica hacerlo bien. Y hacerlo bien implica cumplir todo, no una parte.

 

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