Por:
J. Mauricio Chaves-Bustos
Años atrás Gaitán había ya postulado los dos países que integran Colombia, el país político y el país nacional, el primero integrado por las élites -liberales y conservadoras- que se desentendían del ruido de las calles y de los campos para concentrarse en la mejor forma de repartirse el poder; al primero, en pleno siglo XXI, siguen perteneciendo las castas que se han sentido desplazadas desde que Petro llegó al poder, ahí también tienen cobijo los medios tradicionales que son, quiérase o no, voceros de ese país desconectado; al segundo, pertenecemos los más, los campesinos y trabajadores, los soldados y mecánicos, los soñadores que vemos cómo la utopía se vuelve alcanzable con un proyecto político que irrumpe después de más de 200 años en esta Colombia desequilibrada. Ese es el discurso que le duele al editorialista de El Espectador del 28 de septiembre del año en curso, claro, por fin hay una episteme popular que se pone a la par con la de los poderosos, por eso la desacreditan y les duele.
Las palabras del presidente Petro no solo ponen a pensar a un país, que pasó de ser dirigido por una marioneta a un líder internacional, sino que también incomodan, por eso tildan el discurso de incendiario y de poco eficiente en las políticas internas, cuando es verdad sabida que le cabe a la oposición, poco inteligente, el freno a las reformas que le son tan necesarias al país, precisamente para encontrar un equilibrio entre el país político y el país nacional, pero el entramado de poderes que se vuelve un sistema conservacionista, teme perder sus privilegios, ese es el verdadero temor, hasta convertirlos en un muro de indolencias para frenar todo posible cambio, esa es la verdadera causa de que no haya resultados tangibles, como mal reclama el editorialista.
También estamos frente a cambios semióticos, hace años que los símbolos se quedaron empotrados en clubes y barrios exclusivos, hoy el Presidente acude a aquellas metáforas que congregaron a los desarropados para acompañar al proyecto independentista de hace más de 200 años, ahí hay una identificación mayoritaria nacional que la prensa tradicional y las hegemonías se niegan, nuevamente, a aceptar, es una cruzada y un llamado para que lo conquistado hace 3 años no se pierda en el horizonte ambicioso de quienes han detentado el poder en Colombia.
Además, tradicionalmente todo el poder estatal ha sido utilizado por las viejas hegemonías para perpetuar su dominio, ahí también los medios tradicionales como voceros de ese poder transado en noticias, sin embargo, hoy se quejan de que el poder del Estado sea utilizado para querer mantener un proceso político que se volvió fáctico hace 3 años, imposible que la prensa sea tan mezquina de querer postular que el propio gobierno ceda a esos reclamos anacrónicos de la vieja Colombia para desconocer la voz de la nueva Colombia, que es un proyecto político que no se dejará vencer tan fácilmente.