Por:
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño
No se crea que Petro es el único o primer caudillo que ha tenido que batirse contra la inmisericorde y consuetudinaria filípica de la rampante y desharrapada oligarquía que a cañón de sus emisoras o de sus gacetillas disparan contra el abrumado -pero espabilado- presidente.
Afortunadamente, Petro ha demostrado que no se abate ante colosal y sanguinaria arremetida y valiéndose de sus alocuciones, discursos y ante todo de sus cuentas electrónicas atiende a sus refractarios -que no opositores- que por igual atacan su etopeya al igual que su prosopografía. Y lo hace con el peso químico de su formación de muchos lunarios, que es polifacética en derivas de crematística, filosofía, derecho, historiografía, geografía, estadística, novelística, bolivarianismo y macondismo, es decir, la rosa de los vientos de la humanística, quedando triturados sus banales y efímeros sabuesos.
Y cumple con aquel dictamen al modo que recomendaba su paradigma y venero Jorge Eliécer Gaitán:
“No podré yo usar en este trajín las recomendaciones de serenidad, calma y mesura que el espíritu republicano ha proclamado en toda época como indispensables a la vida del país. Están muy bien esa calma y esa moderación cuando se pertenece a las clases dominantes que usufructúan las preeminencias de la sociedad y del Estado, pero no están bien cuando quien habla aspira a interpretar el grito de multitudes atropelladas, de los desheredados económicos que no conocen de la sociedad y del Estado sino los rigores de la persecución. En este caso la serenidad equivale a la traición”.
Antonio Nariño fundó “La Bagatela” para defenderse de los borbones y luego “Los toros de Fucha” para escudarse de Santander y su círculo; el Libertador, cargaba con una imprenta portátil que divulgaba el “Correo del Orinoco”, que le sirvió igual o más que la artillería en la lucha emancipadora (hasta su última gobernanza corregía los libelos que publicaban los gobiernos de Nueva Granada, Caracas, Quito o Lima); Mosquera fue investigador e historiador profesional para que no se tergiversen sus faenas; Murillo Toro fundó el Diario Oficial y era suscriptor de todas las gacetillas para estar pendiente de las calumnias y groserías de sus detractores; Núñez fundó “El Porvenir”, en Cartagena para desde el corralito dictar los correctivos de gobierno a Holguín y a su cuñado MaCaro; Olaya Herrera trajo la primera rotativa para imprimir velozmente sus bandos; López Pumarejo y Lleras Camargo fundaron “El Liberal” como vespertino para ser obedecidos las 24 horas; Eduardo Santos fundó “El Tiempo”, del cual casi nunca fue director pero sí lo hizo millonario y presidente. Y como si viviera hoy odiaba escuchar radio “que tantas mentiras dice”. Y eso que no había escuchado a los Gustavogómez, Morales, Juanlozanos y andrajosos mentales como el anticolombiano Zuleta Lleras.
Petro sabe que sin libertad no hay socialismo y por eso no ha censurado ni censurará a sus opositores, si es que los hubiera -que son el oxígeno de la democracia- pero tampoco a sus difamadores y maledicentes.
¡¡¡Algo va del antagonismo al agonalismo que nos enseñaba Manuel Gaona a Héctor Riveros y a mí para que se lo embuta al Felipe Zuleta, que parece no escuchó nunca al Maestro!!!