Por:
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño
Inusitado espectáculo de masas cuando promediando el tercer año de travesía, lo que se conoce como sufrir “el sol a la espalda”, el gobierno del presidente Petro puede darse el lapo de convocar a su militancia y recibir el apoteósico espaldarazo que significa la renovación de la confianza y solidaridad a la gestión de un gobernante que contra viento y marea enfrenta y supera el saboteo y avería de una obtusa y perversa oposición
Los ocho congresales de la mala fama, porfiados en su empeño antipopular de ahogar las expectativas laborales, sin ninguna conciencia de partido ni de patria, sólo por el prurito de boicotear las promesas justicieras del gobernante, no paran mientes en que conculcan sus propias teorías estatutarias –si es que las tienen-. Y el presidente, con sostenida vehemencia les menudea sus consignas con las que hacen hipócrita proselitismo y se hacen reelegir. A los de los impostores cristianos les recapitula la doctrina social de la iglesia católica que lucha por la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad. Según la DSI la afirmación, la promoción y la realización de lo que significa la dignidad humana debe ser el principio fundamental y decisivo de la vida social. Todo en la vida social y en la acción política debe ordenarse al reconocimiento y la realización de la dignidad de cada persona y de todas las personas.
A los conservadores, aquellos de “la cintica azul y proceder villano” (de que habló el pontifical MACaro), el presidente, en sus alocuciones pedagógicas y multitudinarias, también les estrega que su repertorio incluye la igualdad legal contra el privilegio aristocrático, profesional, laboral; la tolerancia real y efectiva contra el exclusivismo y la persecución, sea del católico contra el protestante y el deísta, o del ateísta contra el jesuita y el fraile, del patrono contra el trabajador.
A los liberales, por quienes confiesa decisiva identificación –manes de Uribe Uribe, de López Pumarejo, de Jorge Eliécer Gaitán- les adoctrina que el martirologio que ha sufrido con Uribe y con Gaitán lo padeció en virtud de las categóricas cruzadas que capitanearon por lograr una sociedad justiciera y crecientemente igualitaria. El uno fue tratadista del derecho laboral; el otro ministro del ramo. Entrambos abanderados de la dignidad del trabajador. César Gaviria, su actual procurador, dolosamente olvida las pragmáticas de la OIT y el repertorio garantista de la jurisprudencia interamericana de derechos humanos (léase derecho laboral), de la cual fue Secretario General por diez años!!!
Del llamado partido Cambio Radical –que acaudillan Vargas Lleras, los Char, los doctores cianuros- no se conocen principios ni banderas a no ser la progresiva concupiscencia y lujuria de su cúpula.
Y de los del Centro Democrático, la sorpresa es saber por qué continúan apersonando causas sociales teniendo en cuenta el prontuario indescriptible de su mesías y sus apóstoles que son más de doce.
Los ocho fulanos sumariamente invisibilizaron las marchas populares que desbordaron todas las expectativas y avenidas de la república. Los 23 millones de colombianos que votaron en 2022 eran de castigo a todo lo que había significado el gobierno de las oligarquías corruptas, felonas y alevosas. Los votos del “ingeniero” RH igualmente eran en contra del uribismo y todas sus morbosas variantes.
El cambio prometido –que está en marcha- significa reemplazar el estado neoliberal por un estado con rostro humano, que privilegia a los desvalidos y al entorno.
‘Paz total’, además de buscar el arreglo convencional con los alzados en armas se entiende paz con el medio ambiente, preservándolo en vez de extinguirlo; y también la paz social, que sólo se logrará con las reformas sociales, laborales, educativas y de salud que ahora mismo están siendo pateadas por la codicia y avidez fenicia de los ochos de la mala fama, que buscan prolongar el statu quo que los favorece a ellos, pero ahoga a los demás compatriotas en la miseria y la desesperanza.
No se sabe para qué se gana con una plataforma de gobierno si el Congreso lo va a boicotear y va a impedir su cumplimiento. Este es el bloqueo institucional que le propina el legislativo no al presidente sino al pueblo concentrado y vigilante en las plazas de Colombia.
Ahí surge para el pueblo su única oportunidad de revocatoria a los eufemísticamente conocidos como padres de la patria que legislan para sus patrocinadores de las EPS y de los fondos de pensiones y del gran capital, es decir, que mientras el Congreso obedece a los insaciables ricos, el presidente se solidariza con el pobre pueblo pobre.