Por:
León Valencia
Fundación Pares
Ya Benedetti confesó que es un adicto a la cocaína y al licor, que ha sido un hijueputa con la familia y que estuvo en un centro de rehabilitación en México y ahora está sobrio. Se lo dijo a la Revista Cambio y también al diario El Tiempo; dijo, además, que negaba tajantemente que Petro metiera cocaína o fuera un adicto. No he visto mayores comentarios sobre el asunto, ni sobre el acto de contrición del ministro, ni sobre las palabras que intentan salvar al presidente.
Los titulares podrían haber dicho cosas como esta: “Benedetti confiesa su grave falta y desmiente a Leyva en sus aseveraciones sobre Petro”. Pero nada. Vi y oí sólo algunas alusiones laterales a esta confesión. No sé si Leyva sea más creíble que Benedetti, a mí los dos me disparan muchas preguntas. Pero esta vez me sonó más sincero Benedetti.
Las confesiones de Benedetti explican muchas de las acusaciones de que ha sido objeto en los últimos años: la violencia intrafamiliar, la laxitud moral y ética en el ejercicio de su vida pública, el maltrato a sus subordinados, en fin, una vida poco ejemplar. Ahora la justicia que le sigue investigaciones tiene un contexto cierto a la hora de profundizar en sus indagaciones. También las presuntas víctimas tienen argumentos de la propia boca de su agresor.
Esas afirmaciones, desde luego, tienen un sesgo humanista y una consonancia con el estado de derecho. Pero no son muy potables en el ambiente político. La reputación del gobierno se afecta, y no poco, con la presencia de una persona que tiene sobre sus hombros adiciones y desafueros producto de esas adiciones.
La papaya que se les ofrece a los medios de comunicación y a los grupos políticos que están haciendo una oposición sin hígados y sin mayor decoro, es muy dulce. En la tradición colombiana se tenía cierto respeto por la figura presidencial y por la vida privada de los presidentes y eso se está haciendo añicos ahora con la llegada de la izquierda al poder.
Yo me divierto un poco viendo a políticos, a intelectuales, a líderes de opinión, escudriñando acuciosos la vida privada del presidente Petro y de altos funcionarios de su gobierno; los veo y recuerdo que muchos de ellos también son señalados, en los corrillos, de llevar una doble vida. Hubo un tiempo en que asistía a cocteles, no sin deleite, para escuchar los chismes sobre personajes públicos.