ACADEMIA Y JUNTANZAS POR LA PAZ Y LA IGUALDAD

El tejer alianzas ha permitido que se realicen compromisos colectivos que avanzan en este trabajo en red, al entrelazar nuestras voces, saberes, esfuerzos y voluntades

Por:

Elsy Melo Maya

 

Elsy Melo Maya

 

“En Colombia, hablar de paz ha sido siempre un desafío, un acto de valentía y una necesidad urgente. Nariño y Alto Putumayo son territorios donde la violencia aún permea las vidas de las comunidades. Por eso, es necesario hablar desde las heridas abiertas, de la memoria, pero también desde tejer la esperanza en lo cotidiano. Hemos entendido que no se puede hablar de paz sin igualdad de género, ya que esto significaría narrar y abordar solo la mitad de la historia y las reales acciones transformadoras. Porque allí, donde aún subsisten formas de cultura que naturalizan las violencias contra mujeres y personas diversas, donde sus experiencias continuamente se invisibilizan y no se construyan caminos eficientes para llegar a los procesos restaurativos y de no repetición, la paz continuará siendo solo una promesa.

La academia, entendida como escenario donde confluyen diversos saberes, tiene un enorme poder y responsabilidad: cultivar profundas transformaciones en las formas de comprender, sentir, convivir y habitar. Cuando analizamos la paz y las formas de erradicar las violencias basadas en género (VBG) y la discriminación, se activa un compromiso que trasciende la investigación y la enseñanza, y se convierte en una forma de transformar miradas que posibiliten el cuestionar y desaprender prácticas cotidianas que sostengan estructuras socioculturales violentas derivadas del patriarcado.

La ESAP, tiene fuertes compromisos y convicciones ante la construcción de horizontes de paz y las cero tolerancias frente a todo tipo de violencia. Reconocemos la responsabilidad de formar futuros servidores públicos, entendiendo que el ejercicio de la función pública debe ser guiado por principios éticos y corresponsables, por la defensa de los derechos humanos y la construcción de la paz, la justicia de género y la justicia social. Esto, lo hemos proyectado desde la academia hacia múltiples ámbitos: la investigación, los procesos de creatividad, de activismo, de deporte, de juntanza con estudiantes líderes y lideresas, comunidades y entidades, demostrando que la educación puede ser un escenario y una herramienta poderosa, en la que se conglomeren esfuerzos para la transformación social.

Una muy valiosa lección aprendida es que no podemos hacerlo de manera aislada. Al ser la violencia, y en particular las VBG, problemas estructurales, se requieren respuestas colectivas. Por ello, se vuelve indispensable la construcción de redes de apoyo, de juntanzas y articulaciones inter e intrainstitucionales que fortalezcan la prevención, detección, capacidad de respuesta y la formación desde enfoques diversos e incluyentes.

El tejer alianzas ha permitido que se realicen compromisos colectivos que avanzan en este trabajo en red, al entrelazar nuestras voces, saberes, esfuerzos y voluntades”.

María Karolina Guerrero G., Profesional de Género, ESAP

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