ÁLVARO URIBE GANA CON CARA Y SELLO
Si bien la condena contra Álvaro Uribe Vélez por los delitos de soborno en actuación penal y fraude procesal representa un hecho sin precedentes en la historia política colombiana, siendo el primer expresidente hallado culpable por la justicia, este fallo parece dar insumos para orientar la campaña de la derecha en el próximo escenario electoral.
Por:
Ghina Castrillón Torres.
Politóloga feminista.

Como era de esperarse, el uribismo ya está capitalizando políticamente la derrota jurídica de esta semana. A Uribe lo condenó la justicia, pero no necesariamente lo va a condenar la opinión pública pues el expresidente ha sido una figura clave de la derecha colombiana y en el escenario actual ganaba políticamente con cara y sello, pues si lograba ser absuelto, posaría de víctima de un montaje de la izquierda, pero si lo condenaban, como efectivamente pasó, posaba de víctima de una “justicia politizada”. Pero el resultado termina siendo el mismo que refuerza una narrativa de mártir patriota, arrinconado por un sistema que lo persigue por todo “lo bueno que ha hecho”.
Claramente esta estrategia no es nueva, en las campañas políticas utilizan sistemáticamente las emociones para movilizar a las gentes desde la indignación, como pasó con la campaña por el No en el Plebiscito por la Paz o la Consulta Anticorrupción, entre otras. En el caso del uribismo, la condena judicial transforma la figura del líder en el “perseguido” y eso les puede resultar electoralmente funcional.
El fallo de la jueza Sandra Heredia es un mensaje muy potente porque demuestra que nadie, ni siquiera un expresidente, está por encima de la ley. Pero, mientras celebramos el fallo como un triunfo histórico de la justicia, no podemos perder de vista que el riesgo está en creer que la verdad judicial se traduce automáticamente en aceptación social. Desde la izquierda deberíamos recordar que la disputa es jurídica, pero también es simbólica y política. Es necesario combatir la narrativa del mártir político porque ésta cala en muchos sectores de la ciudadanía, y sin una estrategia pedagógica clara, corremos el riesgo de que la condena se convierta en mayor impulso electoral para los sectores de la derecha.

