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AL OIDO DE CESAR GAVIRIA

GEOMETRÍAS 

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Por:

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita

 

 

El Jefe Único del oficialismo liberal -emulando a Eduardo Santos cuando detentaba el mismo oficio en 1946 y ante la victoria incontestable del socialdemócrata Jorge Eliécer Gaitán-, debería apresurarse a devolver las llaves del partido y convocar la estatutaria e inaplazable convención nacional para que como suprema instancia dirima, de una vez y para siempre, la adhesión al Pacto Histórico. Se entiende que resignará igualmente la jefatura para que la antorcha pase a manos nuevas y jóvenes, de cara al sol y de frente al futuro.

Creo recordar que los senadores disidentes de Gaviria (entre ellos Luis Fernando Velasco, García Realpe, Juan Diego Echavarría, Iván Agudelo…) le apostaron a que si había derrota con el candidato del uribismo –al cual adhirió inconsulta y arbitrariamente- debía renunciar a su jefatura (igualmente eterna). De lo contrario, renunciarían ellos al partido.

Como sucedió en 1946 –reconocido por la propia Embajada de E.U.-, Gaitán, a pesar de haber quedado de tercero (Ospina Pérez-Turbay-Avinader), era el auténtico ganador de las elecciones y por ello Eduardo Santos –auténtico demócrata igualmente- no solo devolvió las llaves sino que “para que la voltereta fuera completa”, le encimaba el periódico “El Tiempo”, con todo y Director, a la sazón don Roberto García-Peña.

Al costo de hoy, el candidato socialdemócrata Gustavo Petro se ha alzado con la victoria en la primera vuelta. De revuelo, e histórica comoquiera que es la primera vez que una opción de izquierda se asoma en la Colombia ultra injusta, conservadora, reaccionaria, sorda e inapelable.

 

 

No se desdeñe que Petro viene alegando la validez y raigambre del entramado revolucionario de la república liberal de López Pumarejo y Jorge Eliécer Gaitán cuya parábola quiere cubrir poniendo de moda figuras jurídico-políticas viejas de más cien años en el mundo y completamente inéditas en la Colombia clerical, cacical y  prehistórica. La estrategia del intervencionismo de Estado en la economía para lograr la protección de los sectores populares y de las clases proletarias en particular. Impulsando la función social y ecológica de la propiedad. La tierra para el que la trabaja. Promoviendo una reforma tributaria progresista, que muerda los capitales evadidos de las 4.000 familias multimillonarias (incluida la del contradictor. Y es que si se fugan para el exterior, para Estados Unidos o Europa, allá sí que sufrirán el peso de los impuestos y el cerco de la cárcel para los evasores). Fortaleciendo el estado laico, con primado de las libertades ciudadanas y el imperio de las virtudes cívicas. Desde el discurso “embriagador” pronunciado en el puerto de Girardot hasta hoy mismo, en sus declaraciones radiales, ha insistido vigorosamente en ser un nuevo López Pumarejo predicando el evangelio de la justicia social y del cambio con equidad.

La carta de derechos de 1991, su artillería garantística y contractual, el tren de aterrizaje de la tutela y acciones populares; el Acuerdo de Paz actualmente expósito, todos son argumentos irrefutables y coincidentes entre un partido liberal progresista y el Pacto Histórico que recoge las más linajudas de las iniciativas democráticas.

El ex presidente Gaviria debe serenarse y consultar los Estatutos del Partido y acatar la exigencia del pueblo liberal, primordialmente de su juventud y del liberalismo social demócrata; considerar las afinidades programáticas, éticas y doctrinarias que están en juego, y quizás dar un paso al costado para que el partido de nuestros mayores y el nuestro propio encuentre y ofrezca la fórmula de la felicidad para Colombia.

“El 19 será” la victoria de nuestra patria si el oficialismo liberal contribuye con ese millón y medio de voluntades que faltan.

1 comentario
  1. Édgar Bastidas Urresty dice

    César Gaviria que parece uno de los césares de la decadencia, ha demostrado que ignora el libro Las ideas liberales en Colombia del liberal de ideas socialistas Gerardo Molina, y ha colocado al liberalismo en la peor crisis de su historia.
    Sin embargo, se niega a renunciar a la dirección del liberalismo, a pesar de que lo ha traicionado a la espera de recibir migajas burocráticas, 30 monedas de plata.

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