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GONZALO DÍAZ DE PINEDA, ¿FUNDADOR DE IPIALES?

Díaz de Pineda, quien si fundó alguna ciudad no fue la de Pasto, sino alguna otra en el territorio de las Provincias de Túquerres, Obando y Barbacoas...

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

En el número 1, volumen 1 del Boletín de Estudios Históricos del Centro de Historia de Pasto, de octubre 12 de 1927, aparece un curioso artículo de Arístides Gutiérrez Villota, sacerdote del oratorio de San Felipe Neri, titulado “El fundador de Pasto”, argumentando con varias razones que fue Lorenzo de Aldana quien fundó dicha ciudad, para ello se sirve del libro “Biografía de Aldana” de Alejandro Santander, quien se plantea unas preguntas tratando de esclarecer que no fue Sebastián de Belalcázar el fundador de dicha ciudad.

Llama la atención en el punto 3, donde afirma: “Que cuando el comisionado señor Aldana pasó en persecución de Belalcázar, removió al teniente de Quito, Diego Torres, por ser partidario de Belalcázar, y nombró en su lugar a Gonzalo Díaz Pineda; quien, si fundó alguna ciudad, no fue la de Pasto, sino alguna otra en el territorio de las Provincias de Túquerres, Obando y Barbacoas, conocido con el nombre de los Pastos” (p. 17).  Desde luego que no podemos afirmar que el fundador de Ipiales fue Díaz de Pineda, para ello debemos auscultar archivos, desentrañar viejos documentos que están en Quito, Popayán, Bogotá y particularmente en Sevilla, visitarlos en lo posible personalmente para no caer en falacias repetidas obsesivamente en redes (Wikipedia, por mencionar alguna).

 

Posible fisonomía de Díaz de Pineda a partir de un cuadro de su nieto fray Pedro Bedón, fundador de la Escuela Quiteña de Pintura Colonial.

 

Gonzalo Díaz de Pineda, asturiano que llegó a Nicaragua probablemente en 1526, viajando luego a Panamá, en donde conoció al capitán Francisco Pizarro, con quien se embarcó al Perú, participando en el secuestro del Inca en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532. Recibió parte del rescate que pagó el emperador para ser liberado, 384 marcos de plata y 9.909 pesos de oro, con el final para Atabilpa del que todos sabemos: traicionado, bautizado y asesinado. En 1534 participó como escribano de Belalcázar, en razón a que sabía leer y escribir, en las fundaciones de Santiago, hoy Guayaquil, y San Francisco de Quito, pudiendo por ello tener merced a los derechos de conquista. El 6 de diciembre de 1534 figura como escribano de su majestad en el acta de repartos de solares y tierras en Quito, por lo cual se enriqueció enormemente.

En 1536 fue elegido alcalde de Cabildo de Quito, casándose con la hija del teniente de gobernador Pedro de Puelles, Beatriz. Fue un explorador y aventurero, desde ese año emprende viajes al oriente en busca de El Dorado y el País de la Canela, esta última en comisión de Gonzalo Pizarro en 1538.

En 1539 parte Belalcázar hacia España, escapando así de la orden dada por Pizarro a Lorenzo de Aldana de apresarlo. Aldana nombra a Díaz de Pineda teniente de Gobernador de Quito, reemplazando a Pedro de Puelles.  El 10 de diciembre de 1540, Gonzalo Pizarro lo hizo reconocer como Gobernador y Capitán General de Quito, convenciéndolo de que lo ayudara con emprender una expedición al País de la Canela, partiendo de Quito en 1541. Llegaron hasta un punto del oriente en donde Orellana se separa del grupo, al ver que no regresaba, lo comisionan para buscarlo, sin tener éxito en su empresa, regresan a Quito el 10 de junio de 1542, en condiciones tan miserables y flacos que al inicio no los reconocieron.

En 1543 fue alcalde de Cabildo de Quito, al año siguiente Regidor, además de procurador, junto con Fernando Sarmiento, de la ciudad ante el virrey Blasco Núñez de Vela, quien lo puso al mando de una Compañía en Lima para impedir que Pedro de Puelles se uniera con Gonzalo Pizarro en Cusco. En medio de traiciones, donde aparecen su yerno y su amigo y socio, logró que las tropas se pasaran al bando rebelde, avanzando hasta Lima, donde el Virrey fue apresado y deportado a Panamá, de donde se liberó y logró armar un ejército para perseguir a los rebeldes, entre estos Díaz de Pineda, quien huyó hacia las selvas cercanas, encontrando la muerte al ingerir como alimento unas yerbas desconocidas que resultaron ser venenosas. Así termina la vida de un invasor que jugó a ser conquistador, a quien las riquezas le abrieron caminos de gloria y también de miseria.

El propio Lucas Fernández de Piedrahita en “Historia General”, tomo I, libro IV, capítulo II, anota al respecto: “Por este tiempo, que ya era el año de treinta y nueve, Gonzalo Díaz de Pineda, teniente de Quito, había pedido comisión a don Francisco Pizarro para poblar una villa en los Pastos, y consiguióla sin que por ella se le derogasen los poderes dados a Lorenzo de Aldana. Pero aunque se apresuró todo lo posible para conseguir la fundación referida, ya Lorenzo de Aldana había llegado al valle de Guacanquer, adonde, con el trabajo de quebrantar primero el orgullo de los naturales, la fundó entonces, si bien poco después se mudó al valle de Thirz, con nombre de Villaviciosa, puesta en poco más de medio grado de la línea al norte, cuarenta y cinco leguas de Popayán como al suroeste y otras tantas de Quito como al nordeste.” Este y otros autores confunden nombres y lugares, de tal manera que Pasto y Los Pastos continuamente caen bajo este designio.

En la descripción hasta entonces hecha, aparecen nombres ligados a la historia de Nariño, principalmente de la exprovincia de Obando, los cuales se hace necesario repasar. Al morir Gonzalo Díaz de Pineda, su viuda Beatriz de Puelles, quien contrae segundas y terceras nupcias, reclama los bienes que este tenía, particularmente para las dos hijas habidas en dicho matrimonio: Vidiana y Juana Díaz de Pineda, esta última casada con Pedro Bedón y González de Agüero, cuyo nieto fue el padre Pedro Bedón de Agüero, fundador de la escuela quiteña de pintura y posiblemente el autor de La Virgen de Las Lajas que se venera en Ipiales, dejando además una pintura muy similar que se conserva en Guayaquil en el museo Nahim Isaías.

 

Virgen de Las Lajas, Pedro Bedón, Museo Nahim Isaías, Guayaquil.

 

Mucho se ha especulado de cómo Pedro Bedón, quien pasó por Ipiales en 1593, ya que fue expulsado de Quito por su participación en la Rebelión de las Alcabalas, puede ser el autor de una obra descubierta en 1759, es decir 166 años después. Nos atrevemos a afirmar que para finales del siglo XVI se buscaba conquistar el oriente del territorio de los Pastos, de ahí que se emprendieran varias empresas para avanzar hacia el oriente, tal y como las emprendió el propio Díaz de Pineda en el Ecuador, y es posible que el dominico Pedro Bedón visitara un territorio inexpugnable hasta entonces, como es el camino que de Potosí conduce al oriente, dibujando una imagen que representaba a la Virgen del Rosario, propia de su comunidad, además al pie las figuras de San Francisco de Asís y de Santo Domingo de Guzmán, doctrinas rivales que competían por estos y otros territorios, quizá una alegoría de la unión que debía esgrimirse en aras de la verdadera doctrina cristiana en América.

Por otra parte, quienes visitamos el santuario, vemos cómo en sus rocas aparecen manchas azules y rojas, fruto de los elementos químicos que al mezclarse con el agua y con el oxígeno, generan esas imágenes en las que muchos ven imágenes de vírgenes. Nada raro que el sacerdote las aprovechara para pintar la imagen de Nuestra Señora de Las Lajas sobre una de esas imágenes que aparecen naturalmente en el entorno.

 

Imagen natural Las Lajas, costado oriental 2010 Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=5HgCMPm3AaY&ab_channel=noticiasipiales

 

Pedro de Puelles ha estado tan ligado a Ipiales, que inclusive algunos historiadores afirman que el primitivo asentamiento fue en Puenes, hoy un barrio de la ciudad a la salida al aeropuerto, una posible desfiguración del apellido del que se considera el fundador de la ciudad de Pasto. Lo cierto es que estuvo en el territorio en varias oportunidades, como conquistador junto a Francisco Pizarro, quien lo designó gobernador de Quito y Popayán en el interregno que marcaría Sebastián de Belalcázar. Oportunista que se pasaba de un bando a otro dependiendo de las mercedes que se le brindaba, fue almagrista, pizarrista, gascaeño. Se le atribuye el traslado desde Yacuanquer a la actual ciudad de Pasto. Dos mapas del siglo XVI muestran claramente a la Villaviciosa de la Concepción de los Pastos al sur de la también señalada la Villa de Pasto, de donde se colige que esta población no estaba en Yacuanquer, como se ha señalado por algunos investigadores, sino en la provincia de Obando, posiblemente Ipiales.

Sebastián Moyano o Sebastián de Belalcázar será otro personaje que tendría fuerte influencia en el actual territorio de la sierra nariñense, desde su llegada de Centroamérica al Perú, recibiendo su parte correspondiente al pago hecho por Atabilpa para su supuesta liberación. Fundó las ciudades de San Francisco de Quito, Santiago de Guayaquil, Santiago de Cali, Asunción de Popayán. En Santafé de Bogotá se encontró con Nicolás de Federmann y Gonzalo Jiménez de Quesada, donde se repartieron el botín de la conquista de los muiscas, partiendo hacia España para pedir mercedes a la corona, siendo nombrado gobernador de Popayán y de un amplio territorio entre Colombia y Ecuador. Algunos le atribuyen la fundación de Pupiales y de Pasto. Se vio inmerso en las guerras entre Pizarro y Almagro, de las cuales salió bien librado, sin embargo, fue sentenciado a muerte por el asesinato de su rival Jorge Robledo, muriendo en Cartagena de Indias, cuando viajaba a España para apelar a la decisión ya tomada. Fue un analfabeto que logró alcanzar altas distinciones y acumular una cuantiosa fortuna.

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