FRENTES DE SEGURIDAD VS TEJIDO SOCIAL DE PROTECCIÓN
Los ejércitos se necesitarán siempre en aquellas labores donde es requerida una fuerza grupal al servicio benévolo de la sociedad, una fuerza adiestrada en la construcción y no en la destrucción.
Por:
Guillermo Linero Montes

Cuando una población da vida a un ejército, lo hace siguiendo un principio elemental: asegurar la protección de cada uno de sus miembros. No obstante, un ejército no es necesariamente un conglomerado de personajes agresivos dispuestos a matarse contra otros –como lo fueron las invasiones mongolas en oriente y las guerras mundiales en occidente- sino una suma de cohabitantes dispuestos individualmente no sólo para defenderse de los otros con armas y escudos, sino además “para salvar al gato” que, siendo una acción sin complejidades letales en su ejecución, es de muy alto valor humanista.
Los ejércitos con vocación de guerreristas, los no constructores, fueron forjados por un hecho elemental: el miedo de algunos poderosos a enfrentar a quienes con violencia afectaban su política –los modos y maneras de vivir- y afectaban su economía –sus posibilidades de producir y subsistir- y, especialmente, el temor a perder el derecho a ser dueños de sus tierras. De hecho, en respuesta a esos eventos de miedo y tensión -los ocurridos en la etapa primigenia de la civilización -cuando ignorábamos que la educación en valores podría evitarlos- empezaron a configurarse los primeros grupos armados y, en consecuencia lógica, comenzaron por parejo los enfrentamientos entre ellos: las llamadas guerras.
Aquellos grupos de población, temerarios por haberse establecido a la topa tolondra, estaban muy ligados a los medios de la violencia; es decir, a la aplicación de políticas diversas -las de cada quien- y a la imposición de economías muy inequitativas por cuenta de estar basadas en la ley del más fuerte.

