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23 DE OCTUBRE DE 1863: DISTRITO PARROQUIAL DE IPIALES, CAPITAL DEL MUNICIPIO DE OBANDO

Los pastusos alimentan y rumian un odio patológico contra los libertadores sin percatarse que Bolívar fue más temerario e implacable con Santafé en 1814 y que Agualongo destruyó no sólo a nuestra Josefina Obando sino a Túquerres e Ipiales y en 1824 incendió el puerto de Barbacoas.

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Por:

Jorge Luis îedrahota Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

I

Ahora que la Villaviciosa de la Concepción de la Provincia de los Pastos (1537), tanto como San Juan de Pasto (1538), van para los quinientos años de fundación metropolitana –ya que su raigambre andina es quince mil años antigua, bien vale la pena volver a la urdimbre histórica que es arcilla de nuestra tierra, “esta tierra que fue nuestra antes de ser nosotros de esta tierra”.

Bien vale la pena rastrear algunos hitos del calendario:

Junio-agosto de1537, Pedro de Puelles funda la Villaviciosa de la Concepción de la Provincia de los Pastos, la más antigua Ipiales hispana.

1545, el Virrey Blasco Núñez Vela, desde Ipiales, dicta Cédula Real, sancionando la sublevación de Gonzalo Pizarro y del mismo Pedro de Puelles, fundador. (Ver Elegía)

Esto prueba que la Villaviciosa de los Pastos, tuvo una vida efímera de menos de diez años. Los aborígenes eran díscolos y sedentarios y no se dejaron adoctrinar ni en castellano ni en cristologías. Y es que el piadoso Justino Mejía y Mejía advierte que los Pastos no sabían escribir. Ipiales bien puede ser alusivo al cacique vernáculo o un homenaje al árbol nativo.

1547, Crónica del Perú, Pedro Cieza de León, enumera a Ipiales como pueblo Pasto.

Los antiguos Pastos pertenecimos a la Gobernación del Perú hasta 1541 cuando Carlos V designa a Sebastián de Belalcázar primer titular de la Gobernación de Popayán, dependiente de la Real Audiencia de Panamá creada en 1538.

Por Cédula Real del 29 de agosto de 1563, Felipe II decreta la creación de la Real Audiencia de Quito, cuyo lindero norte: … “y por la costa hacia Panamá hasta el puerto de Buenaventura, inclusive, y tierra adentro a Pasto, Popayán, Cali, Buga, Champanchica y Guarchicona, porque los demás lugares de la Gobernación de Popayán son de la Audiencia del Nuevo Reino de Granada…”

Juan de Velasco, clérigo historiador, hacia 1760 documentó que la tenencia de los Pastos podía poner “un ejército de 60.000 hombres” y el Villaje o pueblo de Ipiales, era de 5.000 indianos (Justino, 27)  Los  censos  han  sido:  1760, 5.000; 1843, 5.867; 1853, 6.646; 1870, 10.500; 1912, 13.919; 1950, 28.630; 1959, 31.890; 1974, 49.775; 1983, 54.539; 1985, 69.894; 1993, 70.965.

Septiembre 20 de 1810, Ipiales declara mediante Acta de Independencia su autonomía y soberanía, desgajándose de Pasto, Popayán y de “todas las demás autoridades”. Decisión ratificada en Cumbal, veinte días después. Sergio Elías Ortiz dice que esta conducta fue calificada de abominable por el gobernador Tascón. Como castigo por la insurrección inmediatamente se trasladó la capital de la provincia de los Pastos a Túquerres, hasta 1863.

Por decreto de enero de 1812, el quiteño Pedro Montúfar, separa nuevamente a la provincia de los Pastos del Distrito y Provincia de Pasto, ratificada por decreto del 29 de enero de 1812, expedido desde el cuartel El Guabo-Piedrancha, por Caicedo y Cuero, presidente de la Junta de Gobierno de Popayán, instalándose el primer cabildo que tuvo Ipiales, elevada a “Villa”, hasta 1815.

Enero 1814, Juan Bautista Zarama, alcalde ordinario del Cabildo de Ipiales, tramita saludo al Cabildo de Pasto, 17 de mayo de 1814, felicitando al vecindario por su triunfo ante las tropas del general Antonio Nariño, el 10 de mayo anterior, y firman los primeros concejales y el alcalde ordinario, susodicho Zarama (Ver Elegía). El Cabildo y el Municipio hasta 1816-1820, cuando es suprimido el Distrito de Ipiales -su Cabildo- porque se establece el Cabildo de Túquerres y a este es anexada la población de Ipiales.

Noviembre de 1822, los secuaces de Boves, Agualongo y Merchancano robaron y despedazaron el poblado, incluido el archivo de Ipiales en represalia por la apoteósica recepción brindada al Libertador en junio 12 y en noviembre 9 es fusilada “la ninfa”, Josefina Obando Murillo (ver Elegía).

1823, el territorio se dividió en 10 departamentos, el cuarto el del Pichincha, que incluía la provincia de Bomboná, “que de nuevo se erige entre Pasto y los Pastos”. Ipiales, Cantón.

Ley de 25 de junio de 1824, que arregla la división territorial, 12 departamentos, Cauca (Chocó, Valle, Nariño, Putumayo y Caquetá y Sucumbíos; Cauca, 4 provincias: Popayán, Chocó, Buenaventura; Pasto, con tres cantones: Pasto, Taqueras e Ipiales; artículo 22, línea divisoria entre el Departamento del Cauca y el Departamento del Ecuador, el Río Carchi. Mediante este deslinde nos hicimos colombianos.

En el año fastuoso de 1824, de Junín y Ayacucho, se  reorganizó la división política de las nuevas entidades nacionales. La ley 24 de ese año señaló los mojones entre los Estados grancolombianos y sus 12 departamentos, uno de ellos el del Cauca, con cuatro provincias, las de Chocó, Popayán, Buenaventura y Pasto.

El artículo 22 de esta ley número 25 de 1824, mandaba: “El departamento del Cauca se divide del Ecuador por los límites que han separado la Provincia de Popayán en el río Carchi, que sirve de término a la Provincia de Pasto”.

Desde este año, pues, data la línea fronteriza colombo- ecuatoriana, cuyo desacato –especialmente por Juan José Flórez- fue motivo de tan sangrientos y reiterados conflictos en nuestro siglo XIX, de los cuales dimos noticia en nuestra obra “La fuerza de la patria”.

13 de mayo de 1830-8 diciembre 1832, el Departamento del Sur (Cauca) por arbitraria decisión de “los supremos”, Obando y J. H. López, anexados al Ecuador, para regocijo del atrabiliario J.J. Flores.

1831, Provincia de Pasto. Ipiales, Pasto y Túquerres, Cantones. El Distrito Parroquial de Ipiales, Constitución de 1832. Provincia de Pasto: dos cantones, Pasto y Túquerres; Ipiales, Distrito Parroquial hasta 1863.

1837, Colegio Nacional en Ipiales.

10 de septiembre de 1840, Flores invade a la Nueva Granada y acampa en el Cantón de Túquerres, desde donde movilizó sus tropas hasta Pasto para combatir con Herrán y Mosquera contra Obando en Huilquipamba.

1853, abolidos los cantones.

3 octubre de 1853, Constitución de la Provincia de Pasto. Ipiales, Distrito Parroquial, con Cabildo y Alcalde.

La Constitución de Túquerres, 1854, categorizaba a las Aldeas, como entidades territoriales.

 

Lindas tardes de Ipiales (Foto: Javier Garzón Almeida)

 

23 de octubre de 1863, Ley 131, creación del Municipio de Obando. Quirografariamente Vicente Cortés Moreno, Bernardo Andrade Tapia, Armando Oviedo Zambrano, Gilberto Pineda, Mauricio Chaves Bustos, Avelino Vela Coral, son concordes, pacíficos y armónicos en sustentar la creación del Municipio de Obando. No hablan nunca de Municipalidad. Es que así lo avala el artículo tercero de la propia Ley 131.

3 de febrero de 1869, Constitución Municipal de Obando 1890, Tribunal de Ipiales.

1904, Departamento de Nariño. Y como si eso fuera poco, cuando el “águila de Pasto”, Don Julio Orbes Zapata, llevaba a Pasto los documentos de la creación del “Décimo Departamento de Nariño” , a los cinco días del regreso del gran viaje a maratón de Pasto a Bogotá, y viceversa — trayecto realizado entre sima y cima en solo treinta y dos días de camino— a los cinco días, se repite, como premio a su itinerario épico, se le recluía en la cárcel por no entregar a tiempo una fuente de madera para la Imprenta del Departamento, como ebanista que era 1908, mediante memorándum del 22 de julio de 1908; el Presidente-dictador Rafael Reyes, pide a la Asamblea Constituyente que “el actual Departamento de Nariño se divida en 3: Tumaco, con capital del mismo nombre; Ipiales, con la misma Capital; y Pasto en idénticos términos”. El primer gobernador del nuevo Departamento fue Juan Clímaco Burbano, y se posesionó el primero de octubre. En 1909, desapareció el dictador y desapareció el departamento de Ipiales.

-II-

 

Los pastusos alimentan y rumian un odio patológico contra los libertadores sin percatarse que Bolívar fue más temerario e implacable con Santafé en 1814 y que Agualongo destruyó no sólo a nuestra Josefina Obando sino a Túquerres e Ipiales y en 1824 incendió el puerto de Barbacoas. Las depredaciones perpetradas por los chapetones en 1812 y 1814 en contra de Ipiales dejan en caricatura los atropellos de la navidad nefanda que protagonizaron Sucre, Barriga y Flórez. Que no Bolívar porque no estuvo en Pasto. También el patibulario Juan Sámano, sombrío virrey, asoló nuestra geografía. Repugnaban la supuesta dictadura de Bolívar, pero no la de los Borbones. El designio supremo de los pastusos no fue quitarle la corona al abyecto Fernando VII, sino volvérsela a poner.

El insigne Luis Eduardo Nieto Caballero, LENC, les ripostó a los pastusos: “La verdad a medias resulta peor que la calumnia. No creemos impecable a Bolívar. No disculpamos nada. Pero nos lo explicamos todo”.

En contraste, los ipialeños, recordamos con alborozo las visitas del Libertador a la provincia de los Pastos, especialmente a Ipiales, ciudadela que visitó dos veces en 1822. Entrambas entretenido con encantadoras ninfas. En junio, con la nativa Josefina Obando Morillo y en diciembre con la legendaria quiteña Manuelita Sáenz, a la sazón de diez y siete años.

Los pastusos son tan polémicos que cuando Gardel cantó su tango “si los pastos conversaran/ a esa pampa la dirían”, … ahí mismo protestaron ante la legación gaucha porque dizque, de veras, conversaban… y eso que ellos no son pastos…

Otros héroes y otras tumbas dan la alquimia del pasado glorioso. El cacique ipial Pedro Henao estuvo ante Felipe II reclamando cedulario justiciero. El virtual fundador Pedro de Puelles fue el primer agente subversivo en contra de Carlos Quinto. Pedro Alcántara Herrán, yerno del general Mosquera y presidente de la Nueva Granada por aquí guerreó en contra de Agualongo y de “los supremos” Obando y López. José María Obando, a su vez, fue hijo adoptivo de Juan Luis Obando quien fue propietario y vivió en Ipiales. Josefina Obando fue su adorada prima. Mosquera, segundo presidente en ejercicio que despachó desde nuestra provincia (el primero fue el Libertador y el tercero, Suárez) hizo la paz colombo-ecuatoriana en diciembre de 1863 desde el Santuario de Las Lajas. Y lanzó su candidatura para el bienio 1866-68. En la plaza consistorial y al calor de los arpegios de la banda municipal se alborozó con el bambuco “Amalia” en homenaje a su hija. En el año anterior Julio Arboleda también venció al presidente ecuatoriano García Moreno en las “gradas de Tulcán”. Otro presidente ecuatoriano, José María Sarasty, fue bautizado en Ipiales.

Santiago Pérez, Manuel Ancizar, Miguel Triana probaron sus conocimientos de geógrafos y agrimensores para la Expedición Corográfica. Rafael Reyes en 1876 indicaba al prefecto del Putumayo “que el paso menos quebradizo de la cordillera lo encontré partiendo de Ipiales por Potosí” (no se había fundado San José de La Victoria, 1917), como preámbulo del trazado de la carretera interoceánica. En su gobierno creó el departamento de Ipiales (1908).

Muchos años antes, aventureros de alto vuelo, científicos, artistas visitaron nuestra patria chica: fray Juan de Santagertrudis, Miguel de Santisteban, el Barón de Humboldt, John Potter Hamilton, el sabio Boussingault, el famoso pintor Churk, la Comisión Corográfica, Eduardo André, Christopher Isherwood, Raymond Crist, a lo largo de los siglos XVIII y XIX recorrieron nuestro paisaje y dejaron amorosas memorias de su presencia. El sabio Caldas de “buhonero” (cacharrero) atravesó mil veces la frontera.

Simón Rodríguez, el maestro del Libertador, vivió y enseñó en la provincia de los Pastos por los años 1846 y 1847.

Desde 1869 hasta 1876 y nuevamente en 1879, el “tratadista” Juan Montalvo apela al derecho de asilo. A Ipiales le llega correspondencia de Víctor Hugo.

Eloy Alfaro desde Ipiales, además de saludar al ambateño, quiso derrocar al dictador Veintimilla en 1883 y es acudiente y protector del sabio Rosendo Mora, víctima del santo feroz y rural Ezequiel Moreno Díaz.

Otro gran escritor proindependentista, Tomás Hidalgo Calvache, vive en Ipiales. Fue efusivo corresponsal del erudito obispo de Quito, gran historiador y jurista Federico González Suárez, también hijo de colombiano. Hidalgo rescató las biografías del coronel Custodio Rivera (Ayacucho) y de Manuel de la Barrera, edecán del Libertador. Muy joven a los 28 años, Hidalgo Calvache murió apuñalado en El Humilladero.

Avelino Rosas, el arrojado caucano, legionario de Centroamérica y heroico general de la guerra de los mil días tiene sus indefectibles milicias en Ipiales y en Puerres, a traición y con alevosía rinde su trágica y gloriosa lucha. Había sorteado con destreza a García Moreno y a Rafael Reyes. Parece que no se entendió ni con el general José Antonio Llorente ni con los liberales de Ipiales.

Rafael Uribe Uribe, (1906) en viaje para los países australes, postuló un camino por Ipiales previniendo una guerra (que vino en 1932) con el Perú. Surge allá la heroicidad estoica de José María Hernández, el fusilado de Iquitos.

La separación de Panamá se supo, vía telégrafo, Guayaquil-Ipiales.

Don Marco Fidel Suárez se entrevistó en Rumichaca con su homólogo ecuatoriano Alfredo Baquerizo Moreno, el primero de abril de 1920. Al día siguiente visitaron el Santuario de Las Lajas. Suárez y el jurista Rodríguez Piñeres delimitaron la frontera y nos perjudicaron en 40.000 kilómetros y en millones de barriles de petróleo. Para colmo de males, el gran novelista y poeta Jorge Zalamea en un estudio contratado en 1936 protestó porque la carretera llegara a Ipiales.

Acaso el mismísimo José Vasconcelos también por el Santuario. (Noticia en desarrollo)

Pedro Nel Ospina inauguró con clavo de oro el primer riel del ferrocarril de Nariño que debía llegar a Ipiales. Su sobrino Mariano poseía minas de oro en Samaniego.

Un presidenciable, también ingeniero, Carlos Sanz de Santamaría con su socio Loboguerrero, construyeron el acueducto y alcantarillado en la década de los treintas.

Alfonso López Pumarejo pernoctó cinco días y despegó de Ipiales cuando el coronel Gil y amotinados embriagados lo secuestraron en Pasto en julio de 1944. Laureano Gómez responsable de este crimen, se fugó por Rumichaca. Gaitán tuvo en Ipiales mareas de simpatizantes y vino las veces que delatan las fotografías del maestro Mera Ponce, 1933, 46, 47. Darío Echandía y Urdaneta Arbeláez se retrataron con monseñor Justino Mejía en el Santuario y en el Casino de Oficiales del Grupo Cabal. Alberto Lleras y Germán Arciniegas no se fotografiaron, pero le pusieron desde palacio “marconi” de agradecimiento.

Francisco de Paula Santander nunca vino al sur –ni siquiera a Cali-, pero en Pasto vivió su hijo extramatrimonial Manuel, raíz de los Santander, de los Muñoz y de los Españas. En Ipiales tiene bronce, pero dijeron que se trató de un error. Lo que sucedió con Morazán en Centroamérica. Bien podemos regalárselo a los pastusos…

En 1941, el ministro Jorge Gartner inauguró el aeropuerto “San Luis”, con aeronaves bimotor de Avianca y también se abastecían de combustible aeronaves con destino a Lima y Buenos Aires. Luego vinieron los cuatrimotores también de Avianca que finalmente dejaron expósito el tránsito aéreo.

En 1969, un Comité Cívico decretó paro indefinido procurando la ampliación de la pista, pero también del servicio de energía eléctrica y de la malla vial, entre otras necesidades. El 8 de julio un enfrentamiento con la policía dejó muertos a los ipialeños Armando Flórez y Jorge Pérez Alvarez. Seguíase así el desgraciado episodio sucedido en la capital de la república cuando balas oficiales malograron al ipialeño Gonzalo Bravo Pérez en 1929, ante las barbas de su acudiente el propio presidente de la república Abadía Méndez. Y el fusilamiento con “La Pola” del paisano subteniente  Francisco Arellano Sandoval.

Ipiales fue la tercera ciudadela neogranadina en lanzar grito de independencia y tiene su acta del 7 de septiembre de 1810. Y desde ese instante –y hasta ahora mismo, léase a Enrique Herrera- los pastusos jugaron a deslegitimar la causa patriota ipialeña y darle sello a su lucha realista, católica y elitista. Tomás de Santacruz, los Zambranos o Burbanos, privilegiando sus apetitos económicos, políticos y sociales trataron de ganarse al pueblo, a la nación indígena defendiendo los fueros de la corona. Y ganaron la voluntad de los indígenas pues que de siervos de la gleba los hicieron guerrilleros y soldados. Es que la dogmática hispánica no legitimaba la extraterritorialidad de la corona. Si el monarca escapa de su sede, rompe “el pacto social” que acariciaron los teólogos salmantinos.

El abandono de la corona genera la vacantia regis. El bochornoso episodio de Bayona que ofrecen los Borbones (padre e hijo, la Parma y su amante) festinando la tiara real no sólo fue despojo sino abdicación. Camilo Torres lo dijo: “La soberanía, que reside esencialmente en la Nación, la ha reasumido ella y puede depositarla en quien quiera y administrarla como mejor acomode a sus grandes intereses”. Y también el chileno y jurista Egaña: “En el acto en que vuestro padre cedió la corona a un extranjero, los americanos, por sus leyes fundamentales y por las de todo pacto social tenían disuelto el vínculo de sumisión y unión a la nación, principalmente cuando vuestros pueblos de España, vuestra Corte, vuestros consejeros y todas las grandes magistraturas, habían reconocido y jurado la dinastía francesa”.

El Borbón le devolvió la soberanía al pueblo. Eso fue lo que navegó, alegó y escribió Ipiales en su Acta de Independencia de septiembre de 1810. Eso volaba en el aire como el polen. Como las nubes verdes.

 

-III-

 

Los ipialeños le coadyuvan a la creación del Municipio de Obando, en octubre 23 de 1863, año iluminante del liberalismo reunido en Rionegro. En la legislatura de 1867, Vela Coral fue presidente en todas las sesiones, y en ese carácter autorizó las leyes expedidas ese año, entre las que son dignas de notarse las siguientes, por referirse al progreso del Sur:

Decreto No 197 (agosto 9), que auxilia la construcción de un puente en el punto denominado “El Baño”, en Ipiales;

Decreto N° 206 (Sbre. 5), que honra la memoria de los Tenientes Coroneles Nicanor y Víctor Burbano, héroes ipialeños, fusilados en Túquerres el 18 de agosto de 1862, por D. Julio Arboleda;

Ley 216 (Sbre. 26), sobre establecimiento de líneas telegráficas en el Cauca, una de las cuales avanzará hasta la frontera con el Ecuador; y

Ley 205, que fomenta la instrucción secundaria y auxilia el colegio de Pasto.

Presidió, asimismo, en un período, la Legislatura de 1875, en la que igualmente se expidieron leyes referentes al adelanto regional, entre otras:

Ley N° 7 (agosto 11), sobre creación y fomento de una Escuela Normal en Obando;

Decreto Nº 15 (agosto 11), que destina un auxilio para el puente de “El Capulí”;

Ley N° 20 (agosto 21), sobre apertura del camino de Túquerres Barbacoas; y

Ley N° 32 (Sbre. 7), que concede un auxilio para una casa consistorial en Túquerres.

Intervino brillantemente en los acalorados debates del Congreso de 1867, que como es sabido fue el que llamó a responder cargos por infracción de la Constitución y Leyes, al Presidente de la República, Gral. Tomás Cipriano de Mosquera, depuesto ya y preso en el Observatorio Astronómico mediante el golpe de estado del Gral. Santos Acosta. Fue de los partidarios del caído presidente y formó parte de la redacción de “El Nacional”, periódico que, para defenderlo, fundó el Dr. José María Rojas Garrido y es considerado como el decano de los diarios colombianos.

Mosquera, en Ipiales, despacha como Presidente Constitucional en 1863. Bolívar hizo lo propio en 1822.

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