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TIEMPO DE TEMPESTADES

Son curiosamente demasiadas tempestades al mismo tiempo como para no pensar mal.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

Ya estamos a septiembre y los huracanes del Caribe no ha llegado este año pero en Colombia cuando apenas completamos un mes del gobierno Petro arrecian las tempestades y todas maquiavélicamente planificadas como si se tratara de un laboratorio para fabricar la tormenta perfecta.
El auge de la extorsión se ha vuelto una peste que no se puede controlar. En Soledad Atlántico las gentes no resistieron más el flagelo y salieron a las calles a manifestar su descontento y ha pedir inútilmente a la autoridad que intervenga.
En Tuluá, el alcalde emite un comunicado elevando la protesta por la manera cómo un individuo seriamente implicado en extorsión fue enviado a una cárcel de mediana seguridad y no a una con aislamiento y las llamadas extorsivas desde ese centro carcelario reaparecieron.
En la Habana, el ELN anuncia que se ha bajado del tren de la paz total porque no le dieron asiento de primera clase sino que los volvieron igual que a los nadies.
En Cerrejón, donde se produce la mayor cantidad del hora apetecido carbón de exportación, se suspenden intermitentemente los envíos por bloqueos de trabajadores y sindicalistas.
En Guavio, la gran hidroeléctrica bogotana, se reduce a un veinte por ciento la producción de energía por los obstáculos generados por un paro cívico en Ubalá, que impide a los operarios el mantenimiento de la planta.
En las páginas de los periódicos y en las salas y mesas de comedor de la gran mayoría de hogares de la costa atlántica, el comentario es sólo uno: cómo pagar la elevadísima tarifa de energía que está siendo causada por la acumulación de medidas estúpidas de los controladores del sistema eléctrico nacional.
En la Casa de Nariño, como si fuera poca cosa, comienzan a tintinear los vidrios de las ventanas de comunicación con las oficinas de la vicepresidente Francia Márquez porque el presidente Petro otra vez la ninguneó al nombrar a Cielo Rusinque en el Departamento de la Prosperidad Social y no al dos veces negreado Carlos Rosero, su alter ego.
Y como si fuera poco, los niños de Bienestar Familiar están llorando porque nombraron directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar a una funcionaria menor de las alcaldías cundinamarquesas, bastante cuestionada por cierto en sus criterios y en su impreparación pueril.
Son curiosamente demasiadas tempestades al mismo tiempo como para no pensar mal.
Muchas gracias.

El Porce, septiembre 9 de 2022.

 

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