Silvio Sánchez y los “mundos posibles”

Memoria a los diez años de su partida Ideas Circulantes

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Por:

Graciela Sánchez Narváez

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Graciela Sánchez Narváez

 

Quizá porque su discurso sigue rondando en las aulas y escondida en los pasillos duerme su postrera canción, llena de ensueño e ilusión, por donde quiera que vayas… así podría sonar una parodia nostálgica de la canción Mediterráneo, que inmortalizó Serrat y que Silvio Sánchez Fajardo convirtió en el lema de su programa radial en la Universidad de Nariño, que llegó a convertirse en la voz de lo que él llamó “Los mundos posibles”.

Era el momento de mayor despliegue de su actividad creativa en los escenarios del pensamiento universitario, era también un momento en que se consolidaban sus concepciones sobre la orientación que debería tener la educación, basada en su propósito de hacer de cada estudiante un protagonista de su entorno, no solamente como profesional sino, sobre todo, como gestor de ciudadanía.

El perfil de Silvio era el de un pensador de su realidad, remontándose hacia ella a través del conocimiento, bebido incesantemente en numerosos libros, interminables reflexiones e innumerables sesiones de clase. Cada tema que se planteaba era objeto de un análisis, a la vez riguroso y extenso, en el que se mostraba un despliegue de conocimiento y originalidad, a veces sorprendente por romper con las expectativas, a veces develando aspectos escondidos en los planteamientos y, casi siempre, con un caracterizado toque de elegancia filosófica.

La preocupación principal en sus argumentaciones era la eficiencia en los procesos de comunicación y, a partir de ellos, la posibilidad de reconceptualización de las interpretaciones existentes y de discernir la esencia de los fenómenos. Después de trasegar por las obras de los grandes pensadores a través de la Historia, había llegado a los inmensos terrenos de la Fenomenología y la Hermenéutica, en los que se detuvo detrás de Husserl, Heidegger y Gadamer, entre otros maestros, y sus esfuerzos se orientaron a generar un corpus de pensamiento en el que se jugara la controvertida unidad de “Verdad y Método”, y que sirviera como herramienta para la construcción de opciones vitales cotidianas.

Manejando esos criterios, prevalecía en las preocupaciones de Silvio, en forma indudable, un afán de identificar las posibilidades de “el otro”, de estar en “el otro”, de sentirlo y de proyectar una posibilidad de conexión con lo que pudiera identificarse como “otro”. Consideró siempre que las múltiples verdades develan múltiples realidades que se viven acorde con los diferentes procesos de apropiación comprensiva de sentido, por lo que no siempre están inscritos en los marcos propios de los procedimientos de las ciencias humanas. El mundo entero y cada uno de sus componentes son, a su manera, textos multiformes y es indispensable hacer todos los esfuerzos necesarios para leerlos.

Como gran conversador, que era su esencia, se esforzaba en hacer hablar a los estudiantes, cuidándose de que no sintieran la presión de un deber y, más bien, abriendo un mundo en el que afloraban la libertad y los derechos, haciendo que generaran y se apropiaran de estrategias estructurantes, basadas en el diálogo, que debían desarrollarse de forma que se hicieran visibles las múltiples verdades y para que fueran visibles los mundos posibles. Como excepcional educador que era, en su labor de orientación urgía a que surgieran puentes y lazos que funcionaran a la vez como conectores y separadores, lo unívoco no tenía cabida, pues había que buscar todas las variantes y agotar las lógicas en busca de depurar la construcción de algo llamado “verdad”.

 

“Permanecemos en la intención de emprender el camino sin el afán de llegar, en el ejercicio de la desgarradura que se construye a partir del crecimiento de la voz y la palabra en el que-hacer filosófico y literario”: Silvio Sánchez Fajardo

 

Con un discurso de esta naturaleza podría pensarse fácilmente que era una ilusión armar un plan de intervención en una institución universitaria, presionada para formar profesionales con actitud pragmática, orientada a resolver los problemas del mercado de trabajo y signada por los afanes del desarrollo propios de las sociedades de consumo. Silvio sabía de esas dificultades y comprendía los anhelos de los jóvenes que buscaban su éxito profesional a partir de encajar en ese mundo, un mundo que restringía su horizonte vital y los convertía en replicadores de la sociedad que cuestionaban. Sabía también del poder de las estructuras administrativas rígidas que reaccionarían al ver amenazada su estabilidad o su naturaleza, y los problemas financieros que se atravesarían ante cualquier propuesta heterodoxa o ante el cuestionamiento de la esencia misma de la institución.

La respuesta fue algo demoledor que aún se trata de digerir, y que quedó trunco con la partida de su creador. Se planteó la llamada Reforma Profunda, que básicamente significaba pensar la región y pensar la universidad de nuevo, reinventarla a la medida de los anhelos de los protagonistas y atada al destino de la comunidad y al momento, pero con la fuerte condición de estar anclada a la realidad que se podía manejar.

Después de diez años el pensamiento de Silvio aún espera de herederos que recuperen el terreno avanzado y vislumbren su proyección en esa tarea que era un sueño, pero un sueño que invadía cada vez más la realidad, porque se basaba en entender que, además de que la sociedad y la región necesitan de instituciones concretas, que respondan a su entorno, finalmente, lo que interesa es formar al individuo para que protagonice en forma íntegra, un mundo y un tiempo, y también porque de lo que se trata es de adivinar el significado que puede tener este paso por el mundo y trabajar porque, por inasible y vago que parezca, su búsqueda sea lo más amable posible.

Como en la canción del comienzo, tenemos muchas raíces ancladas en nuestro origen, lo que Silvio llamaba la memoria larga, pero nuestra esencia es la búsqueda. Recordamos la comodidad de la orilla pero soñamos con la incertidumbre e infinitud del mar.

Gracias Silvio, por enseñarnos que hay muchos mundos posibles.

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