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PETRO CONTRA LAS ÉLITES COLOMBIANAS

El país se debate en definir si la confrontación real es entre la clase dominada, pobre, liderada por Gustavo Petro, contra la clase dominante, élites, grandes familias y empresarios que se lucran del Estado y de cada gobierno, liderada por banqueros, empresarios, políticos, jueces, entre otros.

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Por:

Plinio Pérez

 

Plinio Pérez

 

La estructura de dominación en Colombia ha logrado que los pobres estén dispuestos hasta de ir a la guerra para defender a las élites y seguir viviendo en condiciones de desigualdad, miseria, pobreza y violencia, como si fuera una situación natural de la vida. Es como si se mantuviera una esclavitud silenciosa, aceptando que nacer pobre es estar predestinado a trabajar para que los ricos y las élites sigan manteniendo sus condiciones de privilegio.

El país se debate en definir si la confrontación real es entre la clase dominada, pobre, liderada por Gustavo Petro, contra la clase dominante, élites, grandes familias y empresarios que se lucran del Estado y de cada gobierno, liderada por banqueros, empresarios, políticos, jueces, entre otros.

En 200 años, 40 familias dominaron el poder. Entre 1991 y 2022, Colombia ha sido gobernada por 139 familias y 932 personas. Los investigadores Jerry Pace y Juan Daniel Velasco han llamado “Constelación de élites”: élite oligarca, la más poderosa, la élite política, la élite de la justicia, la élite tecnocrática.

Los 6 colombianos más ricos tenían una fortuna del 12% del PIB en el 2025: la familia Gilinski, una fortuna equivalente al 3% del PIB. Un colombiano, que haya estudiado 20 años, con maestría o doctorado, debe trabajar 10.000 años para alcanzar esa fortuna y quien gane el salario mínimo más de 50.000 años, para lograrlo.

Así, menos de 1.000 personas, son capaces de dominar a más de 50.000.000 de colombianos. Según Robinson y Asemoglu, premios Nobel de Economía, dicen que se debe a las “instituciones extractivas”, las cuales son las normas y leyes creadas para el beneficio de las élites. Sorprende la dominación con la narrativa que constituyó una cultura e identidad que mantiene dócil y adormecido a todo el pueblo colombiano. Las élites han definido los valores sociales de todos y los que protegen sus privilegios son intocables; estos cuando se ven en peligro los defienden con toda rudeza y violencia.

No perdonan que Petro haya cuestionado a la élite tecnocrática, dogmas o principios abiertamente protectores de sus privilegios, entre estos: que lo más importante es el crecimiento económico, sin equidad y la disciplina fiscal, que evita mayor inversión en las clases menos favorecidas.

El presidente Gustavo Petro se ha enfrentado de frente y de todas las maneras a las élites: no va a los clubes, no se pone corbata, dice groserías, no sigue la estética de las élites, se viste como el pueblo, no como ellos, ha generado una visibilidad de los campesinos, indígenas y afrodescendientes, de los más pobres y de la clase media, dándoles un reconocimiento, espacio y reconocido su importancia en la sociedad colombiana. Paralelamente, logró reformas que benefician directamente a los sectores más desprotegidos, jugándose a fondo por la Paz y por las transformaciones territoriales.

En términos económicos, basa su estructura académica en autores que las élites combaten como Mariana Mazzucato, Thomas Piketty, Joseph Stiglits, entre otros, con teorías que, si las propone Petro, como el decrecimiento, son un atentado, mientras en Europa las estudian en las universidades más prestigiosas sin ningún rubor.

Queda para el estudio lo que ha hecho Petro, un camino trazado que Colombia debe decidir, se siguen los senderos de las élites o se continúa con los cambios reales que logren la equidad, disminución de la pobreza y terminación definitiva de la guerra y el conflicto.

 

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