PEDRO DE HENAO Y EL ORNATO DE LA IGLESIA DE IPIALES A FINES DEL SIGLO XVI
Un encargo escultórico de malograda fortuna: Pedro de Henao y el ornato de la iglesia de Ipiales (Colombia) a fines del siglo XVI
Por:
José Carlos Pérez Morales (*)
Doctorando Universidad de Sevilla

Desde el establecimiento en Sevilla de la Casa de la Contratación de Indias por Real Decreto en 1503, con el fin de regular y fomentar el comercio y la navegación con América, las transacciones de mercancías de carácter artístico fueron usuales. Solamente diez años después, 1513, se documenta la adquisición por parte del fraile dominico Pedro de Córdoba de un lote de obras destinadas a la Isla de la Española, actual Santo Domingo, entre las cuales figuraba un crucifijo del escultor Jorge Fernández Alemán (1). Este hecho constata que, desde un primer momento, se acudió a los más relevantes artífices que trabajaban en Sevilla. (2)
Esta práctica se generalizó durante los siglos XVI y XVII; nombres propios del panorama escultórico de la ciudad participaron de un modo u otro en el comercio escultórico con Indias. Por ejemplo, el imaginero Juan Martínez Montañés, cumbre de la plástica escultórica sevillana del momento, tan sólo dos años después de aprobar su examen de escultor ante Gaspar del Águila y Miguel Adán, alcaldes veedores del gremio, contrata con el fraile dominico Cristóbal Núñez ocho imágenes de la Virgen del Rosario para las provincias de Chile (3). No obstante, realizó además encargos de menor envergadura, aunque destinados al ornato de las iglesias y monasterios que por aquellos años concluían sus inmuebles e iniciaban la ardua empresa de adquisición de bienes con que engalanar los interiores. El mismo artista llevó a cabo, entre 1598 y 1602, cuarenta y cinco sagrarios con que dotar las iglesias conventuales que las distintas órdenes poseían en el Nuevo Reino de Granada, las provincias de Venezuela e, incluso, en la Isla de la Española, ejecutando, del mismo modo, para Panamá, el retablo, relieves y esculturas de la Asunción para su convento concepcionista (4).
La relación de Sevilla con Nueva Granada será patente, también, durante el siglo XVII con encargos a escultores de primer orden en el panorama no solamente sevillano sino andaluz: nos referimos a Francisco de Ocampo y Juan de Mesa. El 11 de enero de 1606 el citado Ocampo se obligaba a labrar dos imágenes cuyo destino era el convento de clarisas de la localidad de Pamplona, en la actual Colombia. Este encargo se hizo efectivo mediante Cristóbal de Araque y el jurado sevillano García Escobedo del Río y se trataba de dos imágenes, una Virgen con el Niño y una Santa Clara, cuyas características se especificaban perfectamente en el documento contractual (5). Como bien refiere Marco Dorta, estas imágenes felizmente se conservan en la iglesia conventual, hoy catedral, y “tal vez sean las de fecha más antigua hasta ahora conocidas de Francisco de Ocampo” (6). En el mismo recinto se atesora la que, a nuestro juicio, fue una de las mejores obras que surgió de las gubias del maestro cordobés Juan de Mesa. En diciembre de 1619 el vecino de Pamplona Bartolomé de Cáceres contrata con el escultor una imagen de San Pedro Apóstol para dicha localidad (7), la cual entrega a fines de enero del año siguiente (8). La imagen en cuestión, ya identificada por el anterior investigador (9), preside el templo y, por tanto, su retablo mayor.

Sin embargo, el estudio que ahora nos ocupa comprende una realidad similar, la del proceso del ornato interior de la iglesia de la actual localidad colombiana de Ipiales por parte del que fue su cacique y gobernador, Pedro de Henao.

Esta ciudad se ubica en el departamento de Nariño, en la frontera con Ecuador. Aunque no se sabe con certeza ni su fecha de constitución ni el personaje que lo hizo, el probable momento de refundación se fija aproximadamente en 1585, año en el cual dos clérigos encomenderos de la Orden de Santo Domingo, Andrés Moreno de Zúñiga y Diego de Benavides, son desplazados allí por Fray Luis de Solís, obispo de Quito, siendo ellos quienes trasladan el asentamiento primitivo al lugar que hoy ocupa (10).
Por otro lado, Pedro de Henao se nos muestra como natural de esas tierras, en las cuales llega a ostentar cargos de relevancia (11). De hecho, pide confirmación de este cacicazgo mediante Real Cédula de 1584 destinada al Presidente y oidores de la Audiencia de Quito, los cuales dan su parecer afirmativo sobre la citada petición (12). Dos años antes, en noviembre de 1582, se elaboraba un expediente donde el mismo personaje pedía la ratificación del título de gobernador (13). Recalcar que las fechas de esta documentación son anteriores al año propuesto de refundación con lo cual, las visitas de conquistadores a la región como Diego de Tapia, Pedro de Añasco, Juan de Ampudia, Pedro de Puelles o Lorenzo de Aldana, todas ellas entre 1535 y 1539, adquieren una especial relevancia para la historia de la localidad en su primitivo asentamiento (14).
El hecho de ser natural de la región despertó en su persona un sentimiento de defensa y protección de “sus indios”, lo que le llevó a cruzar el océano y presentarse ante el rey, a la sazón Felipe II, consiguiendo multitud de cédulas orientadas al amparo de sus habitantes. Por ejemplo, en 1584, pide que se devuelvan a sus pueblos ciertos indios que se llevó Sebastián de Belalcázar (15) y cuatro años después, solicita al monarca que los españoles no cobraran los tributos a través de los naturales (16). Este fue el resultado de un problema que se arrastraba desde tiempo atrás pues, ya en el citado año de 1584, el cacique se quejaba de que los indios se iban de sus pueblos a los españoles para evitar los tributos y asistir a las doctrinas (17). Su defensa a los naturales no quedaba ahí pues, paralelamente, realizaba petición para que pudieran trabajar donde fueran a conseguir mejor retribución (18); se quejaba de los españoles que les quitaban las tierras y metían ganado en su sembrado (19) así como, ya en 1586, estante en Tierra Firme, exigía lo necesario para prever y evitar las problemáticas incursiones de los indios barbacoas (20).

Conseguido su propósito, a fines de 1584, pretende volver a Quito. Para ello se le concede una merced cuya cantidad deberá emplear en gastos de camino (21). Ya con anterioridad se le había concedido otra cantidad para los gastos de su vuelta (22). Del mismo modo se firma una Real Cédula para que el general de la Flota de Tierra Firme, Antonio Osorio, acomode en una de sus naves a Henao y sus pertenencias (23), aunque ya había solicitado acomodo en una de las naos del general Francisco de Noboa Feijoo (24).

En paralelo a su estancia en tierras españolas, Pedro de Henao realizó una serie de transacciones de carácter artístico, circunstancia interesante dado el excepcional desenlace de su concierto. Conjuntamente con la documentación aportada con anterioridad, se conserva en el Archivo General de Indias una Real Cédula para el presidente y oidores de la Audiencia de Quito, fechada a 28 de diciembre de 1583, para que de los bienes de difuntos se le conceda cierta cantidad destinada a ornamentos de la iglesia de Ipiales en los Pastos (25). Este capital fue concedido pues posteriormente, de nuevo mediante Real Cédula para los oficiales de la Casa de la Contratación, fechada a 22 de agosto de 1584, se insta para que se le pague lo que le falta del dinero concedido para los ornamentos (26), incluso todavía en 1585, le falta por cobrar parte de ese montante inicial (27).
En ninguno de los escritos se hace referencia a la advocación de la iglesia ni a la orden que la regentaba, en caso de ser conventual. Lo que sí nos señala la documentación complementaria es la existencia de un monasterio franciscano en Ipiales desde el siglo XVI pues Pedro de Henao, en 1584, solicitaba a la Audiencia de Quito la vuelta al monasterio de los religiosos de San Francisco (28). Por otro lado, puede constatarse que los frailes dominicos protagonistas de la refundación de la ciudad, al llegar, edificaron una iglesia (29).
Este panorama, de cierta ambigüedad, puede esclarecerse en parte gracias a un documento de información que nos ofrece José Gestoso, conservado en la colección Belmonte del mencionado Archivo de Indias. De él se desprende que había contactado con el escultor de imaginería Mateo Merodio para la ejecución de ciertas piezas de escultura que, finalmente, no llegaron a ser concertadas. Se trataba de tres hechuras, una Virgen del Rosario, otra advocada de la Antigua y un Cristo Crucificado, dos ciriales con sus ángeles, seis ángeles más con sus respectivos candeleros en las manos y un retablo para el altar mayor, además de unos órganos (30). Este documento nos ofrece gran cantidad de información. Se cita al dorador de imaginería Pedro Lorenzo como testigo del documento, el cual es finalmente el autor de todas las obras relacionadas anteriormente. Declara que le fueron encargadas hacía cinco meses, con lo cual agosto de 1584, que tiene 25 años y no sabe firmar. Todo debía de ir dorado y estofado, ascendiendo el pago a unos 2.420 ducados. Del mismo modo, el organista vecino de Sevilla Asencio Martín expone su satisfacción en cuanto al órgano que está realizando el también organista Gerónimo de León, siendo su precio de 150 ducados.

Imaginamos que para tal pago Pedro de Henao busca capital. Reiteradas serán las Reales Disposiciones mediante las cuales el cacique consigue beneficios económicos por acuerdos con el Consejo (31), así como Cédulas Reales en las que cobra bienes de difuntos, aunque en éstas sí refiere concretamente que se destina a ornamentos para la iglesia de Ipiales. Todavía muy a fines de 1585, el 28 de diciembre, sigue reclamando parte de la cantidad que se le concedió por bienes de difuntos (32).
Sin embargo, el cacique en su regreso a Ipiales, sorprendentemente, no se lleva consigo el lote de piezas encargadas para el ornato de su iglesia. Una Real Cédula de comienzos de 1589 resalta que “se gastaron trez (tos) y sesenta ducados en çiertas ymagines de bulto. Un tabernáculo y dos ciriales que el dho don P o se fue sin ello” (33). Además, para el mencionado año Henao ya había fallecido y el envío de las piezas ejecutadas se antojaba costoso y embarazoso por lo que se decide que “se vendan las dhas imagines çiriales y tauernaculos y que lo que por ello se di (es) se emplee en otras cosas de que se pueda sacar aprovechamiento pa la dha iglesia” (34).
Llegados a este punto, nos detendremos en los nombres propios que refiere el documento facilitado por José Gestoso. Del personaje principal, como ejecutor del encargo, el dorador Pedro Lorenzo, se poseen muy escasas referencias documentales. Por mandato del provisor Bernardo Rodríguez realiza, en 1592 y en colaboración del escultor Isidro de Aguilar, un sagrario para la iglesia de San Juan de la localidad onubense de Gibraleón (35). Por su parte, Mateo Merodio trabajó en el Hospital de la Sangre en 1582 (36), pasando a Nueva España dos años después (37). No obstante, es del organista Gerónimo de León del que se poseen unas referencias más concretas a la par que recientes (38). Desarrolla su actividad entre Sevilla y Extremadura conservándose noticias de obras con las cuales podrían emparentarse la destinada a Ipiales.

En resumen, reflexionando acerca de este documento informativo, la primera intención de Pedro de Henao fue la de encargar al escultor Mateo Merodio la ejecución de todas estas obras, la cual solo quedó en palabras pues el artista pide licencia para pasar a Nueva España con su mujer, hijos y un criado, en agosto de 1584, precisamente la fecha en que el cacique concierta finalmente las obras con el dorador Pedro Lorenzo; éstas se encuentran en un punto avanzado del proceso de ejecución en tanto en cuanto el propio artista declara que las está acabando. Paralelamente el órgano se está ejecutando en toda perfección por Gerónimo de León, avalado por Asencio Martín. Recordemos que dos años antes, Henao había pedido licencia para volver a Quito con sus dos criados además de un organista y un maestro de hacer azulejos, éstos con sus respectivas mujeres e hijos (39). Por tanto, probablemente tuviera en mente una decoración interior de la iglesia a base de paramentos cerámicos, ornato que quizás también aplicaría a su propia vivienda.
El hecho de que se acuda a un dorador para un encargo escultórico no es de extrañar pues, por ejemplo, el pintor Pedro Villegas Marmolejo ostenta una interesante labor escultórica así como una nada despreciable dedicación al ámbito del dorado y estofado, colaborando con escultores como Juan Bautista Vázquez “el Viejo” o Jerónimo Hernández (40). Asimismo, la idea de una supuesta “subcontratación” por parte del dorador con respecto a un escultor tampoco es una práctica inusual; policromadores de imágenes serán los que contraten directamente con el comitente y luego acuerden la hechura con un escultor. Tal es el caso que sucederá años más tarde, por ejemplo, con Juan de Mesa, concretamente con unas efigies que se mandan a Tierra Firme (41).
Tras la Cédula para la venta de las imágenes que Henao no se llevó para Ipiales existe un vacío documental que una sistemática y exhaustiva investigación habrá de paliar. No obstante, sin abandonar los fondos del Archivo de Indias, de nuevo una Real Cédula iba a completar en cierto modo esta historia. Este original, firmado en Ávila en 18 de junio de 1600, iba dirigido a las monjas carmelitas descalzas del convento de la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor. Refería textualmente que “[…] por quanto abiendo mandado el rrey mi señor que sea en gloria que se hiciessen Ziertas ymagines Para que don Pedro de Henao yndio natural del lugar de ypiales en el piru las llevase para la iglesia Del dho pueblo essido informado que entre las dchas ymagines Se hiço un cristo de bulto grande y que Por la yncomididad que abria de seruirle de nombre de dios apama y llevarle por tierra en el Piru se quedo y don franco de Uarte que sirve los ofizios de mi fator y veedor dela casa de la contracion de seuilla Para que el tuviese con la decençia que conbenia le puso en el monesterio de monjas carmelitas descalças de San Lucar La mayor donde aqesta mas de doze años […]” 42.

El escrito nos revela que, entre las imágenes que Henao encarga para Ipiales, se encuentra un Crucificado grande de escultura el cual, al no embarcarse, Francisco de Huarte (43) lo puso en el citado monasterio, donde se erige desde doce años atrás, es decir, aproximadamente 1588. Finaliza el texto con la merced de no reclamarles la imagen a la congregación.
Basándonos en los registros fotográficos que del convento conserva la Fototeca de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, son tres esculturas de Cristo Crucificado las que se pueden evidenciar: la que corona el retablo mayor de la iglesia y otras dos ubicadas en las dependencias de la clausura. La primera de ellas se encuentra en el retablo que ejecutara Fernando de Barahora en 1676 (44), siendo catalogada recientemente por el investigador Pablo F. Amador Marrero como escultura ligera en caña de maíz y procedencia indiana, igual propuesta que realiza para otros de los custodiados en el cenobio (45). Ésta, sólo conocida por los mencionados registros fotográficos, realizados por Antonio Palau en 1965, no es la única efigie de Crucificado que podría descansar en la reclusión del ámbito sanluqueño; en la misma fecha, se plasma fotográficamente otro crucifijo, que pudiera hipotéticamente relacionarse con el documentado (46).
La calidad de la pieza es incuestionable, no solo en su delicada anatomía, someramente ocultada por un escueto paño de pureza, sino por la expresividad de su rostro de mirada baja y boca entreabierta, una vez exalado el aliento final y habiendo el cuerpo soportado la agudeza de la lanza de Longinos. Puede ser esta figura la que Francisco Amores señala como “Crucificado bajo dosel, magnífica escultura de mediados del siglo XVII, de tamaño algo menor que el natural, que presenta el estilo de los primeros discípulos de José de Arce” (47). No obstante, la imposibilidad de acceso al espacio restringido no permite aseverar nada concreto. Solo remarcar, en base al estudio de Amores Martínez, que el convento posee una Virgen con el Niño de cierto gusto manierista (48) así como una Virgen del Rosario (49).
El hecho de que una de las imágenes del encargo original de Pedro de Henao recayera en el convento carmelita sevillano no quiere decir que las demás relatadas tuvieran la misma fortuna. Ciertamente es algo en lo que se debe reflexionar y profundizar mediante la investigación sistemática tanto de los textos coetáneos como de los testigos materiales, si es que se conservaran en la actualidad.
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Notas:
(1) AA. VV.: Signos de evangelización. Sevilla y las Hermandades en Hispanoamérica, Sevilla, 1999, pág. 69, nota 18.
(2) Este escultor se ocupaba del proceso de construcción del retablo mayor de la catedral hispalense desde 1508. Del mismo modo reseñar el origen centroeuropeo del artista, muestra del foco de atracción que supuso la ciudad de Sevilla desde sus comienzos en el monopolio comercial con las Indias. Véase KEHRER, Hugo: Alemania en España: influjos y contactos a través de los siglos, Madrid, 1966, pág. 65).
(3) HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Martínez Montañés, Sevilla, 1987, pág. 89.
(4) Ibídem, pág. 90.
(5) LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Desde Martínez Montañés hasta Pedro Roldán, Sevilla, 1932, pág. 103.
(6) MARCO DORTA, Enrique: “Esculturas sevillanas en Colombia y Venezuela” en Archivo Español de Arte, nº 206, Madrid, 1979, pág. 170.
(7) MURO OREJÓN, Antonio: Artífices sevillanos de los siglos XVI y XVII, Sevilla, 1932, pág. 79.
(8) Archivo de Protocolos Notariales de Sevilla, oficio 1, legajo 396.
(9) MARCO DORTA, Enrique: “Esculturas sevillanas en Colombia y Venezuela” en Archivo Español de Arte, nº 206, op. cit., págs. 170-173.
(10) MONTEZUMA HURTADO, Alberto: Nariño, tierra y espíritu, Bogotá, 1982, pág. 46.
(11) Cacique principal de Ipiales, Potosí, Males, Canjales y Puerres.
(12) Archivo General de Indias (A.G.I.), QUITO, 211, L.2, folio 131r.
(13) Aparece como indio principal de la provincia de Quito, gobernador de los pueblos de Ipiales y Potosí en el corregimiento de los Pastos (A.G.I., QUITO, 22, N.38).
(14) DÍAZ DEL CASTILLO, Emiliano: San Juan de Pasto, siglo XVI, Bogotá, 1987, pág. 56.
(15) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folio 131v. Este conquistador español fue fundador de ciudades como Ampudia, San Francisco de Quito, Santiago de Cali, Neiva, Popayán o Guayaquil. Véase GARCÉS GIRALDO, Diego: Sebastián de Belalcázar, fundador de ciudades (1490-1551): estudio biográfico, Cali, 1986.
(16) HANKE, Lewis U.: La lucha por la justicia en la conquista de América, Madrid, 1988, pág. 93 y TOBAR DONOSO, Julio: La Iglesia, modeladora de la nacionalidad, Quito, 2006, pág. 11.
(17) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folio 133r.
(18) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 129v-130r.
(19) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folio 133r.
(20) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 157r-157v.
(21) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 134r-134v.
(22) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 110v-111r.
(23) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 132r-132v.
(24) A.G.I., INDIFERENTE, 1952, L.2, folios 171r-171v.
(25) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folio 113r.
(26) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folio 130v.
(27) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 156r-156v.
(28) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 131r-131v.
(29) CORAL, Agustín: Nuestra Señora del Rosario de las Lajas, Bogotá, 1954, pág. 50.
(30) GESTOSO Y PÉREZ, José: Ensayo de un diccionario de los artífices que florecieron en Sevilla desde el siglo XIII al XVIII inclusive, Sevilla, 1908, pág. 146.
(31) A.G.I., INDIFERENTE, 426, L.27, folios 73r-73v.
(32) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folios 156r-156v.
(33) A.G.I., INDIFERENTE, 1957, L.4, folio 127r.
(34) Ibídem.
(35) LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Retablos y esculturas de traza sevillana, Sevilla, 1928, pág. 152.
(36) MORENO VILLA, José: La escultura colonial mexicana, México, 1986, pág. 39.
(37) A.G.I., INDIFERENTE, 1952, L.2, folio 255v.
(38) JUSTO ESTEBARANZ, Ángel: “Dos órganos sevillanos de los siglos XVI y XVII actualmente desaparecidos: Espíritu Santo de Triana y San Miguel” en Laboratorio de Arte, nº 19, Sevilla, 2006, págs. 123-142.
(39) A.G.I., QUITO, 211, L.2, folio 111r.
(40) SERRERA CONTRERAS, Juan Miguel: Pedro de Villegas Marmolejo, Sevilla, 1991, págs. 33-37.
(41) DÁVILA-ARMERO DEL ARENAl, Álvaro y PÉREZ MORALES, José Carlos: “Nuevas aportaciones al catálogo del escultor Juan de Mesa” en Temas de Estética y Arte, nº XXI, Sevilla, 2007, págs. 51-66.
(42) A.G.I., INDIFERENTE, 1953, L.5, folios 147v-148r.
(43) Este personaje, también hallado en la documentación como Francisco Duarte, es, como refiere la Cédula, Factor y Veedor de la Casa de la Contratación de Sevilla, de la cual ostentará su presidencia. El hecho de ser la persona que dispuso la hechura del Crucificado en el convento indicado no es algo azaroso pues estaba relacionado directamente con la localidad de Sanlucar la Mayor ya que la cercana hacienda Benazuza era de su propiedad instituyendo, de igual modo en 1545, el mayorazgo de los Duarte. Dentro de los bienes legítimos declaraban el patronato y dominio de la capilla principal de la iglesia conventual de la Victoria en Triana (ver GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos de esta muy noble, muy leal, muy hecroica e invicta ciudad de Sevilla, Sevilla, 1844, págs. 340-344).
(44) CARO QUESADA, Mª Josefa S.: Los Barahona. Entalladores sevillanos del Barroco, Sevilla, 2006, págs. 23-24 y 120-121.
(45) Sobre el primero AMADOR MARRERO, Pablo F.: “Imaginería ligera en Oaxaca. El taller de los grandes cristos” en Boletín de Monumentos Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2008 (en prensa). Respecto a la segunda imagen véase AMADOR MARRERO, Pablo F.: Imaginería ligera novohispana en el arte español de los siglos XVI y XVII: catalogación, historia, análisis y restauración, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España (inédita).
(46) Todas estas suposiciones se mantienen de forma hipotética pues, gracias a la información ofrecida por la hermana Mercedes del convento carmelita de Sanlúcar la Mayor, la cual nos trató en nuestra visita de un modo exquisito, no se encuentra en el recinto otro Crucificado que no sea el que remata el retablo mayor de la iglesia.
(47) AMORES MARTÍNEZ, Francisco: “El convento de San José del Carmen de Sanlúcar la Mayor” en La clausura femenina en España, Madrid, 2004, pág. 667.
(48) Ibídem.
(49) Ibíd, pág. 669.
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(*) Universidad de Sevilla, Historia del Arte, Post-Doc.
Consejería de Educación, Cultura y Deporte, Junta de Andalucía, Faculty Member
Fuente:

