NO MÁS POLARIZACIÓN, SOLO DEBE GOBERNAR LA IZQUIERDA
Por primera vez, y gracias al gobierno actual, la balanza de esa oposición se inclina en favor de la defensa de los pobres, y creo que los ciudadanos lo vienen entendiendo así.
Por:
Guillermo Linero

Ante el hundimiento de la Ley de Financiamiento, por parte de los congresistas de derecha y de extrema derecha, que se fueron lanza en ristre contra el pueblo colombiano, con la inequívoca intención de esclavizarlo más, no aflora nada distinto a lo absurdo. No cabe en la mente de nadie que haya congresistas, de los cuales -teniendo una estructura humana sobre la cual montan sus blusas y anudan sus corbatas- uno no esperaría que tuvieran un cerebro tan anómalo que les impida decidir humanamente en favor de su pueblo.
Han dificultado al máximo y les causa pelusa las reformas que el gobierno está obligado con el pueblo a realizarlas. Cabe decir, que eso empezaron a planearlo y a ejecutarlo desde cuando advirtieron que el entonces candidato Gustavo Petro, de no ser asesinado, podía llegar a ser presidente, aún contra el poder de las mafias y contra los corruptos políticos que han gobernado por cuenta de la compra de votos.
Empero, ese juego de oposiciones viene ocurriendo desde hace más de 200 años y, conservadores y liberales, siendo ambos de la misma bandola -como decimos los que sabemos de qué vicios humanos están construidos- y pese a sus viejos enfrentamientos a muerte, más que oponerse ideológicamente han tenido simples refriegas para organizar componendas, pero nunca para extinguir la pobreza y defender al pueblo. Por primera vez, y gracias al gobierno actual, la balanza de esa oposición se inclina en favor de la defensa de los pobres, y creo que los ciudadanos lo vienen entendiendo así. En consecuencia, resulta necesario para nuestra armonía político-social y para el desarrollo del país y su progreso, que empecemos a desmontar la mentada polarización.
Luego devendría el virreinato, la llamada época de la Colonia (1550 a 1819), bajo cuyo contexto sociopolítico, los españoles y los criollos mantuvieron dicha relación de antagonismos, signados por la inconformidad y el desasosiego de los raizales americanos, y por la opresión y el afán imperialista de la corona española. Y así lo seguiría siendo hasta la ocurrencia política y social de la Independencia.
Basados en ese par de concepciones sobre la organización del estado, siendo ambas ideas propicias para el progreso, nos empeñamos en una pugna de traiciones y deslealtades contra la patria y contra el pueblo, al cual se le ha mantenido sumido en la pobreza, en la incultura y en la esclavitud. Todavía hoy, más de 500 años después de la Conquista y más de 200 años después de la Colonia, la realidad política permanece igual de tensa que cuando arribaron los conquistadores; aunque la tensión de opuestos ya no sea entre esos adalides de la barbarie y los espantados indígenas, ni tampoco entre españoles y criollos, sino, ¡qué paradoja! entre sus descendientes consanguíneos; es decir, colombianos contra colombianos.
Luego sobrevendría la rivalidad de concepciones entre conservadores y liberales. Por su parte, los conservadores buscarían mantener la propiedad privada, las tradiciones religiosas, las reglas morales y las malas costumbres políticas, bajo las cuales una privilegiada clase social veía asegurado su dominio sobre los demás pobladores, y para ello durante sus gobiernos usaron el poder político y la fuerza represiva del Estado. Y los liberales, por su parte, y pese a profesar la defensa de las libertades y la igualdad ante la ley, en términos de lo económico terminaron siendo tan egoístas como sus oponentes conservadores.
Sin embargo, y ahí reside en parte la pertinencia de esta nota, en el caso de Colombia -donde han ocurrido los peores hechos de violencia social y las atrocidades contra el pueblo más vergonzantes- curiosamente todos los gobiernos -exceptuando el del presidente Gustavo Petro- han sido de derechas y han masacrado al pueblo para saquear las arcas del estado y enriquecerse junto a sus cómplices y familiares.

