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NINFA, UN HOMENAJE A LA MUJER SUREÑA

La carroza consta de 16 piezas, 14 de ellas son mujeres, muchas de ellas en estado de trance por el dolor de la muerte

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

El 12 de junio de 1822 Simón Bolívar desvía su camino para dirigirse a Ipiales y recibir de sus gentes el apoyo a la causa libertadora, hombres y mujeres habían recogido sus joyas para entregárselas, para aliviar en algo los estragos de una guerra atizada por los odios y los fanatismos, así mismo, eligieron a una adolescente para que en nombre de todos los ipialeños coronara al libertador con laureles, símbolo de la gloria que representaba a todo el ejército libertador, compuesto en su grueso por campesinos voluntarios que querían buscar la libertad como su propio destino.

A los pocos meses los pastusos, al mando de Benito Boves, conocido como “El ave negra”, junto con Agustín Agualongo y Estanislao Merchancano, rompen el armisticio firmado con Bolívar y retoman la ciudad y los territorios del sur, para lo cual entran a Los Pastos a sangre y fuego, devastando los campos y exigiendo armas y animales para sostener su guerra, de tal manera que lo que fuera la ex provincia de Obando quedó diezmada y empobrecida, ya que más de tres mil reses fueron robadas y llevadas a Pasto. Así mismo quemaron archivos, perdiéndose de esta manera el testimonio escrito de la vida colonial del sur de Colombia.

Lo que la tradición oral ha recogido es que, llegando los realistas a Ipiales, dieron orden a Eusebio Mejía, alias El Calzón, para que fusilara a Josefina Obando en el atrio de la capilla de La Escala, hoy ya desaparecida, ubicada en la calle 8 con carrera 4. Junto a ella, contaban los abuelos, fueron pasados al patíbulo otros ipialeños afectos a la causa patriota, quienes desde 1809 habían apoyado a los quiteños para que las ideas independentistas se regaran por los contornos de este sur.

La carroza consta de 16 piezas, 14 de ellas son mujeres, muchas de ellas en estado de trance por el dolor de la muerte, una de ellas yace al pie de la Capilla de La Escala donde fue fusilada, mientras el demonio de la venganza se yergue en su falsa victoria, sin embargo, resalta la mujer guerrera que monta un brioso corcel, que como bien dijo la poeta ipialeña Blanca Morillo, pareciera “un potro salvaje con el asco del freno”, es Josefina quien finalmente es la vencedora, la ninfa mártir que se impone sobre las falsas prebendas y los honores fútiles.

 

Antonia Josefina Obando, la ninfa, sobre su corcel

 

La carroza que nos presenta el maestro Miguel Mejía recoge esa tradición ipialeña que no se ha perdido en el tiempo, su mirada de artista recoge el dolor que debieron sufrir las familias al ver asesinados a sus hijos, padres y hermanos; el demonio de la incomprensión se levanta soberbio contra las mujeres para cobrar así caro su ímpetu. El rostro doloroso pero altivo a la vez de las mujeres, muestra el ímpetu de nuestras Josefinas, las calaveras recuerdan nuestra existencia efímera, pero por sobre ellas están las mujeres guerreras que mantienen intacto su amor por la patria.

Este es un homenaje a estas mujeres sureñas, a nuestras ñapangas que desde tiempos remotos han luchado por la libertad enfrentándose a una casta que quiso imponer sus privilegios particulares frente al sentir libertario popular, Josefina es el ejemplo de la valentía y el coraje de la mujer ipialeña, a quien ni siquiera la muerte pudo sumergirla en el olvido. El carnaval es también un escenario para recoger nuestra historia, para mantener vivo el espíritu libertario de los ipialeños, aquí la memoria de las mujeres mantiene la vigencia de sus luchas y de su empoderamiento frente a las garras del olvido, porque siempre, siempre existirán Josefinas en nuestro amado sur.

 

Mujeres del sur y su tenacidad frente a la muerte

 

Hoy, en tiempo de barbaries y de múltiples feminicidios, es necesario volcar nuevamente la mirada sobre aquellos valores que sustentan a la mujer del Sur-Sur, a las Josefinas que se prolongan en el tiempo, dignas herederas del coraje de la Ninfa que fue capaz de ir en contra de lo que ordenaban los realistas y coronar al libertador con laureles, de hacer parte de la comitiva que entregó las joyas y dineros que las familias ipialeñas recogieron para apoyar a la causa patriota; mujeres empoderadas en sí mismas, cuya fortaleza se sostiene en la convicción del amor libertario que las singulariza.

La historia oficial nacional, y luego la historia oficial departamental, buscando fraguar identidades impostadas, han cimentado la historia como si fuese un elemento único del cual no se pueden desprender ramales, obedientes a la razón occidental, una y otra fraguaron centralismos bogotanos y pastusos, desconociendo de esta forma las otredades, invisibilizando las historias que habitan también en sus “periferias”, por eso unos héroes se empotraron en estatuas mientras otros impostaron la defensa de unas cuantas familias pudientes, cargadas de prebendas y de honores, como si fuese realmente la causa común de una ciudad, hasta el punto de blanquear héroes, coronarlos de estrellas y postular que sobre la libertad común se imponía la hegemonía de unos pocos.

 

“¡Esa es! ¡Esa es! ¡Esa es!, exclamaba y aplaudía la gente…”

 

Por eso cuando la carroza “Ninfa” se pasea por las calles de Ipiales lo que se oyes son “vivas”, los aplausos son generosos y los gritos de “Esa es” no se dejan esperar. Los ipialeños, los obandeños tenemos derecho a contar nuestra historia, a seguir auscultando lo que por tanto tiempo el oficialismo académico ocultó, por ello no demoraron los puristas en afirmar que no hay sustento escrito histórico para demostrar el holocausto que causaron los pastusos sobre el territorio de Obando en 1822, la terquedad obtusa del hierro ante la historia, que desconoce que la tradición oral, venida de nuestros ancestros ipialeños, ha perpetuado la historia de Josefina Obando y los mártires sureños de la patria que entonces se estaba fraguando. Por ello, cuando la Academia Nariñense de Historia conmemoró el centenario del fusilamiento de Josefina y los patriotas obandeños, lo que hizo fue reconocer la importancia de la tradición oral dentro del constructo de las historias locales, en este caso la del Sur-Sur.

El maestro Mejía con esta carroza crea un hito dentro del marco del Carnaval Multicolor de la Frontera, la necesidad que desde el jolgorio de los días donde todo orden se subvierte, sea también posibilidad de plasmar nuestras historias, de recoger lo que nuestros abuelos nos narraban. Es posibilitar el derecho que tenemos todos los pueblos a reconocernos en nuestras singularidades. Ojalá en los próximos carnavales se paseen por nuestras calles las mujeres y los hombres, las costumbres y las tradiciones, las historias y los cuentos que nos reafirman como ipialeños.

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1 comentario
  1. Stella Estrada Mosquera dice

    ..”Unos héroes se empotraron en estatuas mientras otros impostaron la defensa de unas cuantas familias pudientes, cargadas de prebendas y de honores, como si fuese realmente la causa común de una ciudad”…
    Con pocas palabras nuestro amigo Mauricio describe la realidad de los pueblos colombianos. A través de una parodia gráfica aún nos empeñamos en denunciar la justicia como derecho de dignidad. Enhorabuena

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