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LOS VERDADEROS MOTIVOS DEL PLAN DEL GOLPE

Pero, ¿por qué los americanos solo tumban gobernantes de izquierda? La respuesta es insólita: porque los izquierdistas buscan eliminar la pobreza y ello conlleva la redistribución de las riquezas.

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Por:

Guillermo Linero Montes

 

Guillermo Linero Montes

Luego de la ya resabida noticia -publicada en el periódico español El País- acerca de un plan para tumbar al presidente Gustavo Petro, no hay que hacer un esfuerzo imaginativo -de escritor o cineasta- para luego de juntar las escenas del complot y la traza de los personajes mentados, concluir que detrás de semejante acto de traición a la patria, están las extremas derechas de Colombia y de Estados Unidos. De hecho, aunque se diga que el golpe estaba siendo orquestado por Álvaro Leyva, lo más seguro es que, tal y como lo ha insinuado el ministro de justicia, el excanciller apenas sea un simple títere de esa alianza política con verdadero músculo de poder.

Tampoco hay que ser historiador para advertir, en esta intentona golpista, las mismas tácticas aplicadas por los Estados Unidos en Latinoamérica al promover el derrocamiento sistemático de presidentes elegidos democráticamente. Ni hay que ser politólogo ni abogado, para concluir -luego de reparar esos hechos e indicios publicitados (viajes, reuniones, fotos y declaraciones) que las derechas colombiana y americana están detrás y al frente del mentado plan golpista.
Pero, ¿por qué los americanos solo tumban gobernantes de izquierda? La respuesta es insólita: porque los izquierdistas buscan eliminar la pobreza y ello conlleva la redistribución de las riquezas. La historia de traficantes de esclavos y la práctica del capitalismo salvaje, han hecho de los norteamericanos una suerte de aporofóbicos naturales, aunque necesiten a los pobres para que realicen los trabajos pesados o desagradables. Al principio del siglo XX, por ejemplo, consideraban a los países latinos como sus patios traseros (las repúblicas bananeras) y por eso decidían por sus gobernantes.
Igual hicieron durante la guerra fría, al empeñarse con celo de imperialistas a impedir que los países latinos se autodeterminaran adoptando modelos económicos distintos al capitalismo. Y hoy, en tiempos de la conciencia geopolítica, quieren seguir moldeándolos a su antojo, diseñándoles las estrategias militares y económicas y, sobre todo, decidiendo por sus gobernantes; aunque nunca en favor de estos países, sino en función de sus propias motivaciones y objetivos. Por ello, en el relato del develado intento de golpe al presidente Gustavo Petro, casa que haya congresistas norteamericanos interesados en que este ocurra.
Por su lado, acá en Colombia, los opositores intolerantes de este primer gobierno de izquierda (me refiero a los empresarios comprometidos con el régimen, a los políticos corruptos y a los periodistas inescrupulosos), no solo desean derrocar al presidente fundados en el odio que les suscita; sino, además, y esto es lo más delicado, necesitan tomarse el poder antes de las elecciones, pues ya tienen por seguro que en franca lid no conseguirán retomarlo y es muy previsible imaginar al pueblo volcándose en favor del petrismo.
Esa es la única verdad visualizada con angustia por los golpistas y la razón por la que ya no temen únicamente al presidente, sino también a la izquierda progresista que los derrotará en las urnas. En tal contexto, y ya agotadas las fórmulas del golpe blando (las noticias falsas, el ataque moral, la destrucción de la familia y las guerras jurídicas) es bastante posible que estén fraguando un golpe fuerte.
Los golpes fuertes son tan rápidos y violentos, que para concretarlos no es posible prescindir de los militares. De hecho, previendo que el ejército colombiano no será desleal a su jefe supremo, los golfistas ya adelantaban conversaciones con las fuerzas armadas del ELN y del Clan del Golfo. Con todo, fuera lo que fuere, al pueblo ya no podrán quitarle el poder, y de intentarlo, tal vez podría pasarles lo que en la fábula de Esopo le pasó al protagonista de “El perro y su reflejo”: quedar mojados y sin el hueso.
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