LA URGENTE NECESIDAD DE UNA CULTURA POLÍTICA
La “cultura política” refiere naturalmente la buena convivencia; saber desenvolverse socialmente en paz y en favor del progreso colectivo. No obstante, en razón de esa tradición de “incultura política”, resulta menos complejo explicar la “cultura política” definiendo su natural antitética.
Por:
Guillermo Linero

Ante la corrupción y la barbarie política, advertidas por la ciudadanía, develadas por investigadores independientes y señaladas por este gobierno como consecuencias de malas costumbres cívicas -entramadas por los gobiernos anteriores-, varios políticos de la oposición y sus serviles periodistas, se han empecinado en recomendar a los ciudadanos no mirar hacia el pasado, como si los grandes problemas del país -heredados a los gobiernos anteriores- se hubiesen forjado de la noche a la mañana por cuenta del gobierno actual.
Al margen de que ya está comprobado por matemáticos del siglo XXI, que el tiempo a nivel cuántico fluye igual hacia el futuro como hacia el pasado, ya desde mucho antes de esta reciente precisión científica, las ciencias exactas y las ciencias humanas han tenido como método científico la visualización de los hechos sociales desde el desarrollo que hoy tienen, hasta cuando empezaron a formarse las sociedades. Esto, gracias al reconocimiento del proceso evolutivo y al uso de la llamada “línea del tiempo” que fluye hacia atrás como hacia adelante.
Nadie que se haya robado un banco, como lo hicieron los denominados topos que a través de un túnel vaciaron la sede principal de la Caja Agraria, o quienes asaltaron el Banco de la República de Valledupar, ni las guerrillas que asaltaban bancos de pueblo, ninguno de ellos, alcanzó a robar tanto dinero como lo robado por nuestros políticos o, por intermedio suyo, por los ladrones de guante blanco, los jerarcas del régimen.
En un contexto de “incultura política” valen más los compromisos de poder entre unos pocos, de tal manera que las riquezas nacionales se distribuyen de acuerdo al status y a la alta capacidad económica del favorecido, sin importar las necesidades de la mayoría. En un régimen de “incultura política” la única participación ciudadana que vale es la electoral, todas las demás les son negadas. En un régimen signado por la incultura política, las creencias, el arte, la ciencias, la educación y los modos y maneras de convivir, son acomodados a los intereses de los poderosos que las imponen y ponen de moda usando sus propios medios de comunicación.
Pero, ¿qué hacer contra esa “incultura política”? Lo primero es reconocerla y promover el cambio. Luego de ello, para institucionarla hay que implementar las escuelas de formación política, y hay que fomentarlas sin fines electorales, sino con la conciencia de su necesidad.

