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LA MANZANA ENVENENADA

GEOMETRIAS

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Por:

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita

 

Desde cuando se aprobó la  elección popular de alcaldes el gran repúblico que fue Alberto Lleras advirtió sobre los inevitables riesgos que la descentralización de los recursos ocasionaría sobre los municipios y departamentos. La inconsolable ansiedad de abalanzarse sobre el presupuesto público ha opacado de lejos las bondades de la experiencia político-administrativa.

Ni siquiera quienes fuimos entusiastas abanderados de su advenimiento, abrazamos hoy sus aparentes bondades pues que únicamente sirvió para que mafias y cacicazgos se robustecieran del patrimonio público. Por lo menos -en el antiguo régimen- alcaldes y gobernadores corruptos eran destituidos fulminantemente, entre tanto que hoy ni siquiera la Procuraduría -igualmente cuestionada- puede removerlos.

Curiosamente, fueron los paramilitares y guerrilleros advenedizos, en perversa connivencia con los barones del clientelismo y los clanes familiares, las roscas y las camarillas, los primeros en descubrir y disfrutar la ubérrima mina de las arcas departamentales y municipales, una vez franqueado, a través de las urnas tramposas, el acceso a sus patrimonios y rentas.

Sorprende y anonada que, con todo lo que se sabe sobre aspirantes que no resisten examen del código penal ni siquiera del disciplinario -menos de la ética-  la ciudadanía esté tan entusiasta y se apreste a concurrir a elecciones fletadas por la compraventa y el delito.

La caja negra que financia las campañas políticas regionales vive de ingresos varios, entre otros los que generan los negocios con la salud, educación, telecomunicaciones, acueductos, alcantarillados, EPS, IPS, Empresas Sociales del Estado, todas con régimen privado para hacer más expedita la contratación tramposa. Ni se hable de licoreras y loterías departamentales. Ni del barril sin fondo de las regalías, billonarias participaciones que gira el Gobierno ni de la mermelada que ha untado a todos los autoproclamados portavoces de los votantes.

Entre otras cosas, mucho se ha repetido que el gobernador Romero ni siquiera ejecutó las transferencias y dejó insensatamente que se pierdan. En Ipiales, su  padre y la actual alcaldía, deberían responder por un largo cuestionario que explica su degradación a la cuarta categoría y a la posición 89 entre 232 entre similares.

Todavía no ha logrado ser Distrito Especial, no tiene cuartel de policía; no cumple con el PAE; sin infraestructura para llevar el gas domiciliario, que finalmente lo gestionó una senadora a la que el alcalde lo único que hizo fue condecorarla como pago; la pavimentación de las carreras segunda y tercera inconclusas con adiciones presupuestales de más de cinco mil millones; en el aire, un escandaloso contrato con Vitalogic -del desahuciado ético Rodolfo Hernández-, que tiene en veremos la recolección de basuras y la industrialización de residuos sólidos; convenios desperdiciados con la Unión Europea por más de 700.000 euros; sin galería central ni hospital de primer nivel, ni teatro municipal, ni simpatía ninguna con cualquiera manifestación cultural. No se sabe por qué la ciudadanía no lo revocó si es clamoroso el incumplimiento del programa de gobierno.

Toda una faraónica plata está en juego en las elecciones de siempre y los caciques se restean para poder seguir jugando en nombre del ingenuo pueblo soberano.

Los gringos llaman Rotten Bo Roughs a los feudos podridos, es decir a los círculos electorales que caen en las garras de la politiquería y la corrupción como desgraciadamente cayeron todos los poblados grandes y chicos de nuestra amada patria.

Algunos congresistas son producto de los abusos de poder de los  omnipotentes califas regionales que asaltan el presupuesto para financiarles sus reelecciones. Hay congresistas que renuncian a su curul o se la hacen anular -como un actual candidato a la gobernación de nuestro departamento- para estar habilitados para la gobernación que se sabe es el premio mayor de las componendas. Y los partidos, convertidos en fábricas de avales, se comportan como si solo les interesaran la nómina y los contratos que manejarán sus elegidos.

Hoy, más que nunca, se requiere que la sociedad democrática y correcta –que está arrinconada– se rebele y no permita que el manejo político quede en manos de mafias locales y regionales. Renovación, honestidad, voto efectivo no reelección (en cuerpo ajeno), parecen ser los propósitos cardinales de estas elecciones.

Este no es un mensaje apocalíptico, es un llamado a reaccionar en todo el país -y especialmente en nuestra ciudad- para que este panorama oscuro no se consolide, negándole el voto a todo aquel que represente o herede los vicios de la política que tanto daño le hacen a Colombia.

No es tarde. Debemos insistir en la necesidad del rechazo a los candidatos cuestionados porque el voto, así no lo crean, sí es poder. Por ello, no se debería ni comprar ni vender, como dice la dichosa ranchera.

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