GUSTAVO PETRO: ¿PRESIDENTE 2026-2030?
Cuando una constitución está funcionando mal- la misma carta política prevé que esta puede ser intervenida o reemplazada siguiendo cualquiera de estos tres medios: por una Asamblea Constituyente, por el Congreso, o por un referendo ... Es el pueblo, y únicamente el pueblo, quien -directa o indirectamente- debe moverse para promoverla.
Por:
Guillermo Linero Montes

Cuando se trata de hablar de constituciones políticas -las llamadas cartas magnas- hay que tener en cuenta que estas son consideradas inamovibles, casi sagradas; lo cual es natural si consideramos que las constituciones -mientras funcionen bien y no sean violentadas, ni modificadas en favor de intereses políticos individualistas- garantizan indefectiblemente la convivencia pacífica, la equidad y el progreso.
Por ejemplo, la constitución de los Estados Unidos, que cuenta con un modelo de gobierno democrático, valida el porte de armas y la pena de muerte, dos licencias negativas que anulan la posibilidad de la convivencia. Pese a ello, cuando el modelo de gobierno escogido es la democracia, parecieran surtirse con mayor viabilidad las tres necesidades más importantes de una sociedad: las libertades, la equidad y el progreso, que en el caso de nuestra carta política están explicitadas tácitamente en puntuales y numerosos artículos.
Por eso, y sabiendo que la personalidad del presidente Gustavo Petro es de un talante benévolo, reflexivo y sensato, debemos creerle cuando dice que no le interesa la reelección, lo que sólo podría conseguir, legalmente, si interviniera la constitución. Lo cierto es que, así como debemos creerle al presidente su desinterés por la reelección, también podríamos arriesgarnos a visualizar, que ante un levantamiento popular pidiéndole su continuidad en el gobierno, ese mismo talante -benévolo, reflexivo y sensato- sin duda lo inclinaría a dar un sí, y lo tendríamos gobernando de nuevo, con incuestionable legalidad, de 2026 a 2030.

