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GUILLERMO CHAVES CHAVES

El 26 de febrero se conmemoraron 116 años del nacimiento de Guillermo Chaves Chaves, hijo de Ipiales

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

 

El 26 de febrero se conmemoraron 116 años del nacimiento de Guillermo Chaves Chaves, hijo de Ipiales; se graduó con honores como abogado en la Universidad Libre de Bogotá en 1924; en la década de 1940 fue Representante y Senador, presentando proyectos que luego serían ley de la república, como el de propiedad intelectual en Colombia, primero en su género, lo cual le granjeó la admiración y el respeto de todos los artistas del país, fue un férreo defensor del voto femenino, para lo cual presentó en varias ocasiones su proyecto, alternando inclusive con el de Jorge Eliécer Gaitán, con una diferencia, mientras el de Gaitán presentaba un voto progresivo, el del ipialeño presentaba el voto universal, siendo éste el que finalmente convirtió en ley la dictadura de Rojas Pinilla; fue un defensor de la separación de poderes, para lo cual se sumó a los congresistas que propusieron crear el Ministerio de Justicia, de igual manera se adhirió con sendos y profundos estudios para que se creara el departamento del Chocó. Como abogado fue un sabio, hasta el punto de que en Bogotá lo llamaron “el derecho con pantalones”, como político fue íntegro, rehuyendo a toda clase de prebendas, nombramientos y homenajes. Buscando la salud, viajó a Nueva York, donde falleció el 5 de septiembre de 1956, a la edad de 60 años.

Hoy traemos a colación un artículo que publicó Alfonso Alexander, el sabio nariñense, con ocasión del primer aniversario de la muerte de su amigo ipialeño, artículo que fue publicado en la revista La Palabra, septiembre de 1957, dirigida por el poeta Bustos, y que aquí presentamos al público lector.

 

Guillermo Chaves Chaves

 

Cuando Guillermo Chaves hizo a mi flaca humanidad el honor de llevarla a su biblioteca, en cualquier día de años ya idos y para enseñarle sus comentarios en doce volúmenes macizos sobre la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Rusas; descubrió para mi deleite, tanto al pensador y al sociólogo, cuanto al economista y al político de visión Americano y Continental amén de a uno de los más completos exégetas para la ciencia de Justiniano, lo propio que al filósofo de la razón sí, más nunca ateo, ya que siempre fuera un muy fervoroso enamorado del Cristo Dios nuestro.

Conocía ya en virtud al juego de trashumancia que fuera la marcha revoltosa de mi juventud sin linderos, tanto al político de derechas combatidoras y rampantes, cuanto al jurista de marcadísimo prestigio en todo Nariño. Había gustado también yo, la dialéctica de este poderoso expositor para doctrina exegesis, en todas las ramas del derecho nativo y extraño. Y en Bogotá, por ocasiones repetidas, el Parlamentario demoledor que era este mestizo macho nuestro; había traído hasta mí atentísima percepción en los hemiciclos de las cámaras populares, toda la sápida y deliciosa, más terriblemente corrosiva armonía, de sus tiránicas Catilinarias, destructoras ellas, de tanta falta presagio de cartón-piedra. Porque Guillermo, era un clásico animal de pelea, como mucho de zorro de fina raza, y muchísimo más, de leonada esbelta pantera dominadora y destruyente para tanto caciquillo de mazapán, como era quienes se le enfrentaran a lo largo de su álgida y alegre y recia vida de fosca combate.

Lo creía así, antes de ser amigo, un orgulloso de su propio poder, amo de su destino y a la par, arisco y feudal señor de mesnadas en trance de aullido y de servidumbre las tales. Mas, héteme ya, cuando me regaló su generosa amistad, hallándolo con todas sus amplias características simplemente humanas, y a través de ese lento rítmico andar que fue costumbre en él, para imprimir el idioma en el atento ánimo escuchador, como lo que era realmente: un corazón generoso; una mente esclarecidamente ágil; una voluntad de servicio al común; y una sencilla dignidad señorial, cáusticamente desdeñosa, para los valores de relumbrón. Todo esto lo hizo inconfundible. Más tarde, los años corrieron y nuestra amistad se hizo mucho más firme, durando hasta cuando Dios lo hizo llegar hacia el manantial de su alta y divina ternura perdonadora, cabe el judaico y tremente ruido de Wall Street.”

 

1 comentario
  1. stella Estrada dice

    “Una sencilla dignidad señorial”
    Y una sencilal dignidad señorial la de Mauricio quien, en cada artículo, nos revela el lado bueno de la humanidad. Gracias por ello

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