¿ES COLOMBIA INTRÍNSECAMENTE CORRUPTA?
¿No es hora de comenzar a pensar en desactivar, aunque nos cueste, cosas como la intermediación de los congresistas en el empleo público?
Por:
Laura Bonilla

Hace algunos años, un alcalde de un municipio en la frontera colombo-venezolana me narró el funcionamiento del mecanismo de corrupción en su caso particular. Ilustró con un ejemplo claro: tenía la tarea de construir cinco kilómetros de placa-huella en una vereda, como parte de su promesa de campaña en el municipio. Dado que sus recursos eran insuficientes, necesitaba gestionar fondos a nivel nacional, contando con muy pocas opciones para hacerlo. Una de ellas era recurrir a los instrumentos presupuestales vigentes, como el Sistema General de Regalías, mientras que la otra era intentar obtener recursos a través de un cupo indicativo del Senado.
Esta historia refleja la realidad de muchas alcaldías, es la cotidianidad de un sistema político en la sombra, aquel que funciona verdaderamente. Es el sistema que Ciro Ramírez y Pierre García aprovecharon para dirigir proyectos hacia sus apoyos políticos y, presumiblemente, hacia sus campañas. También es el sistema que permitió a Olmedo López tener a Sneyder Pinilla a su lado, experto en “manejo político” de la contratación y desvío de recursos para campañas políticas. Este mismo mecanismo facilitó que los paramilitares obtuvieran el 35% del Congreso de la República. Giramos en círculos, cambian los nombres, pero repetimos la historia en un bucle interminable.
Frente a la pregunta inicial, mi respuesta, aunque dolorosa, es sí. Ese sistema político en la sombra es opaco e intrínsecamente corrupto. Es tan perverso que cuanto más pobre sea un municipio, más fácil es desviar los recursos que deberían destinarse a quienes realmente los necesitan, convirtiendo a los congresistas en intermediarios financieros costosos y gestores de empleo público. Pero como todos vivimos dentro de ese sistema en la sombra, callamos y ejecutamos.

