DENIGRANTE

No sabemos si a las mujeres se les permitirá trabajar, si tendremos el derecho a la participación política, social, económica, el acceso a la educación

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Por:

Elsy Melo Maya

 

 

Elsy Melo Maya

 

 

Tras la intempestiva y poco planificada salida de la tropa estadounidense de Afganistán este 17 de agosto, la vida trataba de retornar a su normalidad muy lentamente a Kabul, rodeado de un explicable temor y desconfianza de los afganos hacia el nuevo régimen de los Talibanes, horas después de que el Presidente Biden defendiera con firmeza la retirada, arriesgándose, según se dice, a ser él quien pagará los platos rotos, después de 20 años de una costosa presencia en dicho país.

El comercio reabrió tímidamente, el tráfico se reanudó con precaución y la gente volvió a la calle, bajo la vigilancia de los talibanes. Sin embargo, pocas mujeres se atrevían a salir, por las señales inequívocas de que la vida para ellas, no sería la misma.

Una preocupación especial se centra sobre los derechos de las mujeres afganas tras el retorno de los talibanes al poder; la ausencia de este grupo radical en el gobierno, les permitió, como un gran logro, trabajar, salir solas de casa y estudiar, conquistas que están en peligro latente de desaparecer, considerando los antecedentes cuando gobernaron entre 1996 y 2001 e  impusieron una versión ultra rigurosa de la ley islámica, tal como ya lo aplicaron en estos días: una mujer fue asesinada por salir sin la burka, por el talibán que le exigió usarla; el temor se extiende incluso para aquellas afganas que viven en el exterior.

Así lo expresó la parlamentaria afgana Tarsana Cocha:

 

“Temo por mí misma, por mi vida, por mi libertad para trabajar y por mi libertad para hablar. No sabemos si a las mujeres se les permitirá trabajar, si tendremos el derecho a la participación política, social, económica, el acceso a la educación y estas son todas las cosas que temo”.

 

Las prohibiciones serían innumerables, pero menciono solo algunas que evidencian una real violación a la libertad de cualquier ser humano: prohibición de trabajar fuera del hogar, a excepción de algunas pocas doctoras y enfermeras o que estén acompañadas por el padre, hermano o esposo; prohibición de tratar con comerciantes masculinos; de estudiar, de hablar con hombres, de reír a carcajadas, de usar zapatos con tacón, de aparecer en la televisión, radio o reuniones públicas, de practicar deportes, de usar cosméticos hasta el punto de cortar sus dedos si tienen uñas pintadas; de usar pantalones o ropa de colores brillantes por considerarlos “sexualmente atractivos”; deben usar el velo largo (burka), que las cubra de la cabeza a los pies y serán azotadas si no lo hacen; tampoco deben viajar en el mismo autobús con hombres, entre otras tantas represiones, hasta el colmo de prohibir todos los topónimos con el sustantivo “mujer”, tan así que un “jardín de mujeres” pasó a llamarse “jardín de primavera”.

Absurdamente denigrante y reprochable, por decir lo menos.

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