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CARLOS VIVES EN PASTO O EL MALINCHISMO DE LA ADMINISTRACIÓN PASTUSA

Que se le vaya a pagar a Carlos Vives una suma superior a los 600 millones de pesos, se vuelve inexplicable...

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

 

El malinchismo es considerado en México una enfermedad social, se refiere a aquellas personas que prefieren todo lo extranjero a lo vernáculo, en el diccionario del Español de México se lee literalmente: “es la tendencia a preferir lo extranjero o al extranjero —en particular si es blanco, güero y de tipo germánico— sobre sus propios compatriotas, sus propios productos o sus propios valores y tradiciones”.

Es un mal latinoamericano, si se quiere, en Colombia se vive a diario en cada uno de los rincones de nuestra macondiana patria. El término cobra vigencia en la próxima celebración del onomástico de la ciudad de Pasto a celebrarse del 14 de junio al 7 de julio, ya que para el cierre, es decir la noche de San Juan, según la programación que está circulando en redes sociales, se contempla la presentación del cantante Carlos Vives, nada más ni nada menos que seguido del Concurso Internacional de Tríos.

Acostumbrados como estamos a que en los grandes eventos nacionales se cierren con invitados internacionales que cuestan un ojo de la cara, no de la administración sino de los ciudadanos que pagamos impuestos, baste ver como el reciente Festival Vallenato tuvo en su nómina de cierre a invitados como Maluma, Christian Nodal, Peter Manjarrés y hasta el propio Carlos Vives, dos de los cuales no tienen nada que ver con la música del festival, hasta el punto que muchos ignoramos quien es el nuevo rey vallenato.

Igual pasa en los carnavales de Negros y Blancos que se llevan a cabo en casi todos los pueblos de la sierra nariñense, ahí los administradores locales hacen gala presentando artistas foráneos a quienes se les destina gruesas sumas de dinero. Pasto tampoco ha sido la excepción, muchos de sus grandes eventos, incluidos sus propios carnavales, se cierran con artistas que muchos consideran de nómina internacional, prefiriendo a éstos sobre los locales o sobre artistas que de una u otra forma representan el sentir popular.

Que se le vaya a pagar a Carlos Vives una suma superior a los 600 millones de pesos, se vuelve inexplicable, cuando el rubro destinado al Portafolio de Estímulos Pasto la gran capital 2022 fue de 625 millones de pesos, el cual se repartió entre 130 estímulos o becas, es decir que en el Onomástico 2023 ese rubro se le pagará a un solo artista. El dato habla por sí solo.

 

 

Hay un claro malinchismo, cuando en Nariño lo que abundan son músicos de altísima calidad, en la Costa Pacífica, en la Sierra, en el Oriente, donde uno vaya hay artistas que perfectamente podrían estar cerrando cualquiera de estos escenarios festivos, inclusive muchos de estos se presentan en las grandes salas del mundo, siendo admirados por su asombroso talento, entonces ¿por qué preferir lo ajeno a lo propio? Lo triste, es que aparece siempre la consabida consigna romana de “pan y circo”, de tal manera que en contra de la voluntad de muchos, lo que les interesa a las administraciones es distraer un rato a las grandes masas populares, generando maquiavélicamente un desdén por lo propio en favor de aquello que “distrae” pero nada más.

No estamos postulando que cerremos nuestras ciudades a las expresiones culturales del mundo, ¡no!, caeríamos nuevamente en aquello que provoca odiosas endogamias que terminan por corromper lo propio -el realismo de unos pocos como una experiencia histórica que se volvió popular-; desde luego que el mundo está más allá de los cañones del Guáitara y del Juanambú, hay desde hace unos lustros un importante movimiento cultural en Pasto que les ha permitido comprender la valoración del otro, experiencias que permiten comprenderse también dentro de otros territorios.

Colombia está viviendo un momento de cambios históricos, Nariño ha ayudado a forjar esos pactos que buscan la paz con justicia social, donde se comprende que toda manifestación cultural es necesaria para fortalecer lo propio y para comprender las otredades; de ahí que parece ilógico que frente a esa potente oleada de cambios, la administración municipal de Pasto siga creyendo que es más importante distraer que generar procesos culturales que valoren a los artistas nariñenses tanto como a los del resto del país o a los internacionales.

“Pastuso que no canta, hace guitarras”, valoremos lo propio y comprendamos que es necesario invertir en esa importante cantera de gestores y artistas nariñenses que sostienen nuestra propia idiosincrasia.

 

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