Por:
Luis Fidel Cabrera
Hace dos semanas, mientras escuchaba una de las conferencias de la COP29 en Bakú, Azerbaiyán, reflexionaba sobre los profesores que me dieron las bases para entender la vida, los procesos químicos y la importancia del petróleo.
Azerbaiyán, la cuna del petróleo y el gas, fue el escenario de la primera extracción de hidrocarburos, un tema central en nuestros estudios de química básica. La última semana de noviembre, Bakú – Azerbaiyán, fue el escenario de la COP29, Cumbre sobre el Cambio Climático. En ese momento, recordé a dos grandes maestros, ambos destacados docentes de química: el profesor Vicente Paredes, (q.e.p.d.), y el profesor Raúl Montenegro, cuya partida hoy lamento profundamente.
Fue a través de redes sociales y correos de antiguos compañeros de estudio que supe de su fallecimiento. Mi primer encuentro con el profesor Raúl fue al terminar la primaria, cuando el exigente ingreso al Colegio Nacional Sucre nos llevó a prepararnos intensamente. Formamos un pequeño grupo de estudio con mi vecino Servio, pariente del profesor, y mi hermano Leonardo Alirio. El profesor Raúl nos enseñaba ciencias, matemáticas y otras disciplinas fundamentales para la vida.
Al ingresar al ‘Glorioso Sucre’, como se le llamaba entonces, tuve la fortuna de aprender botánica, una asignatura fascinante donde, con el profesor Raúl, organizábamos herbarios con plantas locales. En ese tiempo, Ipiales contaba con una vegetación más abundante, muy distinta a la actualidad, donde el concreto ha reemplazado el verde.
Aunque no fui su alumno en química, el profesor Raúl estuvo presente en mi proceso educativo. Mi gran amigo y vecino Alfredo Roque, sí fue su discípulo, recuerdo que lo acompañaba a buscar información sobre el petróleo en la biblioteca de la Casa de la Cultura y en la de la Sociedad ‘El Carácter’. En ese entonces, poco se hablaba del impacto ambiental de este recurso, pero aquellos estudios me dejaron grabado en la memoria a Azerbaiyán y su relevancia en la historia de los hidrocarburos.
Durante los años 1983-1986, antes de mi viaje como becado a los Países Bajos, tuve el privilegio de ser su colega en el colegio Champagnat. Yo impartía lecciones de ciencias naturales a los niños de quinto de primaria, mientras él seguía enseñando química a los estudiantes mayores. Compartir ese tiempo como docente a su lado me permitió admirar aún más su pasión por la enseñanza y su dedicación incansable a la formación de futuras generaciones.
El profesor Raúl era admirado por su insaciable sed de conocimiento y su intolerancia ante la mediocridad. Transformó la pedagogía en una herramienta para moldear a jóvenes comprometidos, quienes fueron siempre su mayor motivación. No sólo fue un académico brillante, sino también un líder social, miembro activo del Club de Leones Ipiales Monarca y del programa radial Nosotros Servimos.
Es una coincidencia que, al escuchar aquellas conferencias en Bakú, volviera a mi mente el trabajo sobre la exploración de hidrocarburos y el recuerdo del profesor Raúl. Hoy su partida hace más fuerte ese vínculo, y su memoria permanecerá viva en nuestras historias y en nuestros corazones.
Desde este espacio, expreso mis más sentidas condolencias a su esposa, hijos, nietos y toda su familia. Me gustaría recordar las palabras de la doctora Leoba Castañeda Rivas: “Las almas grandes no desaparecen; dejan huellas eternas, echan fuertes raíces y multiplican su semilla. La muerte no llega con la partida final, llega con el olvido.”
El maestro Raúl Montenegro se ha ido, pero su legado seguirá vivo en nosotros y en la comunidad que tanto amó.
Descansa en paz, querido profesor.
Biólogo Ambiental, Periodista de Ciencia