PRECIO DEL GALÓN Y PRECIO DEL PUEBLO: COLOMBIA ENTRE LA FRONTERA Y LA ESPERANZA

LA FRONTERA NO SOLO ASUMIÓ EL AJUSTE NACIONAL. TAMBIÉN ENFRENTA UNA COMPETENCIA ENERGÉTICA ESTRUCTURALMENTE DESIGUAL.

Por:

Alonso Villacís

 

Alonso Villacís A.

 

Durante años la discusión fue sencilla: “ANTES ESTABA A OCHO MIL”.

Pero el problema nunca fue nostalgia. Fue sostenibilidad.

Colombia decidió subir el precio de la gasolina porque no podía seguir pagando la diferencia entre el valor internacional del petróleo y el precio interno. El Fondo de Estabilización acumuló un déficit enorme. Había que corregir.

Y el país corrigió.

LOS CIUDADANOS ENTENDIERON.

LOS TRANSPORTADORES AJUSTARON.

LOS MINORISTAS SOSTUVIERON EL SERVICIO.

LAS FAMILIAS REORGANIZARON SU PRESUPUESTO.

Hoy el galón ronda los quince mil pesos. Más de un dólar por litro. Uno de los niveles más altos que hemos pagado en nuestra historia reciente.

Eso significa algo concreto: por cada galón vendido, el flujo fiscal es mayor que antes.

Y aquí nace la pregunta que millones se hacen en silencio:

Si el sacrificio era necesario, ¿qué estamos construyendo con ese sacrificio?

¿Se ha reducido de manera clara el déficit acumulado?

¿Se está fortaleciendo la seguridad energética?

¿Estamos ampliando reservas y exploración?

¿Existe una estrategia firme que garantice estabilidad futura?

PORQUE PAGAR MÁS SOLO TIENE SENTIDO SI EL RESULTADO ES MÁS SOLIDEZ.

La empresa nacional ha mostrado utilidades positivas, aunque menores que en los años récord impulsados por el auge internacional del crudo. Eso indica que el sector no está colapsado. Pero utilidad no es lo mismo que visión.

El ciudadano no espera balances contables.

Espera dirección.

 

AHORA MIREMOS LA FRONTERA.

 

Mientras en Colombia el litro supera el dólar, en Ecuador ronda los setenta centavos gracias a un sistema de bandas que suaviza variaciones, y en Venezuela el precio es profundamente subsidiado. La diferencia es evidente.

Para un transportador en Nariño, pagar combustible 50% más caro que su competidor ecuatoriano no es un dato técnico. Es una desventaja real. Es el costo del alimento. Es el precio del transporte. Es el margen del comercio formal.

LA FRONTERA NO SOLO ASUMIÓ EL AJUSTE NACIONAL. TAMBIÉN ENFRENTA UNA COMPETENCIA ENERGÉTICA ESTRUCTURALMENTE DESIGUAL.

Pero esta no es solo una historia de frontera.

Es una historia nacional.

En todo el país los minoristas enfrentan mayores costos operativos: salarios, energía, mantenimiento, cumplimiento normativo. El margen crece con el IPC, pero los costos crecen más rápido. La presión es silenciosa, pero constante.

El ciudadano común siente lo mismo.

Cuando sube el combustible, sube el transporte.

Cuando sube el transporte, sube el mercado.

Cuando sube el mercado, se ajusta la vida.

No se trata de pedir subsidios irresponsables.

No se trata de volver al pasado.

Se trata de coherencia.

SI EL PAÍS RECAUDA MÁS, EL PUEBLO MERECE VER RESULTADOS VISIBLES.

Si el ajuste fue necesario, debe venir acompañado de estabilidad regulatoria y fortalecimiento estructural.

Si las regiones estratégicas compiten en desventaja, debe existir una política diferencial seria y permanente.

Hoy la percepción ciudadana es clara: se paga más, pero no siempre se entiende hacia dónde va ese esfuerzo.

Y cuando el precio sube y la explicación no es pedagógica, el problema deja de ser económico y se convierte en confianza.

Colombia tomó una decisión difícil y la ciudadanía respondió con madurez. El país entendió que no se podía sostener indefinidamente un precio artificial. El ajuste se hizo. El sacrificio se asumió.

PERO LOS SACRIFICIOS SOLO SE LEGITIMAN CUANDO PRODUCEN FUTURO.

Hoy no basta con decir que el déficit era insostenible. No basta con mostrar balances positivos. No basta con anunciar reducciones marginales. El país necesita ver con claridad hacia dónde conduce el esfuerzo colectivo.

Necesitamos una política energética que no solo cierre brechas contables, sino que fortalezca reservas, proteja la competitividad regional, garantice estabilidad regulatoria y reconozca que la frontera no es periferia: es línea estratégica de nación.

Cuando un pueblo paga más, no está comprando solo combustible. Está comprando confianza en sus instituciones. Está comprando estabilidad para sus empresas. Está comprando futuro para sus hijos.

Si el precio del galón aumentó, que aumente también la transparencia.

Si el recaudo creció, que crezca la inversión estratégica.

Si el sacrificio fue nacional, que los beneficios también lo sean.

Porque el verdadero precio no es el que aparece en el surtidor.

El verdadero precio es el que paga la confianza cuando las respuestas no llegan.

Y COLOMBIA MERECE RESPUESTAS.

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