NINFA: LA CARROZA QUE REVIVE LA LLAMA LIBERTARIA DE IPIALES

“Ninfa” no es solo una celebración del pasado, sino un llamado a reconocer que la lucha por la libertad siempre ha sido parte del alma de Nariño.
Ninfa, obra del maestro Miguel Mejía, ganadora del carnaval multicolor de la frontera 2025 (Foto Robert Tobar)

 

Por:

Fernando Enríquez

 

Fernando Enríquez

 

Las carrozas, esos gigantes de papel y alambre que desfilan cada año en los carnavales de Blancos y Negros y en el Carnaval Multicolor de la Frontera, son mucho más que simples estructuras artísticas. Son portadoras de memoria, espejos de nuestra historia, y en sus formas se entrelazan problemáticas sociales, sueños mágicos y relatos de tiempos pasados que aún resuenan en el presente.

“Ninfa”, la carroza concebida por el maestro Miguel Mejía, emerge como un canto a la memoria y un desafío a las narrativas que pretenden obscurecer el legado libertario de Nariño. En un contexto donde se intenta arraigar la idea de que esta región estuvo al margen de las gestas de Simón Bolívar, “Ninfa” se alza como un testigo monumental que rescata los ecos de una tierra comprometida con la libertad.

 

Ninfa, Plano lateral (Foto Robert Tobar)

 

La llamada “Navidad Negra”, ese episodio luctuoso que sacudió a Pasto en 1822, ha sido instrumentalizado para alimentar un discurso que desvincula a Nariño del ideario bolivariano. Evelio Rosero, con su novela La carroza de Bolívar (2013), y la carroza con nombre “El Colorado”, elaborada por el artesano Riberth Insuasty y presentada en Pasto en el 2018, parecieron reforzar esta narrativa, retratando a Nariño como una tierra ajena a la causa libertadora.

Pero “Ninfa”, de Mejía, rompe ese velo de olvido. En sus figuras, la carroza narra el paso de Bolívar por Ipiales y el cálido recibimiento que le brindó Josefina Obando, quien, en un gesto cargado de simbolismo, lo coronó como Libertador (13 de junio de 1822). Este acto de valentía encendió la ira de Agustín Agualongo, un indígena leal a la corona española, que respondió con fuego y sangre, masacrando Ipiales por su correspondencia con la causa de la libertad.

 

La heroína Antonia Josefina Obando muere en la horca, según representación de la carroza, pero la historia dice que fue fusilada (Foto Robert Tobar)

 

Josefina Obando, el 10 de noviembre de 1822, fue fusilada en una capilla que alguna vez se erigió en lo que hoy es el corazón del barrio La Escala. En la carroza, el maestro Mejía la presenta ahorcada, un giro simbólico que, aunque no fiel a los hechos, intensifica el drama se su sacrificio.

En esta danza de formas y colores, “Ninfa” se convierte en un faro que ilumina las sombras de la historia. No solo reivindica a Ipiales como un bastión libertario, sino que también denuncia a quienes, como Agualongo, fueron verdugos de su propio pueblo. La carroza es, pues, un acto de justicia poética, una declaración de que la llama de la libertad ardió y sigue ardiendo en el sur.

Miguel Mejía, con su arte, no solo crea una carroza; erige un monumento maravilloso que, al pasar, deja una estela imborrable de memoria y resistencia. “Ninfa” no es solo una celebración del pasado, sino un llamado a reconocer que la lucha por la libertad siempre ha sido parte del alma de Nariño.

 

“Ninfa” no es solo una celebración del pasado, sino un llamado a reconocer que la lucha por la libertad siempre ha sido parte del alma de Nariño.
Comments (0)
Add Comment