Por:
León Valencia
Se avivan los miedos, se agita la polarización, la paranoia crece. Oigo la voz del gobierno y de la oposición y la de los opinadores y de algunos empresarios. El país necesita comprender, ir al fondo de lo que ha ocurrido, y los analistas políticos y los intelectuales debemos contribuir a entender el momento, no podemos comernos el cuento crudo de que el país se va a acabar por una decisión judicial.
Sin la desaparición de las Autodefensas Unidas de Colombia y de las FARC mediante la negociación y el proceso de paz; y sin el ascenso de la izquierda a la presidencia del país por la vía democrática; no había sido posible este juicio histórico. El conflicto armado de carácter político ha llegado a su fin, sólo queda como remanente el ELN, pero incluso esta fuerza ha declinado su objetivo de tomarse el poder y ahora está en la idea de una resistencia periférica a la acción estatal.
Existe, eso sí, un entramado de violencias y de mafias en una oscura disputa por rentas ilegales, por el control del territorio y por la subordinación de la población inerme. Y aún hay ominosos coletazos de la confrontación política armada del pasado, como el atentado al senador Miguel Uribe Turbay.
No hay manera de comparar el enorme poder político y militar que tuvieron Pablo Escobar, los hermanos Rodríguez Orejuela y los paramilitares, por un lado; y por el otro, las FARC, el M19, el EPL y el ELN de los años ochenta y noventa del siglo pasado; con el alcance que hoy tienen las fuerzas del crimen organizado, las disidencias de las extintas FARC y el ELN. Después de un gran incendio aún arden unos leños.
Una paradoja irrita especialmente a la derecha. Había derrotado, mediante la violencia legitima, pero también mediante acciones ilegítimas, a las guerrillas y a la izquierda, pero está perdiendo la batalla política y jurídica en el postconflicto. La izquierda, por su parte, está aún en la disyuntiva de si le cobra a la derecha sus acciones ilegitimas e ilegales en medio del conflicto y hace de esto su bandera, o se dedica a buscar, con todo su corazón, la reconciliación del país.
Examinemos un poco el inicio del juicio. Ahora que llegamos a la condena del expresidente Uribe en primera instancia es bueno recordar que fue Uribe quien dio inicio a la disputa jurídica intentando llevar a la cárcel a Iván Cepeda que lo había acusado en un debate parlamentario de ser el fundador del Bloque Metro de las Autodefensas presentando testimonio de un testigo y unos indicios de esas acciones. La posible participación del exmandatario en la conformación de una organización ilegal que intervenía de manera temeraria y activa en la política regional y nacional es de suyo un hecho político. Así empezó el litigio jurídico.
Vamos a otro punto. Es imposible ignorar el origen político de la disputa y tampoco será posible obviar el desenlace político del juicio. No se puede ocultar el sol con un dedo.
Así transcurrirá la campaña electoral de 2026. No hay remedio para esto. Solo hay que pedir que se ocupen también de hablar de los otros problemas del país, de los graves problemas sociales, de la inequidad, de la urgencia de reformas en favor de los desvalidos; y de la corrupción y de la inseguridad ciudadana. Advertirles a los actores políticos que quien gané la posta en las soluciones sociales y en la atención a las nuevas violencias ganará la contienda presidencial. Recurrir al pasado como relato principal de la campaña no le dará el triunfo a nadie, ya lo vimos en la campaña del 2022.