Por:
Iván Gallo
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Pensar que Petro fue ridiculizado por decir que el cartel de los soles no existía. Pensar que el señor de la foto exigió que fuera extraditado a EEUU por ser socio de un cartel que sólo está en la imaginación de los trumpistas y libertarios. Pidió además la detención de Iván Cepeda. Están asustados los Uribe. Afirman que en las últimas horas fue visto entrar al Ubérrimo un camión lleno de Lomotil.
Pensar que desde diferentes centros de pensamiento se había explicado que el Cartel de los soles no era una multinacional del crimen como el Tren de Aragua.
Evidentemente hay oficiales en el ejército venezolano que se volvieron cómplices de narcos, como sucedió en Colombia con las decenas de comandantes de tropa que se volvieron aliados y socios de paramilitares y así mataron y se enriquecieron durante los años de Pastrana y Uribe.
¿Para cuándo las denuncias penales a Tomás Uribe y Abelardo de la Espriella que exigían la extradición de Petro por su vinculación con el Cartel de los soles?
Por cierto, tampoco hay evidencia que el Tren de Aragua envíe tanta droga a Estados Unidos como para desestabilizarlo.
Mientras tanto 80 venezolanos fueron asesinados porque a Trump se le dio la gana, porque quería un show televisivo que distrajera a Estados Unidos de la crisis económica que sufre. Porque necesita el petróleo venezolano para no ser dejado atrás por China.
No pensábamos que la detención de Maduro terminaría fortaleciendo la imagen de Petro y de la izquierda colombiana. Mientras tanto hay más de un desequilibrado que apoyó el ataque a Caracas con un ¡Viva la libertad carajo! Y esperan ser gobernados por un influencer como Milei, capaz de publicitar estafas en sus redes sociales y robarles a los argentinos, de frente, 100 millones de dólares.
La tienen difícil Uribe y Abelardo en las próximas elecciones.
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Jamás pensé que iba a estar de acuerdo con Diego Santos, quien está muy lejos de ser señalado como petrista y mucho menos de chavista. Pues, los que lo conocen saben quién es él. Pero este análisis quiere decir que hay personas que, aunque en algún momento pudieron estar de acuerdo con una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, pueden abrir los ojos ante la evidencia.
Hay una parte donde Diego dice, con una claridad poco frecuente entre uribistas, lo siguiente: “Venezuela no se liberó del chavismo. Me equivoqué. Venezuela sigue siendo una dictadura, solo que ahora administrada desde Washington. Cambió el operador, no la lógica. La soberanía no volvió al pueblo venezolano; simplemente fue transferida. Y ese es, quizá, el mensaje más brutal de este episodio: en el mundo que viene, los países débiles no eligen su destino. Se lo imponen”.
Lectura recomendada:
“Nadie sabe con certeza qué va a pasar en Venezuela después de la operación de Estados Unidos para remover a Nicolás Maduro del poder.
Lo que sí sabemos es que el relato romántico sobre la defensa de la democracia murió en el mismo momento en que Donald Trump decidió no respaldar a Edmundo González, es decir, a María Corina Machado, la figura que durante años encarnó la esperanza de una transición democrática desde adentro.
Según The Washington Post, la decisión tuvo un trasfondo tan banal como revelador: Machado aceptó un Nobel que Trump consideraba que debía ser suyo. La explicación puede parecer absurda, pero encaja con precisión quirúrgica en el perfil narcisista e infantil del mandatario estadounidense. En cualquier caso, el episodio es apenas una pieza más de un rompecabezas mucho más inquietante.
Estados Unidos nunca tuvo como prioridad la democracia venezolana. Ingenuos quienes pensaron que sí. Me incluyo. Esa es una fantasía útil para titulares y discursos, pero irrelevante para la geopolítica real. A Washington le incomodaba Maduro no por lo que hacía dentro de Venezuela, sino por con quién lo hacía fuera de ella. Su cercanía con Rusia, China e Irán cruzó una línea roja. No es un secreto que el régimen venezolano suministraba crudo a Moscú y Pekín, ni que había profundizado una alianza estratégica con Teherán basada en enemigos comunes. ¿Es el petróleo venezolano el botín? No exactamente. Estados Unidos es hoy el mayor productor de crudo del planeta y puede prescindir sin problemas del petróleo venezolano. Lo que Trump no está dispuesto a tolerar es que ese recurso estratégico alimente a sus adversarios. La “remoción” de Maduro responde a eso y a nada más. Si le llega crudo adicional, pues magnífico.
En este contexto, invocar el Derecho Internacional Humanitario resulta casi cínico. El DIH, tal como ha sido instrumentalizado en los últimos años, no ha servido para proteger poblaciones vulnerables, sino para blindar regímenes corruptos, criminales y abiertamente autoritarios como el chavismo. Buena parte de la izquierda progresista latinoamericana —incluido Gustavo Petro— ha hecho del DIH una coartada moral para justificar dictaduras, minimizar violaciones sistemáticas de derechos humanos y construir una narrativa de resistencia anticapitalista frente a Estados Unidos. En nombre de principios universales se ha terminado defendiendo lo indefendible.
Pero tampoco conviene caer en la ilusión opuesta. No estamos ante una restauración democrática, ni ante una transición pacífica. Un régimen de dictador ha sido reemplazado por el control directo de un gángster global. A algunos eso les resulta aceptable; a otros incluso tranquilizador. Pero ignorar esa realidad es un acto de autoengaño. El sistema democrático liberal, como lo conocimos y lo defendimos durante décadas, ha dejado de ser el eje ordenador del mundo. Trump no representa la democracia, así como tampoco lo hacen los líderes que replican su lógica de poder, fuerza y desprecio por las normas multilaterales. La Unión Europea parece quedar cada vez más sola, aferrada a principios que ya no garantizan influencia ni seguridad en el nuevo tablero global. La UE es hoy una isla a la que las aguas del fascismo contemporáneo la están hundiendo.
Las amenazas de Trump a Petro, sus declaraciones sobre Groenlandia y su desprecio abierto por los equilibrios diplomáticos tradicionales no son exabruptos aislados. Son señales claras de hacia dónde se dirige el nuevo orden mundial: uno en el que el derecho importa menos que la fuerza, y en el que la moral es apenas un accesorio discursivo. Trump no oculta esa lógica; la exhibe con brutal honestidad. Y al hacerlo deja en evidencia algo aún más incómodo.
América Latina no pesa. No decide. No incide. Su irrelevancia no es producto de una conspiración externa, sino el resultado de décadas de corrupción, mediocridad y fracaso estructural. Una región incapaz de construir una identidad estratégica propia, de articular poder real o de proyectarse como actor global. Mientras otras naciones entendieron que el mundo se rige por fuerza, tecnología y cohesión interna, nosotros seguimos discutiendo relatos, victimismos y épicas vacías. A punta de taparrabos ideológicos y flechas retóricas, América Latina se quedó en el medioevo. Y poco han hecho sus líderes en tratar de cambiar esa dinámica.
Venezuela no se liberó del chavismo. Me equivoqué. Venezuela sigue siendo una dictadura, solo que ahora administrada desde Washington. Cambió el operador, no la lógica. La soberanía no volvió al pueblo venezolano; simplemente fue transferida. Y ese es, quizá, el mensaje más brutal de este episodio: en el mundo que viene, los países débiles no eligen su destino. Se lo imponen.
La pregunta ya no es si esto nos gusta o no. La pregunta es si estamos dispuestos a seguir fingiendo que vivimos en un orden que ya no existe”.
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El Cártel de los soles no existe, era más una expresión coloquial para referirse a Maduro y a su camarilla de generales, pero no hay evidencia de que sea una organización real, que tenga una estructura, que funcione como cártel. Sí, pudo haber casos en donde generales del régimen estuvieran involucrados con narcotráfico, pero esto no necesariamente convierte al estado venezolano en una organización terrorista.
Esto acaba de pasar en el juicio que se le sigue a Maduro y fue admitido por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos que tuvo que retractarse de la acusación. Ese es Trump, arma un ataque a un país extranjero, asesina a 80 personas, y no tiene plan. Ni siquiera contó con el visto bueno de su congreso. Si dejó en el poder al chavismo es porque quería evitar una guerra civil. Además, parece que no tienen pruebas de que Maduro sea mafioso. En el afán de controlar el petróleo que iba para China y Rusia – no para Cuba- habría cometido un error garrafal, de esos que se la pasa cometiendo por impulsivo.
Ojo, se viene un papelón histórico. Maduro no pagaría por sus crímenes reales – acabar con la democracia en Venezuela, corrupción interna, perseguir la oposición- sino que saldría libre y como un héroe por la nueva chambonada de Trump, un presidente muy querido en Colombia, pero que cada vez es más detestado en su país, el que prometió hacer grande de nuevo.
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En Colombia el uribismo no se resigna, dicen que si existe Cartel de los Soles y que Trump venga por Petro.
Entonces el departamento de justicia norteamericana admite que no existe el Cartel de los Soles, pero en Colombia hay gente que dice que sí, que ellos tienen pruebas, que todo es una mentira del petro-cepedismo, que vengan por Petro. Siguen pidiendo la invasión a Colombia para impedir que nos siga gobernando “el tirano”. Petro se va el próximo 7 de agosto y ustedes van a decidir quién será su reemplazo. En las elecciones a congreso y presidencia ustedes van a decidir qué es lo que quieren y se espera que se acepte con gallardía los resultados. No existe una sola prueba que Petro esté vinculado con el narcotráfico. Su nombre es usado por Trump en la estrategia de cortina de humo que necesita desplegar para ocultar los dos grandes problemas que afrontará: uno es la deuda que tiene Estados Unidos que en el 2025 alcanzó el astronómico récord de 38 billones de dólares. Para eso necesita el petróleo venezolano. Y el otro gran problema que se le viene encima es el caso Epstein. Apenas han decodificado 12 mil documentos que representan, apenas, menos del 1 por ciento del volumen total pendiente de revisión.
El uribismo debe estar muy preocupado porque sería muy difícil para ellos, de cara a las elecciones, ver cómo Maduro sale libre y la imagen de Trump se deshace. Por cierto, Trump tiene la popularidad más baja de un presidente en su primer año de gobierno en la historia de Estados Unidos desde que se hacen mediciones, entre el 36 y el 45%.
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Subió a 80 la cifra de muertos en el ataque de Trump a Caracas, la mayoría civiles. El dato lo dio, actualizado, el New York Times este 4 de enero. Muchas personas se quedaron sin casa, la destrucción fue incalculable. Ya sabemos la alegría que embarga a los venezolanos de Miami, pero, ¿Ya sabemos qué piensan los venezolanos que están en Caracas? Lo del 3 de enero fue una tragedia para muchos hogares venezolanos. De eso no hay duda. Para corroborar el dato, adjunto fuente.