Por:
Giovani Delgado Meneses
Jorge Luis Borges, parafraseando a Emerson dijo: “Una biblioteca es un gabinete mágico en el cual hay muchos espíritus hechizados y esos espíritus despiertan cuando los llamamos“.
En un mundo globalizado, permeado por la tecnología, las bibliotecas, -esos lugares mágicos llenos de fantasía y conocimiento-, parecen haber pasado a un segundo plano; los libros especialmente se apilan en los estándares de las zonas mágicas, me refiero a las bibliotecas, sin que nadie se atreva a exorcizar a ese espíritu fantástico que viene cargado del saber.
Un tiempo atrás, los profesores de las instituciones educativas, en especial de primaria y bachillerato, visitaban en un acto -moral- pero con énfasis en la pedagogía, las bibliotecas institucionales o de la barriada cercana, realizaban consultas enmarcadas dentro de los contenidos curriculares, referencias de autores, enciclopedias, en general libros que en aquel entonces eran el insumo para construir el conocimiento, promover las competencias lecto-escritoras y finalmente cumplir con su obligación contractual. Ahora, todo está al alcance de un click, la promoción del facilismo es una constante, el incipiente uso que estudiantes dan a las bondades de la red es permanente; entonces, el intelecto -función mental prioritaria para la evolución de la especie humana-, según estudios científicos, tiende a inhibirse; las nuevas redes neuronales, resultado de estímulos externos como la lectura de textos están en decadencia.
Sumado a lo expuesto, se debe manifestar que no toda la información de la red es validada por la comunidad científica; hay errores colgados en la internet que son evidentes y finalmente aceptados como verdad por los cibernautas; en cuanto a la pertinencia del libro se debe aclarar que es el resultado de una investigación, que tiene un autor, además de ser supeditada por una editorial que publica bajo el juicio de las normas legales aplicadas para este fin.
Si bien las bibliotecas desde el principio epistemológico están asociadas a los libros, enciclopedias, revistas, entre otros, también es verdad que estos espacios llenos de magia, como dijo Borges, requieren “evolucionar”, dar paso a la tecnología, y en una asociación permanente, satisfacer las necesidades académicas de estudiantes y maestros que se resisten a cerrar el encantamiento de las bibliotecas.
Gabriel Rolón dice que somos interacción, somos sujetos sociales; en ese orden, las bibliotecas deben virar hacia la promoción de encuentros de pares, escenarios de manifestaciones comunitarias para los que el tejido social se fortalezca en el fomento de encuentros culturales: danza, teatro, música, cuentería y oralidad, además por supuesto de la lectura de esos libros, puertas mágicas para la emancipación de las ciencias; posterior a ello, la promoción de la cátedra abierta como urdimbre que promueva la inclusión y acceso al conocimiento, que es un derecho y está eclipsando por el olvido del libro que dejamos de leer.
*Docente ESAP.