Por:
Heldyn Guevara Revelo
Entrar a analizar a un ser corrupto por el débil corazón que lo delata, no es nada difícil. Obtener un alcance asertivo de análisis de sus áreas Cognitiva, Afectiva y Conductual, da como resultado inicial, digamos que superficial, que todo lo evidencia como a un individuo patológicamente peligroso. Es decir, que un político corrupto, por ejemplo, no tiene nada que envidiarle a un asesino o a un violador, teniendo en cuenta la culpa, que representa en todo el sentido de la palabra.
En el ranking global, Colombia ocupó el puesto 87, entre 180 países evaluados, al ascender cuatro posiciones en relación con el 2022 y ubicarse nuevamente en la posición en la que se encontraba en 2021. Ante este preocupante dato, se ha necesitado crear en Colombia 10 leyes para tratar de domar al caballo apocalíptico de la corrupción.
Veamos entonces cómo se define: “La Corrupción, por lo general se apunta a los gobernantes o los funcionarios elegidos o nombrados, que se dedican a aprovechar los recursos del Estado para de una u otra forma enriquecerse o beneficiar a parientes o amigos. El concepto de corrupción difiere dependiendo del país o la jurisdicción”.
Echando mano a la valiosa información anterior, me atrevo a definir el Perfil del corrupto, sin referirme solo a los políticos, “como aquel ciudadano que por culpa del amor distorsionado de sí mismo -entiéndase narcisismo-, tiene el convencimiento ilusionista de creerse más que los demás, y el hecho de haber sido elegido por personas inferiores, se cree inmune al señalamiento y se hace dueño de lo ajeno, creyendo que le corresponde, gracias al valor jerárquico que le otorga su endiosamiento”.
En otras palabras, el ser Corrupto, que sufre de egocentrismo (todo gira alrededor de él) y la egolatría (culto, adoración y amor excesivo de sí mismo), como trastornos del comportamiento, son personas con una Alta-Baja Autoestima, emparedados en su complejo de inferioridad y de amor propio intervenido por cirujanos plásticos; son populistas adictos al poder y a los aplausos, que se desencajan cuando son enaltecidos por víctimas de complejos de autoestima tratados vil y jocosamente como arrodillados
Hacen las cosas esperando siempre una recompensa. Buscan sacar provecho de todo. Son individuos que hurtan, porque no pueden dejar de disfrutar la facilidad de la “buena-vida”, que fácil se les va por no saber trabajar. Sienten terror por las huelgas y los reclamos, que evidencian sus autoritarias equivocaciones y aunque son intelectuales (que tienen conocimiento) e inteligentes (que cometen errores difíciles de detectar), carecen de la sabiduría que les ayudaría a aprender de sus errores y a cuidarse de no volver a fallar.
Pero nos hace falta decir de los corruptos lo más importante: padecen de sociopatía y psicopatía. La sociopatía es “como trastorno de la personalidad antisocial, una enfermedad de la salud mental en la cual una persona no demuestra discernimiento entre el bien y el mal e ignora los derechos y sentimientos de los demás”. En relación con esta perversidad, qué se puede concluir de aquel político corrupto que, con la hipocresía elevada de la promesa incumplida que lo caracteriza, toma para sí sin merecerlo el patrimonio destinado a comprar alimentos para acabar con el hambre, por ejemplo.
No podemos dejar de argumentar que la Psicopatía del corrupto es el acabose social. El Psicópata que vive angustiado por el ataque inmisericorde de su propio egocentrismo y narcisismo del déspota, se siente superior al resto. Piensa que todo lo que le ocurre es más importante y es incapaz de asumir el punto de vista de otra persona. Carece de la empatía humanista y del sentimiento de culpa que eleva al dictador; no posee del don espiritual de amar a los demás y es capaz de matar si ve amenazada su imagen oscura que él ve a diario bellamente iluminada en el espejo.
Que este estudio nos ponga a reflexionar si es conveniente votar por los mismos y si nuestro amor propio nos da el sano juicio de elegir a quien es claro en decir en sus discursos que todo en el mundo no es más que vanidad.