80 AÑOS DEL GOLPE DE PASTO A ALFONSO LÓPEZ PUMAREJO

López había dirigido al país en el cuatrienio 1934-1938, iniciando la denominada “revolución en marcha”, que buscaba generar unas reformas para modernizar y democratizar al país

Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Un 10 de julio de 1944, se presentaba en el Hotel Niza de la ciudad de Pasto el capitán Olegario Camacho con un piquete de soldados, bajo las órdenes del coronel Luis E. Agudelo y el mayor José Figueroa Paz, para entregarle un documento al presidente Alfonso López Pumarejo, para que lo firmara y dimitiera del poder a cargo del coronel Diógenes Gil. El presidente sabía de antemano de este golpe y viajó con el fin de medir sus fuerzas y reafirmar la tradición democrática del país. Había viajado con una comitiva, donde estaba su hijo Fernando, el ministro de trabajo Adán Arriaga Andrade, el secretario general de la presidencia Enrique Coral Velasco y el coronel Jorge Pinzón Azuero, llegando a Ipiales el día 8, partiendo de ahí en avión hacia Tumaco y regresando el 9 a medio día y de ahí a Pasto, donde se respiraba un ambiente de hostilidad por parte de los policías y militares, tal y como se lo hizo saber el gobernador Manuel María Montenegro.

Algunas versiones dicen que fue atado de manos y conducido en un vehículo hasta la hacienda Consacá, propiedad de la familia Bucheli, conservadores, que sin embargo lo atendieron con la dignidad que merecía su cargo. Pese al aislamiento frente a la capital de la república, pronto se enteraron en Bogotá de la intentona de golpe, de tal manera que el Congreso de la República designó a Darío Echandía, quien declaró turbado el orden público. El ministro de gobierno, Alberto Lleras Camargo, utilizó los micrófonos de la Radiodifusora Nacional de Colombia, creada bajo el mandato de Eduardo Santos en 1940, para calmar los ánimos y llamar a la unidad nacional.

 

Los sucesos contados por el presidente López

 

Todo esto hizo que el ejército se dividiera entre golpistas y gobiernistas, para finalmente apoyar al gobierno de López, quien fue liberado el día 11, día en que viajó a Ipiales en compañía del gobernador Montenegro, para retornar a Bogotá el día 12, donde finalmente conjuró todas las intentonas de golpe y logró la discreción del ejército al mando de la democracia del país.

López había dirigido al país en el cuatrienio 1934-1938, iniciando la denominada “revolución en marcha”, que buscaba generar unas reformas para modernizar y democratizar al país, principalmente desde la reforma agraria, lo cual le generó importantes detractores, principalmente de los viejos patriarcas que habían gobernado sus comarcas como verdaderos señores feudales, de tal manera que estas reformas implicaba dejar sus fueros y cumplir con una función social de la propiedad, razón por la cual fue acusado de comunista. Fue elegido nuevamente para el periodo 1942-1946, pero debió renunciar en 1945 debido a la división liberal y a la férrea oposición conservadora, designando a Alberto Lleras Camargo para su reemplazo, siendo elegido luego Mariano Ospina Pérez.

Dentro de las reformas que proponía López estaba la del ejército, como la de reducir el número de efectivos para financiar una policía nacional, quitando de esta manera peso al fuerte poder que los conservadores ejercían en las fuerzas militares, razón por la cual fraguaron la intentona de golpe en Pasto, para entonces un fortín del partido conservador. Así mismo había generado descontento su reforma laboral, llevada a cabo en su primer mandato y continuada en el segundo, donde se reguló las relaciones entre patrones y obreros con el fin de garantizar salarios y jornadas justas para los segundos, así como las garantías laborales llevadas al plano jurídico; además, propició el sindicalismo para garantizar con dignidad para el trabajador la industrialización del país, así como la garantía del derecho a huelga; por primera vez se estableció un salario mínimo, la jornada laboral de 9 horas y el pago de horas extras.

En 1945 llevó a cabo una reforma constitucional que logró el reconocimiento de la ciudadanía de la mujer, aunque sin derecho al voto; prohibición de los militares al sufragio, evitando de esta manera la politización de las fuerzas militares; la disminución de debates para aprobar leyes y otras que permitieron la modernización del Estado colombiano. Con López cesó la política de neutralidad ante las potencias del eje en la Segunda Guerra Mundial, declarando el estado de beligerancia el 27 de noviembre de 1943.

Su hijo Alfonso protagonizó algunos escándalos en sus negocios particulares, lo cual fue aprovechado por la oposición, particularmente por Laureano Gómez, para acusarlo como “hijo del ejecutivo”. El 19 de julio de 1945 renunció y asumió el poder el designado Lleras Camargo.

Para muchos el golpe de Pasto estaba cantado desde mucho antes, principalmente por las alocuciones energúmenas de Laureano Gómez quien, desde el momento mismo de ser designado López como candidato del liberalismo, los acusaba como causantes de una posible guerra civil y de un posible golpe de Estado. Lleras fue un defensor del candidato y de los gobiernos de López, por eso, ante tales diatribas conservadoras, afirmaba: “Hay un régimen moral implantado en la República recientemente, que debe ser vencido y destruido si no queremos que el liberalismo perezca, no con grandeza, sino con una irritante entrega cotidiana. Es el régimen de la amenaza… Guerra civil si el candidato elegido no es satisfactorio para el conservatismo. Guerra civil si no se deroga la constitución de 1936. Guerra civil si no se acaban las garantías a los trabajadores de Colombia. Guerra civil si no se deja, al fin, que el Partido Conservador gobierne la República a su antojo, directamente o por medio de un régimen intervenido, como el de Petain en Francia… Bajo la sombra del miedo el Partido Liberal no podrá seguir gobernando y el miedo habrá ganado, señores liberales, las primeras batallas” (Tomado de Credencial Historia, 2016).

Así galopeó el maniqueísmo colombiano en el lomo de las pasiones políticas por un color, lo cual conduciría más tarde a la denominada Violencia, que había iniciado ya en los campos colombianos, alentada por la desinformación generando zozobra frente a una realidad que nadie parecía conocer. El descontento manipulado había iniciado con Laureano Gómez y Juan Lozano, quienes alegaron fraude en los escrutinios, cuando todo estaba garantizado para que la democracia se afianzara desde una elección transparente.

Finalmente el propio ejército en Pasto se divide y dejan solo al coronel Gil, quien después de intentar apropiarse de un dinero, busca huir hacia el sur, encontrando en su camino el auto que conducía al presidente y a su comitiva hacia Yacuanquer, en dicho encuentro le solicita que lo nombre ministro de Guerra por lo menos por un mes; López, con la sagacidad que lo caracterizó, se dio cuenta de que la intentona de golpe había terminado, hasta el punto de coger por las solapas al coronel y decirle “ Usted no me proponga inmoralidades”.

 

Los sucesos contados por el general golpista

 

Hubo connatos de levantamiento en Tolima y en Bucaramanga, donde fue asesinado el coronel Julio Guarín. Un golpe blando, dirían algunos, pero que realmente no fue tan blando, ya que por algunas horas el presidente y su comitiva fueron hechos prisioneros, mientras en Bogotá se recobraba la calma.

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