Espiral de la memoria
Poemas escogidos

Nota del editor

Este libro contiene una selección de poemas escritos por Juan Revelo en diferentes épocas de su vida, desde 1979 hasta 2023. En ellos se nota un sello personal de escritura con inconfundible estilo conversacional. Algunos poemas, agrupados bajo el título Metempsicosis en las primeras páginas del libro, nos hablan sobre la vida y la incertidumbre que nos provoca el no tener certeza de lo que nos espera después de la muerte. Otros, publicados en Colombia, Argentina y México, nos llevan a los terrenos del amor, la soledad y los reencuentros, y nos hacen cavilar sobre la finitud y la fragilidad del ser humano. El resultado: un poemario sustancioso, significativo e inolvidable.
En una entrevista para el periódico mexicano “El Porvenir” –cofundado por el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob–, Juan Revelo manifestó: “el proceso de creación poética es un ejercicio íntimo que exige honestidad, abstracción e introspección, y debe ser realizado en soliloquio total para poder captar el alma de las palabras y la respiración del universo”. Y eso es lo que hace el autor de este libro: observar al mundo, resignificar los acontecimientos cotidianos y trascendentales que lo inquietan, y escribir desde su interioridad para llevar a los lectores a la reflexión, como lo hicieron Baudelaire y John Keats en sus poemas narrativos.
Para esta selección de sesenta poemas que provienen de cuatro libros, sugerimos el nombre de “Tetralogía poética”, pero finalmente la decisión fue titularlo: Espiral de la memoria por el significado que tiene la espiral en el viaje interno del ser humano para buscarse a sí mismo. De igual forma, la espiral, esa figura curva que tiene un comienzo en el centro y una continuidad hacia afuera, y que ha sido utilizada por los seres humanos desde tiempos antiguos en pictografías y marcas rupestres, nos evoca el transcurrir de la vida, el caminar constante hacia un final desconocido.
Las espirales de recuerdos de los seres humanos se van construyendo con los acontecimientos cotidianos, a medida que se interactúa con los otros y se admira la naturaleza y el universo en donde hay abundancia de espirales, desde las que dejaron los pequeños moluscos fósiles, hasta las gigantescas formas en las que se alinean los planetas en la inmensidad de las galaxias.
En esta Espiral de la memoria de Juan Revelo, los versos también están alineados como si fueran planetas que giran en la galaxia literaria del autor que los ha escrito en un tono de interrogación, asombro y reflexión, sobre cinco líneas temáticas principales: la vida, el amor, el paso del tiempo, los recuerdos y la muerte.
Integrados a este poemario antológico en cuatro partes, los poemas seleccionados han sido extraídos de los siguientes libros: Metempsicosis de 2024; Desnuda soledad de 2001; La furia del tiempo de 1989; y Los ojos del recuerdo de 1979.
Esperamos que los lectores disfruten estos poemas escritos “con enjundia, maestría y lucidez”, como lo manifiesta la poeta española Socorro Mármol Brís en el prólogo de este libro.
Carlos Orlando Pardo
Prólogo

“Escribidme una carta, señor Cura.
—Ya sé para quién es”.
Ramón de Campoamor
Querido Juan Revelo: permíteme que, a modo de prólogo, haga uso del género epistolar, que no por desacostumbrado para estos menesteres es menos entrañable o eficaz a los propósitos de un preludio. (Tampoco el diálogo es lo habitual en un poema y, sin embargo, Campoamor lo bordó en ese arranque de poema con el que inicio yo a decirte).
El propósito de esta misiva no es otro que el de manifestarte, de poeta a poeta, por qué pienso que este poemario tuyo debe ser leído por cualquiera que se sienta amante impenitente de la poesía, y por qué debe empeñarse en esa lectura ahora, precisamente ahora que todavía estamos a tiempo y antes de que se nos haga tarde.
Entiéndase por “tarde” esa hora que a todos nos tiene que llegar; y por “estar a tiempo”, este seguir disfrutando de la vida hasta que se nos haga tarde. Para justificar la recomendación sobre la lectura de tu poemario no necesito sino cuatro palabras justas y ajustadas: “porque-habla-de-nosotros”. Cuando digo “nosotros” no me refiero a ti y a mí −que también−. Ni siquiera hablo de quienes nos conocen o a quienes tú y yo conocemos −que también−. Cuando ahora, a estas alturas de la vida, hablo de “nosotros”, en realidad me estoy refiriendo a una especie de “liaison”, de enlace, de relación, de coordinación entre todos los seres humanos de cualquier momento histórico, transeúntes del tiempo a través de dos “opuestos” irreconciliables que sólo la poesía sabe justificar y engrandecer en la totalidad de su espacio: la vida y la muerte.
Ese es tu poemario, Juan Revelo: el espacio urobórico que hay entre la vida y la muerte, espacio que tú has sabido cartografiar tan magistralmente como sólo un poeta de raza podría hacerlo. ¿Qué hay entre esos dos extremos vida/muerte? −preguntas−. Y, tras preguntar, te pones a la tarea de poeta para ir respondiendo, verso a verso.
¡Cuánta lucidez, poeta, cuánta lucidez en tus poemas!
Quizá la lucidez de la que hablo y la de tus respuestas está en atacar la pregunta inicial con nuevos interrogantes que, a su vez, y de manera implícita, contienen en sí mismas las respuestas buscadas, aunque para hallar esas respuestas (extraña paradoja) haya que releer el poema correspondiente, preguntándonos ¿“qué-he-leído”?
Lo que yo he leído y percibido en Espiral de la memoria es una madurez creativa que sólo se alcanza cuando se ha leído mucho, se ha vivido mucho, se ha sentido mucho y, por encima de todo, cuando se tiene mucho sentido común para saber distinguir si lo que escribimos forma parte de una simple querencia emocional o, por el contrario, se trata de una maestría que ha de ser descifrada, y no precisamente por quien escribe.
Tú y yo lo sabemos bien. No todos estamos dotados para poder seleccionar esa palabra justa −le mot juste de Gustave Flaubert− con la que expresar la idea que nos habita, de tal manera que quien la lee entiende el mundo desde su propio interior.
Este poemario que has puesto en nuestras manos tiene esa maestría. Recoge una magnífica selección de tus poemas escritos en las cuatro últimas décadas, y en él, has sabido −no sé cómo− inducir a quien lee a descubrir, a través de la palabra ajena, la propia experiencia hecha técnica poética; tanta que no he podido sustraerme a la pulsión de escribir, al pie de cada poema, la emoción que su lectura me incitaba.
Así, bajo el poema Al final del camino he escrito “Define la muerte como el momento del conocimiento a la gran pregunta sideral”. Bajo Vita brevis escribo “La muerte como elemento que nos iguala”. Al pie de Al amanecer digo: “Ese miedo reincidente a dormirse cada noche se cierra con una certeza de resurrección también reincidente en la última estrofa”. Tu Duda existencial me lleva a tomar posiciones entre tanta turbación: “Me quedo con una pregunta que parafrasea otra contenida en el poema: “¿Para qué venimos a este mundo/ si nuestro final es la muerte?” −preguntas tú–. Permíteme una respuesta: ¡Para vivir la vida! En Vida flama es el título, junto con el quinto verso, lo que me subyuga hasta ponerlo por escrito: “¡El título! La paradoja del título: la flama, el fuego que todo lo consume; el fuego que arrasa y todo lo reduce a cenizas. Y, entonces, la vida… (flama que el viento se obstina en apagar/ y no te dejas). La zarza que nunca se extingue.
Así, paso a paso, página a página, avanzo/ avanzamos por tu inquietante poemario con la impaciencia de quien va descubriendo nuevas claves con las que resolver las ecuaciones, hasta llegar a Estabas serena: “Es estremecedora la forma narrativa del poema. Y consoladoras las dos irrupciones de Monsi en el proscenio del drama. El último verso suena a responso”.
No debo extenderme más aquí con mis propias acotaciones. El poemario que tú has escrito, y que ya tiene entidad propia como para pensar y vivir por su cuenta, no me lo perdonaría. Los lectores, ansiosos por llegar a lo tuyo, tampoco. Por eso voy a rescatar dos o tres comentarios más, y luego dejaremos que sean los lectores quienes pongan su propia emoción a pie de página en la forma que tengan por conveniente hacerlo.
Me refiero ahora a esa mujer a la que le cantas en la segunda parte de este libro, en el poema titulado: Enigmática mujer, ante la que mi acotación se inclina interrogante: “¿La erótica de la muerte? Hay tantas claves ocultas en este poema…”.
Dentro de unos momentos te reintegraré tu poemario con todas mis notas, como decía antes, a pie de página en cada poema, que ahí quedarán para quien un día las halle. De todas maneras, permíteme rescatar la última revelación a tu último poema Epílogo: Los ojos del recuerdo: “¿Acaso los hijos del poeta son los sueños?”.
¿Acaso, Juan Revelo, crees que los lectores alcanzarán a captar toda la enjundia, la maestría y lucidez de este poemario en las cuatro partes que lo integran? La vida y la muerte; el tiempo y el destino; el amor y la soledad; la espiral de la memoria y los ojos del recuerdo. ¿Acaso no van a sentirse “retratados” como entes propios trasladados a palabras ajenas? Estoy segura de que sí.
Tal como lo siento, lo digo. Este fascinante libro tuyo merece ser leído porque, además de hablar de nosotros, de todos nosotros, nos hace reflexionar y nos serena el miedo a ausentarnos antes de tiempo sin haber vivido a tope y sin prisas. Sentados en nuestro sillón de leer/saborear buena poesía, porque leer es la mejor manera de acercarnos y sentirnos los unos a los otros como a nosotros mismos.
María Socorro Mármol Brís
Madrid, España, enero del año 2024
Libro primero
Metempsicosis
¿Quién es ella?
¿Por qué me habla de la metempsicosis
y de la teoría de la reminiscencia de Platón?
Primera parte
Vita brevis
Comparada con la longevidad del tiempo
breve es la vida nuestra.
(Mario Laventi).
Principio y fin
La vida y la muerte se buscan
y se acoplan hambrientas
como la cabeza y la cola
de una víbora urobórica
que intenta devorarse a sí misma.
Los días corren, vuelan, navegan veloces
desde el primer llanto que moja la aurora
hasta el final
sobre sábanas blancas
en la soledad punzante del último minuto
cuando la obscuridad encenderá sus enigmas
en espejos cóncavos y herméticos.
Algunos admiten
que todo lo que comienza, termina:
primavera, verano, otoño, invierno…
Otros no desean tocar el tema de la muerte
porque acontecimientos sin nombre
los han vuelto temerosos e incrédulos.
“La muerte es cosa de viejos” –dicen–
y sonríen con la sonrisa de Uadyet
la cobra egipcia que adornaba la corona
de los faraones que se creían inmortales.
La vida y la muerte son la cabeza y la cola
de una víbora paradójica
que se devora a sí misma.
Yo no quisiera admitirlo,
pero empiezo a sospechar
que tengo el mismo temor de los incrédulos.
Al final del camino
“Y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos”.
(Rubén Darío).
Todos aquí
impregnados de fugacidad y miseria,
enfrentados a la incertidumbre de no saber
en qué lugar desembocará nuestra vida:
¿Iremos al vacío de la nada
o a la transformación perpetua dentro de la luz?
Todos preocupados y desprotegidos
preguntaremos si al final del camino
alguien nos espera.
¿Quién está allí? –indagaremos nerviosos–.
Como respuesta, sólo el eco del silencio
en la convexidad de nuestras dudas.
De pie, vestida de negro
y con los ojos calmos,
la muerte nos mirará tranquila.
Resignados hasta los huesos,
sin poder hacer nada,
sabremos que ha llegado el momento
de escuchar el veredicto.
Atentos esperaremos
que sea amoroso y compasivo.
Segunda parte
In memoriam
A la memoria de personas que al hacer el viaje final
nos dejaron en soledad, perplejidad y lágrimas.
“La muerte para los jóvenes es naufragio
y para los viejos es llegar al puerto”.
(Baltasar Gracián)
“Diferentes en la vida, las personas
son iguales en la muerte”.
(Lao-Tsé)
Cerradas las cortinas
A la memoria de mi madre.
Me acerqué con el temor que produce
un adiós definitivo.
Alas ruidosas en mi corazón
temblando ante lo inevitable.
Sus ojos me miraron un instante con ternura.
Su rostro con una expresión serena y llena de bondad,
navegó en la tarde con una placidez profunda.
Te quiero –le dije–
pero sus labios sin fuerza,
como una línea recta permanecieron inmóviles…
Tomé entonces sus manos entre mis manos trémulas,
–palomas frágiles queriendo adormecerse–
y yo sin poder hacer nada, lleno de impotencia y dolor
ante el misterio de la muerte.
Y al anochecer,
cerradas las cortinas,
su cariñosa voz callada para siempre,
los rostros quietos y silentes
inundados de una infinita tristeza.
Y un nudo en mi garganta,
y una pena, y una lágrima
impidiéndome decirle:
¡Madre mía!… Ya pronto nos veremos.
Libro segundo
Desnuda soledad
Nadie escribe desde el silencio del alma
o desde la somnolencia de las piedras.
Escribimos para no morir.
Desnuda soledad
Nadie escribe desde la nada,
desde la aridez del alma exigua.
Lo hacemos desde la profundidad del cielo
o del abismo
sumergidos en pozos de recuerdos de hiel,
o agitados por la fascinante dulzura del amor.
Nadie escribe desde la sequedad de los lagos
cuando el espíritu se encuentra vacío
o cuando la existencia tiene la esterilidad del desierto.
Escribimos desde el fondo de nuestras emociones
en tardes de promesas y caricias
cuando pensamos que la vida es amable
y que en los labios del mundo todo es sonreír.
Nadie escribe desde el silencio del alma
o desde la somnolencia de las piedras.
Lo hacemos desde la certeza de lo incierto
en noches otoñales de abandono y dolor.
Entonces llenamos cientos de páginas blancas
con premura de lágrimas
para curar las heridas que la vida grabó obstinadamente
en nuestra desnuda soledad pronosticada.
Nadie escribe sin estar lacerado o perplejo.
Escribimos para no morir.
Libro tercero
La furia del tiempo
Todo es permanencia fugaz,
todo cambia, todo se transforma.
La inmovilidad es una percepción errónea
de nuestra existencia efímera.
La furia del tiempo
“Todo termina pronto.
El tiempo camina presuroso”.
(Mario Laventi).
El tiempo no es un relámpago
entre dos eternidades,
es un torbellino undívago
que nos devora todos los días
desde el nacer hasta el último minuto
de nuestra permanencia en la tierra.
Huracán que pasa vertiginoso
sobre el débil cuerpo de la memoria
y golpea nuestro rostro, nuestras manos,
nuestra piel, nuestra voz que ya no alcanza.
Todo es permanencia fugaz,
todo cambia, todo se transforma.
La inmovilidad es una percepción errónea
de nuestra existencia efímera
Nada permanece igual.
La furia del tiempo lo modifica todo:
la alegría, las promesas, los recuerdos, la confianza…
Los caminos desaparecen, los sueños se evaporan.
Los amigos se van, envejecen, se acaban…
Los amores se extinguen con un adiós y una lágrima.
La vida tiene la duración de un latido.
Nada perdura más allá de la muerte y el olvido.
Libro cuarto
Los ojos del recuerdo
Se marcharon un día nuestros hijos
mientras esperábamos la muerte,
pero los ojos de los recuerdos
siempre permanecieron allí mirándonos fijamente
como voraces lobos hambrientos.
Epílogo
Los ojos del recuerdo
Un día llegamos caminando
huyendo del estrepitoso laberinto.
Dejamos atrás nuestras lágrimas
y nuestros viejos recuerdos,
pero estos nos siguieron como lobos
aullándonos por dentro.
Buscamos un lugar donde vivir
para ver crecer nuestros sueños.
Conocimos otras tierras,
otros cielos,
y allí aprendimos a sacudirnos el dolor
y a respirar profundo,
pero continuaron los recuerdos
obstinados persiguiéndonos.
Sembramos después nuestras semillas
y cosechamos alegrías y amarguras.
A veces fuimos náufragos sedientos
en medio de un océano enfurecido.
Otras veces nos acompañó la suerte
y el optimismo nos llevó por el mundo,
pero todas las noches
los recuerdos
nos hostigaron en silencio.
Crecimos con el siglo y nos volvimos viejos
cumpliéndose el proceso irreversible.
Se marcharon un día nuestros hijos
mientras esperábamos la muerte,
pero los ojos de los recuerdos
siempre permanecieron allí
mirándonos fijamente
como voraces lobos hambrientos.
Juan Revelo Revelo

Datos bio-biliográficos
Escritor, poeta y editor. Nació en Ipiales, Nariño, Colombia el 14 de febrero de 1943. Fundador y director de los talleres literarios “Juan Rulfo” y “Octavio Paz”. Fue asesor de Cinterfor (OIT) en Buenos Aires y en Ginebra, Suiza; funcionario de la UNESCO en París, La Habana y México, y directivo de varias empresas multinacionales en Colombia y el exterior.
Escribe desde los quince años cuando ganó el Primer concurso de Cuento Juvenil (1958) organizado por el Liceo de la Universidad de Nariño en donde fundó, junto a otros estudiantes y con la asesoría del poeta Aurelio Arturo –que fue su profesor–, el Centro Literario “Luis López de Mesa”. En 1960, con motivo de la celebración del sesquicentenario de la Independencia Nacional, el Ministerio de Educación lo eligió como “El mejor bachiller de Colombia”. Cursó la carrera de Ingeniería en Bogotá y la maestría de Administración de Empresas en México, país en el que vivió durante 16 años. En este tiempo se relacionó con Juan Rulfo y Octavio Paz que ejercieron una gran influencia en su trabajo literario en los años ochenta. Para rendirles homenaje, en 1996 fundó los talleres de narrativa y poesía que llevan sus nombres.
Ha ganado numerosos premios literarios, entre ellos: Premio Nacional de Cuento “Ciudad de Barrancabermeja”, 2000; “Premio Nacional de Cuento Corto”, 2002, de Editorial Planeta y “El Espectador”; Premio de Innovación Literaria de la Feria del Libro de Madrid, 2014. Es autor de doce libros (poesía, cuento, novela y ensayo), algunos parcialmente traducidos al inglés, francés e italiano, y coautor de cinco libros escritos con el Método de Escritura Polifónica MEP, creado y desarrollado por él y la escritora española Socorro Mármol Bris. Su obra ha sido presentada en ferias del Libro de América y Europa. Ha participado con ponencias en: Frankfurter Buchmesse, Alemania; Salone Internazionale del Libro, Torino, Italia; Feria del Libro de Barcelona, España; Feria del Libro de Madrid; Miami Book Fair; y en varias oportunidades en las ferias del libro de Guadalajara, Ciudad de México, Lima, Quito, Buenos Aires, Bogotá, Cali, y Medellín.
Sus principales obras son: En poesía, “Los Ojos del Recuerdo”, “Desnuda soledad”, “Furia del tiempo”, “Nuevas Voces de fin de Siglo”, “Puente de palabras”, “Metempsicosis” y “Espiral de la memoria”. En narrativa: “El baúl de Mercedes Saluzo” (novela); “Páginas al viento” (ensayos); “Sabrina”, “La gitana Iselda” y “Fiorella” (cuentos).
Libros polifónicos: “Búsquedas y encuentros” (poemas a seis voces), Editorial Caza de Libros; “Dados Circulares” (cuentos polifónicos cortos), Cangrejo Editores; “Un año después” (relatos breves), Editorial Sial Pigmalión, España; “El cumpleaños de Aracne” (cuentos infantiles) y “El salón invisible” (cuentos de misterio), Pijao Editores. Libros inéditos: “El prócer” (novela); “Los sueños de mi abuelo” (cuentos infantiles); “Los oídos de la noche” (poesía); “Método de escritura polifónica” MEP.


Impresionado con este Testimonio literario, gran valía en su trayectoria y escritura