Por:
J. Mauricio Chaves-Bustos
A muchos les cuesta imaginar a un Bolívar alejado de las batallas, desprendido de sus arreos militares, de su espada, de sus sueños épicos, para concentrarse en la lectura y la escritura. Nada más equivocado, es verdad sabida que El Libertador dedicó gran parte del tiempo que le daba una batalla con otra para leer, tanto en inglés como en francés, y para escribir; su capacidad mnemotécnica era tan proverbial, que inclusive se dice que era capaz de dictar 3 y hasta 4 cartas a sus amanuenses dirigidas a diferentes personajes y con diferentes asuntos. Genio de la gloria, sin duda alguna, como dice un verso del Himno Nacional, cualidad admirada por muchos y también criticada por otros tantos.
Con ocasión del centenario de la muerte del Libertador, el pensador nariñense Guillermo Chaves Chaves publicó un artículo que lleva por título “Bolívar Civil”, el cual apareció tanto en Bogotá como en Caracas, ya que siguiendo sus propios postulados democráticos, le interesaba resaltar la figura del Bolívar desconocido, o más bien ocultado tanto por sus guerreros seguidores como por sus supuestos demócratas detractores, luego de analizar varios de los documentos escritos por El Libertador, anotaba el ipialeño:
“Cien años han corrido de la muerte de este varón singular y en este espacio casi exclusivamente hemos honrado en Bolívar al guerrero. Infinidad de bronces condecoran ciudades y plazas con estatuas que levantan al héroe sobre un corcel enloquecido que parece disipar las nubes con el viento de sus fauces. Sólo uno, el bronce genial de Tenerani, nos recuerda al civil: grande el porte, serena la mirada, sobre los hombros el manto que fue timbre del senador romano, la medalla de Washington al pecho, la ley en una mano, la espada en la otra. Tenerani, entrando por asalto a la academia de los inmortales, ha visto al héroe como es y así debemos verlo y honrarlo en el futuro los hombres de España y de América: de esa España que contribuyó con el espíritu y de esta América que aportó la sangre de que el Ser Supremo se sirvió para formar ese conjunto que, mientras los siglos sean siglos, será el mayor representante de la raza en ese congreso de gigantes que el tiempo tiene reunido de continuo bajo la dorada cúpula del templo de la inmortalidad.”
Busto del Libertador Simón Bolívar. Obra del escultor Italiano Pietro Tenerani.
A 5 años del bicentenario de la muerte de Bolívar, podemos ver cómo su pensamiento sigue siendo un referente constante para el mundo contemporáneo, asombra cómo hay una preocupación histórica de los países bolivarianos para recordar su pensamiento. Inclusive se alza un falso revisionismo alimentado por los odios intestinos de pueblos que buscan marcar su singularidad empotrados desde una endogamia realista que realmente fue alimentada por cinco familias que buscaban mantener el statu quo, a tal punto que reverencian aún una corona ajena y añoran una monarquía que jamás les fue cercana, derribando estatuas de Bolívar, como si con ello se pudiese borrar una gesta en donde detrás de él hubo miles de hombres y mujeres que le apostaron decididamente a buscar la libertad para sus pueblos, fundada en una democracia que, aunque imperfecta, les garantizaba su propia autodeterminación.
Desde el Juramento en el monte Sacro (1805) hasta su Ultima Proclama (1830), hay una constancia que está signada por la libertad, donde resalta claramente el proyecto político tanto de Bolívar como de muchos de sus seguidores, mucho más allá de lo meramente táctico militar para lograr la independencia de América de la corona española, posibilitando así el nacimiento verdadero de este continente para un mundo con visión colonizadora, que significa avasalladora con todo lo que consideraban fuera de su propio orden, el cual se impuso a sangre con el imperio de las armas y con la convicción en forma de cruz. En ese ideario colaboraron Santander, mal interpretado por el odio enconado que surgió desde quienes detentaban un poder fundado en ejércitos luego de la separación de la Gran Colombia y a quien se le debe tanto el orden civil como el desarrollo educativo laico en las hoy llamadas repúblicas bolivarianas; ahí está Nariño, quien luchó enconadamente por lograr una verdadera independencia de España, sacrificando honra y bienes, para lograr tal propósito; ahí está Miranda, quien alimentó la llama de la independencia vertiendo a nuestros territorios las luchas burguesas y revoluciones europeas, gran ideólogo de esta Colombia que fue mucho más que una mera utopía; en su pensamiento se asientan las ideas de Eugenio Espejo, polemista que difundió las ideas de la ilustración y buscó la libertad para su patria. Ahí está el pensamiento de miles de mujeres y hombres que de una u otra manera contribuyeron a lograr la independencia de Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.
Como todo inicio, deben enfrentarse muchas dificultades, vemos cómo a un Bolívar impetuoso en el campo de Marte se impone un Bolívar civil que busca dar explicaciones de lo sucedido y corregir las fallas que se presentan, hay en él una búsqueda de una armonía entre la razón y la pulsión, de ahí los constantes documentos que van apareciendo a medida que avanza en lograr el sueño de tantos americanos.
Desde la cima del monte Aventino, en la ciudad de Roma, un 15 de agosto de 1805, en presencia de su tutor Simón Rodríguez, con el brío de los 22 años, jura luchar por la independencia de su patria, no sin antes repasar la historia de un pueblo que fue cuna de repúblicas y de imperios, suma de contradicciones: “¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español! ”
En la noche del 3 y el amanecer del 4 de julio de 1811, Bolívar lanza un corto pero vehemente discurso ante los miembros de la Sociedad Patriótica, una especie de club donde se reunían los caraqueños para tomar decisiones respecto a su próximo futuro, ahí Bolívar expresa la necesidad de la unión como una causa común: “Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos.”
En la histórica ciudad de Cartagena de Indias, Bolívar firma el 15 de diciembre de 1812 un “Manifiesto”, siendo su primer documento público en donde analiza las causas de la caída de la primera república en Venezuela y propone su restauración, la cual no podría ser sin la ayuda de la Nueva Granada, así mismo analiza la difícil situación que atraviesa España con la invasión napoleónica, la cual debe ser aprovechada por las colonias para separarse definitivamente de la corona, proponiendo desde ya un modelo de Estado que podría favorecer a todos los americanos: “Yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas ventajas; seremos indefectiblemente envueltos en los horrores de las disensiones civiles, y conquistados vilipendiosamente por ese puñado de bandidos que infestan nuestras comarcas.”
El 7 de septiembre de 1814 firma el “Manifiesto de Carúpano”, en donde analiza la pérdida de la segunda República de Venezuela, culpa de un coloniaje que mantiene a los habitantes serviles, de tal manera que hace un llamado para que los venezolanos sigan el camino de los neogranadinos en sus luchas, superando las diferencias económicas, políticas y sociales que han sido impuestas por los colonizadores: “Esperad, compatriotas, al noble, al virtuoso pueblo granadino que volará ansioso de recoger nuevos trofeos, a prestaros nuevos auxilios y a traeros de nuevo la libertad, si antes vuestro valor no la adquiriere.”
En la Carta de Jamaica, firmada en Kingston el 6 de octubre de 1814, “Bolívar el primero en concebir, como fórmula contraria a la guerra, la de una liga o asociación de pueblos, que teniendo por alma o centro directivo una asamblea por el estilo del Consejo Anfictiónico de Grecia, contase como base una completa unidad de legislación, de principios, de opiniones, de sentimientos y de intereses”, anota Guillermo Chaves Chaves (1931), y puntualiza Eduardo Umaña Luna (2000): “la unidad de la América española es el objetivo al que tienden las argumentaciones del célebre escrito, pero partiendo de la realidad por dura, amarga y desconsoladora que fuera en ese momento. Bolívar se muestra en este escrito como el más colombiano de los americanos y el más americano de los colombianos”. En este importante documento, Bolívar hace un análisis de la relación de dependencia de América frente a España, el coloniaje absurdo que los sometía a ser considerados ciudadanos de segunda, reconoce la importancia de que naciones como Inglaterra y Estados Unidos tomen partido a favor de las colonias que buscaban su independencia, hace un análisis del mapa político que se vivía en 1815 y crea la utopía de una patria común llamada Colombia.
Para contrarrestar la propaganda española, Bolívar fundó el periódico “Correo del Orinoco”, el cual se publicó semanalmente desde el 27 de junio de 1818 hasta el 23 de marzo de 1822, editado en Angostura, contando con colaboradores como Francisco Antonio Zea, Juan Germán Roscio, José Rafael Revenga, entre muchos otros más. Ahí se publicaban noticias alusivas a la campaña libertadora, resaltando sus éxitos y victorias, siendo su objetivo primordial atraer adeptos a la causa de la independencia, el propio Bolívar diría en 1826 de éste que fue utilizado: “como artillería de pensamiento, educador de masas de hoy y mañana, portavoz de la creación de un nuevo orden económico y de la información internacional desde el punto de vista de nuestros intereses, fiscal de la moral pública y freno de las pasiones, vigilante contra todo exceso y omisión culpable, catecismo moral y de virtudes cívicas, tribunal espontáneo y órgano de los pensamientos ajenos.”
Uno de los documentos donde Bolívar muestra su faceta más civil es el “Discurso ante el Congreso de Angostura”, pronunciado el 10 de noviembre de 1817, donde dejó solemnemente instalado el Consejo de Estado, presentando un resumen de las actividades militares y políticas llevadas a cabo hasta entonces, así como la defensa férrea que hace de la separación de los poderes dentro del Estado. Bolívar presenta un bosquejo de sus actividades militares y políticas, a la vez que defiende la separación de los tres Poderes fundamentales del Estado, pero sobre todo insiste en la necesidad de una nación común para los americanos, de ahí que en este documento haya frecuentes referencias sobre la identidad de este pueblo, enmarcada en elementos políticos y territoriales, inscribiendo su propuesta constitucional en el tradicionalismo republicano y en el ideario de una nación de ciudadanos: “Luego que el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de su independencia, o que circunstancias más favorables nos permitan comunicaciones más frecuentes y relaciones más estrechas, nosotros nos apresuraremos con el más vivo interés a entablar por nuestra parte el pacto americano, que formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y de grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podría llamarse la reina de las naciones, la madre de las repúblicas.”
La pieza donde el Libertador se muestra en su faceta más retórica es sin duda alguna “Mi delirio sobre el Chimborazo”, escrito posiblemente en Riobamba en junio de 1822, luego de haber padecido mil penurias para poder pasar de Popayán a Quito, de haberse enfrentado a los realistas en Bomboná, de haber sido coronado en Ipiales por la ninfa Josefina Obando, de encontrarse en Quito con Manuelita Sáenz, el amor de su vida, emprende viaje al sur y siguiendo las huellas de Humboldt y La Condamine, asciende al soberbio volcán, encontrándose con el dios del Tiempo, exponiendo poéticamente los hechos que pasaron y los que estaban sucediendo, ahí, entre otros dioses, aparece el dios de Colombia, como una premonición de lo que habrían de ser estas naciones bolivarianas. Sin duda alguna una de las piezas que sobrecoge a quien la lee desprendido de todo apasionamiento:
“Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.”
Desde Lima, el 7 de diciembre de 1824, Bolívar convoca a lo que se conocerá como “Congreso Anfictiónico de Panamá”, invitando a los gobiernos de Colombia, México, Río de la Plata, Chile, Perú, Brasil y a las Provincias Unidas de Centroamérica, el propósito no era otro que buscar la confederación de los nuevos estados americanos, teniendo como base los antiguos virreinatos, buscando la unión continental: “Después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos.”
El 25 de mayo de 1826 envía desde Lima un “Mensaje al Congreso de Bolivia”, donde hace un análisis de la Constitución Boliviana redactada por él, obedece dicha Constitución a un pensamiento totalmente ligado a las circunstancias de entonces, todavía con guerras internas y en donde las naciones estaban asentándose en algo a lo cual no estaban acostumbradas, sus propias determinaciones, de ahí que en dicho mensaje pregone principalmente la necesidad de la garantía de la libertad, de la igualdad y de la justicia, amparado todo esto en una norma de normas que garantizaba sus propias reformas acorde con las necesidades de los tiempos, dice ahí Bolívar: “Se han establecido las garantías más perfectas: la libertad civil es la verdadera libertad; las demás son nominales, o de poca influencia con respecto a los ciudadanos.”
En abril de 1828 se reúne en la ciudad de Ocaña una Gran Convención Nacional, ahí presenta una radiografía de la situación de la República de entonces, ya que la Constitución de 1821 tenía un fuerte cariz centralista, además muchos militares ostentaban grandes poderes, desencadenando un enfrentamiento entre estos y el poder civil. Puede decirse que esta convención fue un fracaso, ya que la división no condujo a nada concreto y finalmente se impuso la dictadura, desconociendo la Constitución de 1821 de facto: “Nada añadiría a este funesto bosquejo, si el puesto que ocupo no me forzara a dar cuenta a la Nación de los inconvenientes prácticos de sus leyes. Sé que no puedo hacerlo sin exponerme a siniestras interpretaciones, y que a través de mis palabras se leerán pensamientos ambiciosos; mas, yo que no he rehusado a Colombia consagrarle mi vida y mi reputación, me conceptúo obligado a este último sacrificio.”
El 4 de junio de 1830 fue asesinado el Mariscal Sucre en Berruecos, en cercanías de Pasto, esta fue una daga al corazón del Libertador, ya que lo consideraba su heredero espiritual y político; días antes, el 6 de mayo se separó Venezuela y el 13 de mayo Ecuador. El 9 de noviembre Bolívar escribe, desde Barranquilla, una carta al general Juan José Flores, jefe del Ecuador, donde le expresa su profunda tristeza y desazón: “sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1º) La América es ingobernable para nosotros. 2º) El que sirve una revolución ara en el mar. 3º) La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4º) Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5º) Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6º) Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América.”
Y finalmente aparece en este dedicado libro la “Ultima Proclama a los Colombianos”, la escribe desde la hacienda de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, firmada el 10 de diciembre de 1830, es decir una semana antes de su muerte, a los 47 años de edad, lugar en donde perdona a sus enemigos, señala los linderos de los estamentos de la patria y acude al último intento para restaurar su unión: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.”
Los textos de Bolívar permiten comprender no únicamente su pensamiento, sino también comprender la necesidad de emprender toda lucha a causa de la libertad, de la importancia de buscar a toda costa la igualdad social y de encauzar todo esfuerzo para recuperar la humanidad mediante la construcción de paz, tan esquiva aún para tantos colombianos.