PLANO DE IPIALES DE HIGINIO MUÑOZ, 1865

Hemos encontrado un curioso documento titulado “Plano topográfico de la ciudad de Ipiales. Levantado por el señor Higinio Muñoz en 1865”...

Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Ya que recientemente se ha dado un debate en el seno del Concejo Municipal de Ipiales, en razón a que se pretendía reconocer la fecha de la creación de una parroquia como la de la creación del pueblo de Ipiales, fundados en una investigación que muestra un documento eclesiástico emitido por el obispo de Quito en 1581, desconociendo de facto que el poblado existía antes de la llegada de los españoles y que formaba parte de lo que comúnmente se ha llamado “La nación de Los Pastos”, a tal punto que el cronista Cieza de León, en su paso por este territorio en 1537, describe este y otros poblados, de donde se colige su antigüedad, así mismo como de una cédula real que expidió el propio virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, desde el pueblo de Ipiales el 5 de julio de 1545, lo que demuestra su existencia plena y de derecho.

Se reconoce, eso sí, que con el afán de “reducir a los indígenas” en un solo sitio con el ánimo de tenerlos a su servicio y de recibir sus impuestos, se ordena el trazado del pueblo, teniendo como centro lo que hoy sería el parque 20 de Julio, o de la Independencia, reconociendo también que el propio poblado de Ipiales fue varias veces trasladado, tanto de Puenes como de Las Cruces, para ubicarse donde lo encontramos actualmente, expandido por todos los horizontes, aunque con una traza mayor que va de sur a norte, dado lo quebrado del terreno que se encuentra de occidente a oriente, aunque en la actualidad pareciera que se están venciendo todos los obstáculos y aparecen barrios por doquier.

Hemos encontrado un curioso documento titulado “Plano topográfico de la ciudad de Ipiales. Levantado por el señor Higinio Muñoz en 1865”, donde aparece un listado con el nombre de las calles que entonces existían, así como un artículo titulado “Ipiales”, de su autoría. Este fue publicado en el periódico “La Primavera”, No. 3, de la ciudad de Pasto, el 10 de octubre de 1869. El periódico tuvo como redactores a Isaac Pazos, Juan Clímaco Burbano, Juan Florencio Gálvez, Arístides España, Floresmiro Zarama y Alejando Santander. El periódico era de tendencia conservadora desde donde se defendía la doctrina católica.

En 1864 elaboró un plano de la ciudad de Pasto, una de cuyas copias se encuentra en el museo Juan Lorenzo Lucero de dicha ciudad. En el mismo periódico donde aparece el de Ipiales, aparece publicado un plano topográfico de Yacuanquer (No. 6, 25 de noviembre de 1869), aparece también un plano suyo de Otavalo (Ecuador) firmado en 1883, así como algunos mapas físicos del volcán de Pasto, llamado Galeras desde 1876, de donde se colige la afición del autor por estos temas.

Lo poco que se sabe de su autor es que dirigió la imprenta en su ciudad natal, hacía grabados que aparecen en algunas revistas, como La Primavera, y que escribía para esta revista y otras. Nació en Pasto en 1818 y falleció en la misma ciudad en 1906; Jaime Álvarez (1987) anota: “era un experto en química, topografía, agronomía, geología y jurisprudencia. Elaboró la carta geográfica de la Provincia de Pasto, conservada en el Museo Nacional de Bogotá, y los cuadros históricos y militares de las batallas de la independencia. La arquitectura y la ebanistería le deben útiles indicaciones. Sirvió largo período a la Instrucción Pública. Por sus trabajos geográficos mereció elogios de extranjeros notables. Ideó una pólvora especial que suministró al ejército revolucionario del sur.” Curioso Da Vinci nariñense al que no se le ha dado sino créditos por sus valiosos estudios sobre el volcán de Pasto o Galeras.

En cuanto al plano de Ipiales, al sur se señala la Calle de Yaramal y la Calle del Chorro Grande; al norte se señala La Laguna, en la calle que conduce a Pupiales, hoy ya extinta pero en la cual alcanzamos a conocer en nuestra niñez y de la que nos hablaban nuestros padres y abuelos, inclusive la tradición oral cuenta que ahí paseó Bolívar con la comitiva ipialeña que lo agasajó, entre estas Josefina Obando, en 1822; al oeste está la salida a Pastás, hoy Aldana; y al este la vía que conduce a Las Lajas.

 

Plano topográfico de la ciudad de Ipiales, levantado por el señor Higinio Muñoz en 1865

 

El centro del plano se ubica en el parque 20 de Julio, las carreras -que van de norte a sur- son señaladas con letras, y las calles – que van de oriente a occidente – son señaladas con letras y números, formando el cuadrante del poblado. La escala empleada está en hectómetros. A continuación, transcribimos las calles y los lugares ahí descritos, tratando de ubicarlos en la que sería lo nomenclatura actual ipialeña:

 

Calles:

a-b San Juanito (carrera 8, calles 8 a 4)

f-g Carabobo (carrera 4, calles 8 a 4)

a-f Crustala, (calle 4, carreras 8 a 4)

b-3 Ayacucho (calle 8, carreras 8 a 2)

c-d Santander (carrera 7, calles 4 a 17)

e-1 Boyacá (carrera 6, calles 7 a 4))

b 8m Bolívar (carrera 5, calles 8 a 20)

j-k Guayabal (carrera 3, calles 3 a 6)

7 q m Pola (carrera 6, calles 9 a 13)

z-y Maracaibo (carrera 3, calles 8 a 10)

15,14 Herrera (calle 5, carrera 13 a 1)

13,12 Salinas (calle 6, carrera 13 a 1)

11,10 Junín (calle 7, carrera 12 a 4)

u-v Santuario (calle 9, carreras 13 a 2)

s-d-p Girardot (calle 12, carreras 13 a 1)

r-q Ricaurte (calle 11, carreras 6 a 13)

8, y-x Desierta (calle 10, carreras 5 a 2)

o-n Innominada (calle 14, carrera 7 a 3)

d-18 Hermenegildo (calle 12 a, carreras 7 a 11)

t-i-x Franco (calle 10, carreras 13 a 2)

 

Edificios públicos eclesiásticos:

  1. Iglesia parroquial (calle 8, entre carreras 6 y 5)
  2. Capilla de la Escala (carrera 3, calle 8 y 9)
  3. Capilla de la Humildad (carrera 6, entre calles 8 y 9, antiguo edificio de Telecom)
  4. Capilla de San Joaquín (carrera 6, calle 9, esquina)
  5. Cementerio (carrera 7, entre calles 15 y 16, donde funciona El Madrugón, antiguos colegios Sucre y Ciudad de Ipiales)

 

Edificios públicos civiles:

  1. Escuela de Niños (calle 8, carrera 3, diagonal a lo que era la Capilla de La Escala)
  2. Colegio de Obando (carrera 7, calle 5)
  3. Vieja Casa Consistorial (carrera 5, calle 10)
  4. Cárcel antigua (carrera 6, calle 9 esquina, frente a la capilla de San Joaquín)
  5. Cárcel nueva (carrera 7, entre calles 8 y 7)
  6. Nueva Casa Consistorial (Carrera 6, entre calles 8 y 7, donde queda el Colegio San Francisco de Asís)
  7. Carnicería (calle 8, carrera 3, contigua la Escuela de Niños).

 

Historiadores como Roberto Sarasti y el poeta Florentino Bustos han dejado en sus escritos testimonios de que Ipiales era un pueblo de capillas, lo cual se corrobora con el plano encontrado, entre estas la de La Escala de triste recordación para los ipialeños, ya que ahí fue fusilada Josefina Obando junto con otros ipialeños por orden de Boves, Agualongo y Merchancano. También escuchamos de nuestros abuelos que el cementerio quedaba donde ahora funciona El Madrugón y la Dian, testigos mudos de tantos ancestros que ahí deben seguir reposando. También llama la atención que inclusive el centro administrativo municipal no ha cambiado mucho, ya que ha sido el parque 20 de Julio epicentro de la ciudad, aunque nada se diga de parques o plazas en dicho plano, aunque aparecen señalados en blanco tres lugares que hoy serían dichos espacios, incluidos parque La Pola y plaza Santander.

Se anota que el número de habitantes era de 6.650, los cuales contaban con una sola carnicería, según la anotación de Higino Muñoz y que hoy constituye una curiosidad, así como dos instituciones educativas, una para niños y un colegio con el nombre de Obando. El mapa fue elaborado dos años después de que Ipiales fuera erigido por el Estado Soberano del Cauca como Municipio de Obando, con capital Ipiales, de ahí la importancia que cobra dicho documento, ya que permite comprender el desarrollo urbanístico de nuestra ciudad.

Creo importante transcribir el artículo titulado Ipiales, que Higinio Muñoz publicara junto con el plano de la ciudad, ya que permite comprender también la vida social de entonces.

 

IPIALES

 

Ciudad capital del pintoresco municipio de Obando perteneciente al Estado Soberano del Cauca, es la primera ciudad fronteriza al Ecuador que tiene Colombia, y la primera, sin duda, que en tiempo de las dominaciones andoperubianas e ibérica y en todas las discordias internacionales con el Estado limítrofe y aun en nuestras disensiones civiles, ha sufrido todas las inquietudes que engendra el estado de guerra o el estado de alarma, motivos más que suficientes para que esta ciudad y todas las poblaciones del Sur hermoso de Colombia no hayan tenido el desarrollo intelectual y formal de que son capaces; y motivos que no han tenido muchas otras poblaciones colombianas que van por una escala inferior a las nuestras.

Ipiales que está a la margen izquierda del rio Máles o Guáitara, distante como cinco kilómetros de los dos famosos monumentos, el Santuario de la Laja y el Puente de Rumichaca, a 48´ de latitud boreal y 77º 15´45” de longitud occidental del meridiano de Greenwich, a una altura sobre el nivel del mar de 3.081 metros, con 4 decímetros, con una temperatura de 12º centígrados, y sobre una hermosísima meseta que forma uno de esos pequeños collados que se elevan en la siempre verde, feraz y pintoresca llanura del risueño Tíbet colombiano; sí, Ipiales, lo mismo que Túquerres, tan solo por su situación geográfica, por sus dilatadas dehesas cubiertas de las más nutritivas gramíneas que jamás se agostan, y por su proximidad a los terrenos cálidos de los fecundos ríos, el Guáitara y el Chota; sí, Ipiales, Túquerres tienen un rico y halagüeño porvenir. ¡Abra, pues, el tibetano granadino el ojo de su previsión, cíñase con ropaje de camino y marche imperturbable hacia el lugar de su salud!

Quienquiera que fije su contemplación sobre la suerte futura de esta hermosa porción de la zona tórrida; quienquiera que, libre de las influencias del espíritu de provincialismo u otras que preocupan o extravían al observador, note esa efervescencia entusiasta y noble con el que el Sur de Colombia procura la adquisición de las ciencias, nutrición del alma, y el incremento de sus riquezas, nutrición del cuerpo; sí, quienquiera que todo esto contemple, pese o mida, sin entrar en los furores de un augur, ni en las convulsiones de una pitonisa, muy bien puede levantar su voz y presagiar para el futuro diciendo: “¡Ya, sí, ya miro en el Tíbet colombiano y sobre las aras de Urania los ricos y gloriosos holocaustos que presentan a la ciencias los infatigables hijos de los Andes, del Mira y del Patía! ¡Ya, sí, ya contemplo el ruido de sus locomotoras, el movimiento de su maquinaria, sus ricos paños y madapolanes y los hermosos tejidos de sus sederías!

A Ipiales, sí, a Ipiales que, bajo el gobierno español, siendo capital del corregimiento o tenencia de los Pastos, no pudo tener un establecimiento de instrucción como el colegio de Obando que hoy tiene bajo el sistema republicano; a Ipiales que cuenta hoy con un gobierno municipal que puede darle una existencia propia y estable; que puede arbitrarle rentas más que suficientes para obtener un buen servicio en todos los ramos que se correlacionen con su bienestar social, intelectual y material; que es visitado perpetuamente por millares de personas de cercanas y lejanas tierras, que devotas concurren a implorar los consuelos de María, la madre de toda la doliente humanidad, y dejan allí sus recuerdos y sus luces; a Ipiales, sí, a Ipiales repito, lo mismo que a Barbacoas, Túquerres y Pasto, le conviene anonadar toda rencilla, toda inquietud y todo motivo que tienda a perturbar el trabajo y la unidad, el orden y la paz, la civilización y la moral, esta trinidad potente y benefactora que es la única que puede realizar la hermosa metamorfosis que anhelamos. ¡Arda, pues, en el suelo hermoso del Sur de Colombia la pira que aniquile todos los obstáculos que han frustrado la marcha de su verdadera civilización y de sus verdaderas glorias!

¡Surcolombianos todos!, sí, ¡todos, todos! ¡Corramos en tropel en pos de la moral, de las ciencias, de las artes y de la industria, mientas que algunos de nuestros hermanos mayores del Sur y Norte elucubran nuestra venta o pasan el tiempo atizando turbulencias; ¡que día llegará en que nuestro fecundo Egipto abra sus provistos graneros para satisfacer las necesidades de Canaán, y el pobre José vendido, con su noble generosidad, de sorpresa a los hijos de Jacob! ¡Procuremos, en fin, hacer nuestro bien, que con esto contribuiremos a hacer el bien de Colombia, de la América y del Mundo, porque todos somos miembros de una misma familia, todos somos Adán!

Curioso llamado a la unidad, quizá en una clara referencia al sinnúmero de guerras que brotaban de las entrañas de los supremos, soldados sin oficio, de los curas retrógrados que querían preservar su status quo de privilegios, en fin, un llamado que nunca dejará de resonar en nuestro amado departamento de Nariño.

Queda así al estudio de los interesados en la historia de Ipiales, de quienes se ocupan de estudiar su desarrollo urbanístico, quizá su lectura más perspicaz permita delimitar más finamente el Ipiales de 1865 con el actual, eso esperamos con estas investigaciones

 

Comments (1)
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  • Julio César Chamorro Rosero

    Excelente crónica Amigo J. Mauricio Chaves Bustos. Nos hace amar, aún mas, a Ipiales de las Nubes Verdes que miró Montalvo y miramos aún en estás fechas de agosto, septiembre y parte de octubre. Y después dirán los intensos que son tercos para el protagonismo, que no tenemos documentos. Un abrazo.