PEDRO DE PUELLES, FUNDADOR EN 1537 DE LA VILLAVICIOSA DE LA CONCEPCION DE IPIALES

GEOMETRÍAS

Por:Visitar sitio

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

-I-

 

Felizmente no hemos quedado expósitos en nuestro aserto viejo de más de treinta años que adjudicaba la fundación y población de la Villaviciosa de la Concepción de los Pastos a Pedro de Puelles, alegato que iniciamos en nuestra columna “Geometrías” de Diario del Sur (1987) y proseguimos en nuestros ensayos “El Derecho a la Ciudad”, “Ipiales mi  Pueblo”, “La fuerza de la Patria”, cuando arrimamos prueba reina del primer mapa que apareció en el mundo occidental, que daba cuenta de la cartografía de nuestros primitivos asientos coloniales, que confirma la existencia de la Villaviciosa de la Concepción en la provincia de los Pastos, para 1540 sería, distinta a la existencia de Pasto que allí también figura pero ubicada más al norte. Si se recuerda que el Virrey Núñez Vela expidió Cédula Real desde Ipiales en 1545, pues cartesianamente se obtiene que, la primera población metropolitana, fundada en 1537 como Villaviciosa de la Concepción de los Pastos, fue reemplazada por Ipiales, antes de 1545.

Junto a nosotros militan paleógrafos tales como Mauricio Chaves Bustos, Julio César Chamorro, Armando Oviedo Zambrano, Gilberto Pineda, el mismo Álvaro Gómez-Jurado, Jesús Alberto Cabrera y el cura Jaime Alvarez, quien porfiaba por encontrar “ese padre desconocido que le dio vida a la Villaviciosa, que aparece distinta de Pasto en los antiguos mapas”.

Pedro de Puelles participa de la primera jornada de Adelantados que desafiaron la autocrática Corona de Carlos V y osaron sustituirla, constituyendo gobierno vernáculo desgajado de aquéstas mismas cordilleras. Por eso se dijo atinadamente que la independencia empezó con la conquista.

Y es que el despegue que logró el Tahuantinsuyo a comienzos del Siglo XVI fue titánico. En extensión territorial era el pueblo más expansionista del planeta, sin que Europa ni siquiera Rusia, no digamos España, pudiera pensar en igualarlo. En red vial, avistando las altas cimas de los Andes, era la más dilatada del mundo con su “camino real del Inca” de 5.000 kilómetros de estiramiento que lo hacía el más largo y trabajado en la historia de la humanidad. En su recorrido había, además, cien puentes colgantes de grandes dimensiones, prodigios de ingeniería que cuatro siglos más tarde los norteamericanos habían de imitar por primera vez en su puente de Brooklyn. A lo largo de ese mismo camino se alineaban en una extensión de 1.000 kilómetros una larga serie de fortalezas con moles ciclópeas, como para inmortalizar los pasos sucesivos de su expansión.

El trono era de Huaina Cápac, magnánimo y mayestático. Cuzco era la capital sagrada  que irradiaba el esplendor fabuloso y legendario.

La organización administrativa del Imperio, sus fuerzas militares, así como el clero masculino y femenino eran conducidos y controlados por la aristocracia incaica de sangre tanto en la capital como en las ciudades de provincias.

Es verdad de a puño que el Imperio se componía de doscientos o más reinos satélites y en cada uno de ellos se fraguaba un odio visceral al Imperio madre. Campeaban en su interior los inefables curacas, descendientes de los antiguos reyes locales conquistados por los incas que socavaban la religión y todos los resortes del Estado. Querían extinguir la voluntad del Sapa Inca o Rey de reyes, cuya sola palabra les resultaba odiosa. Desde Tumbes y Quito hasta Charcas y Chile el ambiente era igual. Todos abrigaban un hosco y vehemente encono.

Cuando el racismo, por negar la identidad de la propia  nación, se incuba dentro de la población de un mismo país, deviene fatalmente su defección.

Huaina Cápac sostuvo campañas muy prolongadas por la periferia del Tahuantinsuyo. A pesar de haber hecho la guerra por más de una década al Norte del Imperio y haber llegado al terrible escarmiento de bañar una laguna con la sangre de sus enemigos, como lo hizo en Yaguarcocha, comprendió que era injusto y perjudicial para los intereses del Estado impedir el ascenso a cargos superiores de elementos indígenas y mestizos prominentes. Así fue como dio oportunidades a los soldados más valerosos de su ejército y honró con el título de generales a Quispuis del valle de los Chillos junto a Quito, a Calicuchima verosímilmente de Riobamba y a Rumiñahui del ayllu de Pillaro.

Con ese mismo espíritu contrajo matrimonio con una princesa indígena de Caranqui, de la cual nació el príncipe mestizo, Atahualpa. Pero durante las tres décadas subsiguientes el odio antirracista contra los orgullosos “hijos del Sol”, que humillaban y explotaban a los pueblos indígenas del Norte, siguió fermentando entre las sombras. Finalmente sobrevino la muerte de Huaina Cápac, que arrostró igualmente la desaparición del Tahuantinsuyo, pues sólo el amor paternal de ese hombre superior había alejado la reacción antirracista que estaba a punto de explotar. Las   pretensiones supuestamente divinas de Huáscar y el rechazo de Atahualpa chocaron al cabo de pocos años.

Cabe decir, pues, que la conquista española fue jalonada por las masas aborígenes, y que la guerra fratricida de Huáscar y Atahualpa impedía una respuesta “nacional” frente al invasor, por lo que la historia de la conquista era un capítulo de la historia de España que ocurrió en los Andes.

El 24 de mayo de 1547, brillaron por última vez en el Cabildo de Quito, las charreteras y los impetuosos sables del fundador Puelles, pues que inmediatamente fue acuchillado en su cama ese domingo de pentecostés.

La defensa de las encomiendas otorgadas graciosamente a los conquistadores fue la causa de la resistencia agresiva y suicida en contra del primer Virrey que vino con la tarea de pacificar las sangrientas rivalidades entre almagristas y pizarristas, pero ante todo, a obtener el acatamiento de los díscolos encomenderos al cedulario, lejano pero coercitivo, inserto en las Leyes de Indias.

El fundador de la Villaviciosa de la Concepción de la provincia de los pastos –presumiblemente Ipiales-, aliado con las huestes de Gonzalo Pizarro corrió su misma suerte por el grave desacato para con el soberano ultramarino en el amanecer mismo de nuestras luchas sociales. Téngase presente que los pastos de la Villaviciosa de la Concepción fueron alfiles de Puelles en su suicida enfrentamiento con la corona.

Este alzamiento protoseparatista fue aplastado por el enviado extraordinario Pedro de la Gasca. Todos abandonaron al sedicioso Gonzalo Pizarro, menos nuestro fundador que siguió la beligerancia y murió en sus insaciables torbellinos.  (Ver Elegía El Virrey ha Muerto).

La historiografía admite que lo que aniquiló definitivamente al colosal Imperio de los Incas no fue el puñado de 170 aventureros españoles, que tuvieron la suerte de estar presentes a tiempo, embriagándose de oro y celebridad, sino la agresividad misma de las luchas racistas entre sus súbditos, en inusitado paralelo a la que en el Siglo XX se deshizo con Hitler la Alemania verdaderamente grande, de Bismark. Garcilaso de la Vega nunca se imaginó que el mito de “hijos del Sol y estirpe divina”, que tan poéticamente había historiado en sus “Comentarios Reales”, era la causa rotunda para la desaparición del Tahuantinsuyo.

 

-II-

 

En “Villaviciosa de la Provincia de Hatunllacta” (1975), postrer y pródigo opúsculo que entregó a la docta especulación Monseñor Justino Cástulo Mejía y Mejía (ver Elegía), se sintoniza cabalmente con el dicho de don Emiliano Díaz del Castillo (creo que éste último siguió al prelado historiador) y paladinamente entrambos confunden las Villaviciosas. Claro que Mejía y Mejía es categórico en advertir que se trata de la Villaviciosa de Hatunllacta, cuando presidió la sesión capitular el pretendido fundador Sebastián de Benalcázar, el 30 de julio de 1537. “Benalcázar es el primero que habló de fundación, de población del lugar donde debía fundarse más tarde la Villaviciosa, no en verdad la Villaviciosa de la Concepción, como se había dicho por primera vez  en  la sesión capitular del 26 de marzo, sino de la Villaviciosa de la Provincia de Hatunllacta” (ps. 57 y 148). “Llano grande o tierra grande”, quizá se refería a la amplitud del Valle de Atriz o también a la actual población de Catambuco, donde había un sitio llamado hasta hace poco Llano grande. Estos son los sitios, concluye Mejía: Hatunllacta, Guacanquer, Atriz”, p.68.

Justino acoge la variante filológica Benalcázar, como Jacinto Jijón y Caamaño y José Rafael Sañudo discrepando de Marco Fidel Suárez. Y así también confunde y se confunde el pastuso Díaz del Castillo a lo desparramado de sus pesquisas sobre “San Juan de Pasto – siglo XVI”. Don Emiliano fue apologista del conquistador Sebastián de Belalcázar como fundador de San Juan de Pasto sólo que simultáneamente le atribuye la de la Villaviciosa de la Concepción de los Pastos, y para ello apela a los más intrincados alegatos cual más insostenibles. Abre plaza argumentando que “Pasto oficialmente se distinguió y conoció con los diferentes nombres que le dieron desde el principio: Villaviciosa de la Concepción, Villaviciosa de la provincia de Pasto y Villa de Pasto (p.189) Y por eso divaga desenfadadamente que Belalcázar fue no sólo 1 sino 2 veces su fundador. A pesar de que el entusiasta propagandista pretende insistentemente hacer caer en error al lector en la identidad de Pasto con pastos, Villaviciosa con Villaviciosa de la Concepción de Pasto (75), Villaviciosa de la provincia de Hatunllacta (101), siendo que los folios de los Cabildos siempre hablan de la Villaviciosa de la Concepción de los pastos, distinta de la Villaviciosa de la Provincia de Hatunllacta.

El  profesor  José  Ignacio  Avellaneda  Navas, de la  University  of  Florida  (Revista de la Academia de Nariño, p.120 y ss.) se pronuncia también ante un interrogante provocado por el mismo Puelles y en el que a la pregunta 15, dice: “… sí muchas provincias y pueblos que se habían rebelado y que no habían venido a dar a su Majestad la obediencia, los puse debajo del dominio de su Majestad y poblé y fundé una Villa a la cual puse por nombre la Villaviciosa de la Concepción”. “Más claramente no puede asegurar que él fue el fundador de la ciudad de Pasto”, concluye desembozadamente el profesor Avellaneda. Pero, ¿dónde habla Puelles de Pasto? Habla de ser fundador de la Villaviciosa de la Concepción.

Era tal el extravío que prohombres como Manuel María Rodríguez, tenido como cofundador del departamento de Nariño, dice: “En mitad de este maravilloso cuenco de los Andes, con inmejorables condiciones para la higiene y una extensa urbanización futura (…) está bien trazada desde el año 1539 la ciudad de San Juan de Villaviciosa de los Pastos, irreprochable en los alineamientos de sus calles y plazas…”

El mismo Justino en su pulimentada memoria trae las galeradas en su contra: El 26 de marzo de 1537, bajo la presidencia del Capitán Pedro de Puelles, el escribano público y del consejo por su Majestad, Cristóbal Rodríguez, al efecto de que se le nombrase un reemplazo dijo “porque yo, el dicho escribano Cristóbal Rodríguez, voy con el señor capitán Pedro de Puelles a la Villaviciosa de la Concepción que se ha de poblar”.

Y esta es la primera vez que surge en el Libro Verde el nombre de la Villaviciosa de la Concepción. Ocho días más tarde, el 4 de abril, presente todavía en Quito el capitán Pedro de Puelles, el regidor perpetuo Rodrigo de Ocampo solicita ser reemplazado del cargo, dando por razón “porque él está de partida para irse a residir y avecindar a la villa de Pasto”. (p. 96). Ocho días efímeros apenas, decimos nosotros, en aquella marejada despectiva de las horas, los días, los años, los lustros y los siglos. Y se habla de Pasto distinta a la Villaviciosa de la Concepción.  Otra prueba de que se trata de dos asientos diferentes.

Juan de Arévalo, otro testigo de Puelles, dice categóricamente que lo sabe porque vio a Pedro de Puelles poblar la Villa de la Villaviciosa de la Concepción. Y son 5 los testigos concordes en lo de la Villaviciosa.

Y otra probanza adventicia:  El 30 de junio, Benalcázar, que había asumido la regencia de Quito, declinó definir un pleito del alguacilazgo, porque él estaba “ocupado en cosas que tocan y convienen al servicio de Dios y de su  Majestad, de la guerra contra los indios y está de partida para ir a fundar la Villaviciosa de la Provincia de Hatunllacta”.

-III-

PEDRO DE PUELLES, FUNDADOR DE IPIALES EN 1537

 

Pedro de Puelles, Gonzalo Pizarro, Pedro de Alvarado, Juan de Ampudia, Pedro de Valdivia, Hernando de Soto, Diego de Almagro, Francisco de Orellana, Conquistadores españoles (Photo by Icas94 De Agostini Picture Library vía Getty Images)

 

Pudiera narrarse, de acuerdo con rigurosas y detenidas excavaciones paleográficas que a mediados del año 1537, entre el 26 de marzo y el 4 de septiembre, el capitán Pedro de Puelles, a quien acompañaron Rodrigo de Ocampo y Cristóbal Rodríguez como tenientes del gobernador Francisco Pizarro, emprendió la conquista y poblamiento de la provincia de los Pastos, situada inmediatamente al norte del río Carchi, en donde habitaban los pueblos y parcialidades aborígenes de Piales, Gualmatán, Paguayes o Sapuyes, Túquerres, Mallama, Yascuales, Colembas, Putes, Cumbales, Puetosines, Pastás, Pupiales, Guachucales, Males, etc.

De esta provincia y sus habitantes se refiere el cabildo de Quito en sus diferentes Actas y, particularmente en la suscrita en las fechas que atrás puntualizamos se hace referencia explícita a la conquista y pacificación de los pastos y de su provincia, a la que pertenecimos, como quedó advertido.

Tales actas anotician acerca de la conquista y población de la Villaviciosa de la Concepción, promovida por Pedro de Puelles en territorio pasto y no en territorio Quillacinga, lo que condujo a confusión a nuestros historiadores.

En el Libro de Cabildos de Quito, o Libro Verde, se puntualiza que en un lugar perteneciente a las parcialidades indígenas de la nación pasto, que habitan al norte del Río Carchi, distante 30 leguas de Quito, una legua al septentrión del puente de Rumichaca y 18 leguas al sur del Valle de Atriz, ubicado posiblemente en la región Panan-Pastás o localizado en la zona de Yaramal-Téquez, Pedro de Puelles fundó en la primera década de junio de 1537, la Villaviciosa de la Concepción de los Pastos.

Así se explica cartesianamente que muy luego aquella porción se conociera como Puelles en homenaje al fundador y en virtud a la desaparición por incendio de la primera Villaviciosa de la Concepción. En su consultado “Diccionario Geográfico” Eugenio J. Gómez remata: “La primitiva población existió en la colina de Puente o Puelles, nombre éste que corresponde  al conquistador Pedro de Puelles”, oriundo de Villaviciosa Andalucía, España

La denominación “pasto” empleada por el Cabildo de Quito en sus actas de sesiones correspondientes a los años de 1535 a 1539 en su acepción específica, que designa a los territorios situados al norte del río Carchi o Grande de Quillacinga, hace relación exclusiva a la antes citada Provincia y a sus habitantes de origen chibcha y de lengua cocche, y menos aún al valle de Atriz que se encuentra situado en el corazón de estas provincias.

Y bien vale la pena brevemente en la distinción étnica, geopolítica y sociológica de pastos y Quillacingas. No debe olvidarse que para estas épocas de las actas de conquistas, que  la ciudad de Pasto no se había fundado y que por eso cualquier alusión con ese topónimo se refiere al territorio que habitaban los aborígenes pastos, situados tanto al norte como al sur de Rumichaca, es decir que cubría las provincias de Túquerres y Obando en Colombia y la del Carchi en el Ecuador.

Estos Pastos, es decir, las parcialidades en Tusa, Huasca y Turca fueron incorporadas al “Tahuantinsuyo” y conocidas por el Cabildo de Quito con la denominación genérica de “Pastos”; para el Cabildo las parcialidades al norte de Rumichaca fueron todas “Quillacingas”.

Así las cosas, la gran nación colombo – ecuatoriana de los pastos fue dividida en Pastos y Quillacingas: Pastos para los ecuatorianos; Quillacingas para los ubicados al norte de Rumichaca, lo que condujo al extravío de varios intérpretes, algunos incluso, incisivos (y despistados) contemporáneos.

Inclusive el propio Diccionario Geográfico del IGAC señala que “el territorio de (Ipiales) era habitado por Ipiales y Pastos del grupo Quillacinga” (sic) (T. II. P .1117). Y el coronel Julio Londoño en su trabajo de la Historia Extensa de Colombia también (T. XI.P.114).

Cuando se da comienzo a la conquista y Pedro de Puelles, obedeciendo designios del Gobernador Pizarro, viene al norte de Rumichaca y entrega encomiendas, los habitantes de esta comarca pierden el linaje de “Quillacingas” y vuelven a ser los mismos pastos habitantes de la Provincia de los Pastos.

A esta provincia Quillacinga de los Pastos y a sus habitantes los aborígenes de raza Pasto, se refiere en múltiples ocasiones el Cabildo de Quito en sus diferentes Actas, especialmente en aquellas que consignan lo acontecido en las sesiones correspondientes al 26 de marzo de 1537 hasta el 10 de noviembre del mismo año, pues que hace referencia a la conquista y pacificación de los “Pastos” y de su provincia de los Pastos; muchas de tales Actas dicen relación a las actividades de Pedro de Puelles y sus acompañantes en la conquista y población de la Villaviciosa de la Concepción, cuando como Teniente de Gobernador de tal provincia y de tal villa, se ve enfrentado a la actitud del Cabildo de Quito y del mismo Belalcázar, en relación a la guerra  o sublevación de las parcialidades pastos del norte del río Grande de Quillacinga, como queda constancia en las Actas de 20 de agosto de 1537, de 5 de septiembre y de 10 de noviembre del indicado año.

En el Atlas Germánico (1594) publicado en Colonia, y que es punto de partida de la cartografía colombiana se distingue categóricamente Pasto como población distante y diferente de la Villaviciosa.

 

En el círculo resaltado se puede leer los nombres de Pasto (más al norte) y de Villaviciosa (al sur), que correspondería a Ipiales.

 

De nuestra propia cosecha y de acuerdo inclusive con un mapa, el primero que apareció  en Europa sobre las tierras que hoy integran la República de Colombia, en esas calendas llamada Castilla de Oro , editado en Lovaina, Bélgica ( 1597), atribuido a Cornelius Witflyer , que ubica a la Villaviciosa de la Concepción de la provincia de los pastos al norte del río Carchi y muy al suroccidente de la ciudad de Pasto; así como también un segundo mapa impreso en comienzos del siglo XVI con datos que corresponden 1540 y 1550 , en donde de nuevo aparece  la Villaviciosa de la Concepción al suroccidente de Pasto y al norte del río Carchi : amén de los mapas de Dídaco Mendezio, Arnoldo Florencio Langren, Lenius Hulsium y el Atlas de Mercator – Hondius, respaldados también por los antecedentes de sublevación que para ese entonces se dieron en nuestra comarca y que son recogidos en las Actas de Cabildo, llevan fundadamente al pleno y hasta ahora inédito pero no menos contundente experticio de que esta Villaviciosa de la Concepción de la provincia de los pastos corresponde a nuestro Ipiales que en esta primitiva oportunidad fue destruido por los aborígenes en protesta por la atrabiliaria incursión ibérica. Obsérvese que en la plena prueba cartográfica que aquí aportamos Pasto es identificable y distinta a la Villaviciosa que aparece nítidamente en territorio Pasto.

En el acta del 5 de septiembre de 1537 se consigna lo acontecido en la sesión de esa fecha y que presidió Belalcázar se deja constancia de haberse dado lectura a una carta que remitiera Pedro de Puelles desde la Provincia de los pastos, en la cual solicitaba auxilios al Cabildo de Quito para controlar la insurrección de los aborígenes de raza “Pasto”.

En esta primera expedición que intentaba un súbdito imperial en nuestra comarca debe destacarse que lo hacía como teniente del Marqués Francisco Pizarro para la Gobernación de la Nueva Castilla. Para abundar en alegatos es pertinente citar el documento anónimo sobre el resumen de  las visitas hechas a los indígenas en gran parte del territorio del Nuevo Reino y en el que se describen sus poblados.

El documento data de 1560: “El primer pueblo de la Gobernación de Popayán que cae en  el Distrito del Nuevo Reino de Granada de Villa de Pasto, poblóla y descubrióla Pedro de Puelles por comisión del Marqués Pizarro”. Pues que hemos repetido que los pastos existieron desde edades inmemoriales; que todos los poblados del norte del río Carchi así fueron conocidos; que el más temprano de los cronistas, Cieza de León, así los vio y reconoció en el  libro primero, capítulo XXXIII de su crónica y que por lo tanto el primer pueblo al que se refiera el remoto visitador era el pueblo pasto de Ipiales fundado imperialmente por Pedro de Puelles.

Desde 1545, cuando atravesaron la cordillera, los conquistadores dominaron el mundo de los pastos, su impresionante densidad demográfica (cerca de 100.000 indígenas), su toponimia que alcanzaron a identificar en más de 15 parcialidades y Cieza de León identificó a Ipiales como fronterizo de Rumichaca. Siendo el primer pueblo pasto colombiano es pasible la confusión.

El soldado y sacerdote Juan de Castellanos relieva elocuentemente esta versión cuando en una octava, en la tercera parte de la “Historia de Popayán” relata los preparativos que hizo Belalcázar para su incursión al norte: “El cual, dispuesto para la jornada. Que vistes en la ritma  precedente. A la ciudad volvió recién fundada. Del dicho San Miguel a buscar gente. Dejando con caballos, ávida a aquella que tenía presente. Con Ampudia, que luego hizo vía a Pasto, donde Añasco residía”.

“Pasto, donde Añasco residía” y adonde Ampudia “hizo vía”. Se trataba como se concluye fácilmente de un territorio pasto en donde se asentaría la Villaviciosa de la Concepción de la Provincia de los Pastos. Sencillamente porque la ciudad de Pasto aún no existía. No se había fundado. Todo lo del norte, soñado país del dorado, era provincia pasto.

El cosmógrafo –amén de reconocido cronista– Juan López de Velasco también  admitió: “Poblóla Pedro de Puelles o Lorenzo de Aldana, por comisión de Francisco Pizarro y nombráronla Pasto por estar en la provincia de los indios que llaman pastos”.

El propio Lucas Fernández de Piedrahita en su “Historia General”, tomo I, libro IV, Capítulo II, confirma la intención europea de fundar y poblar la Villaviciosa en la Provincia de los Pastos: “por este tiempo, Gonzalo Díaz de Pineda, teniente de Quito, había pedido comisión a don Francisco Pizarro para poblar una villa en los pastos … confina con los Quillacingas, aunque en las costumbres se diferencian, porque los pastos no comían carne humana”.

Inclusive de acuerdo con los escribanos de Quito, los españoles fundaron la Villaviciosa de Pasto en la “Provincia de Hatunllacta” o sea, ciudad grande y principal, distinta a la Villaviciosa de la Concepción que fue fundada en territorio pasto.

Aún al borde del siglo XXI eminentes administrativistas y políticos caen sensiblemente en la confusión. El exministro de Justicia, de Gobierno, alcalde de Santa Fe de Bogotá, exconstituyente Jaime Castro cuando decía. refiriéndose al nuevamente estrenado onomástico Santa Fe de Bogotá: “Me parece que la cosa va a terminar en algo parecido a lo que ocurre con Santiago de Cali y Cali, con Cartagena de Indias y Cartagena; con San Juan de los Pastos y Pasto”. Es notorio que Castro aquí asemeja a los pastos habitantes antaño y hogaño de las actuales provincias de Obando y Túquerres con los Quillacingas fundadores y habitantes de la provincia de Pasto, y una parte del centro del departamento de Nariño.

Así mismo, el historiador Jorge Morales, en el tomo IV de la Historia de Colombia de Salvat (p. 417) dice que Lorenzo de Aldana “En su camino efectuó la segunda fundación de Pasto en tierra de los indios homónimos (pastos) y no entre Quillacingas, como erróneamente se ha afirmado” (sic).

El propio monarca español, a la sazón Carlos V o su hija Juana (17 V, 1559) cuando concedió nombre y armas a la ciudad la llamó “ciudad de San Juan de Pasto” sin hacer ningún requiebro a su pretendida condición de Villa y menos viciosa…

Cuando el Papa Gregorio XI erigió a Pasto en obispado auxiliar comienza diciendo (y desde luego confundiendo): “La ciudad de Pasto, fundada casi en el centro de aquella provincia (la de los pastos) se la juzga digna de honor…” (Manual de Historia de Pasto, 1996, p. 389).

Y el propio director de la “Nueva Frontera” y expresidente Lleras Restrepo que al comentar el libro de Germán Arciniegas “Los comuneros“, celebra: “Cuántos sutiles y acertados atisbos que no he encontrado en otros historiadores, los relativos al caso de Túquerres, por ejemplo, que también ayuda a entender la actitud de los Pastos durante la guerra de independencia”, desconociendo quizás que los pastos fueron fervientes independentistas, al contrario de los Quillacingas (sede de los pastusos) que fueron fernandistas. En el “Correo de los Andes”, erudita revista de Gómez    Valderrama, Morales Benítez, Sanz de Santamaría, Zubiria y de Arciniegas naturalmente, tan encumbrados letrados hablan también de “Los Clavijos de Pasto” (Vol. 2, núm. 2, marzo de 1980, portada y p. 73) avalados por Vicente Pérez Silva!

Por otra parte, Puelles jamás revindicó la pretendida por otros fundación de Pasto, sino que dijo y comprobó la fundación de la Villaviciosa de la Concepción en territorio pasto, ubicada en una lometa al pie de los volcanes Chiles y Cumbal, junto al río Blanco y/o Guáytara (como lo exigían las pragmáticas reales), lometa que llevó y lleva el apellido del visionario andaluz, y que actualmente es barrio progresista del municipio de Ipiales en la ruta andina de la conquista y la independencia, hacia el Guáitara, hacia Pastás, Guachucal, Carlosama y Túquerres, mojones añosos e indesvirtuables de la antigüedad y cultura pasto.

De personalidad azarosa, casi trágica fue el primer fundador de Ipiales. Por los años veinte anduvo en Centroamérica y con el adelantado Pedro Alvarado y el capitán Garcilaso de la Vega (padre) se embarcaron para el osado viaje hacia el Perú. En 1537, luego de la fundación de Villaviciosa, Puelles va a Santa Fe a explicar sus exploraciones y hazañas. Se entrevista, uno de los primeros, con el Licenciado Jiménez de Quesada a quien acompaña como testigo en la fundación legal y solemne de la capital de la República. El sevillano lo hace encomendero de Chía en 1539. Bajó a la costa con Jiménez, Federmann y Belalcázar; pasó por Cartagena a Panamá y el 12 de septiembre de 1540 se recibió como teniente el gobernador Lorenzo de Aldana para la Villa de Quito.

 

Tomo I, Libro de Cabildos de Quito, pág. 245, última reunión de Cabildo presidida por Pedro de Puelles el 30 de abril de 1537, antes de salir a fundar la Villaviciosa de la Concepción

 

Los años siguientes son crispantes y de conspiración. En 1544 los conquistadores se niegan a someterse a las autoridades civiles que nombra el Rey y no obedecían las leyes de indias, proteccionistas de los aborígenes, que ya traían la expropiación de las tierras ociosas.

El mismísimo Virrey peruano Blasco Núñez Vela, cae degollado en presencia de Puelles cuando en 1546 el ejército real se enfrenta con el sublevado Gonzalo Pizarro, de cuya causa era uno de los jefes nuestro fundador, y se enfrenta con el propio Belalcázar que acompañaba al Virrey. Pasan por Caranqui en diciembre de 1545. En Otavalo esclarecen que son su ejército de 400 improvisados y bisoños aprendices.

Cruzan el río Guayllabamba y llegan a Quito, abandonado y desierto. Allí toman exacto conocimiento de las fuerzas acantonadas de los rebeldes. Son los preliminares aciagos de la célebre batalla del llano de Iñaquito que se empeñará el 15 de enero de 1546. Es la derrota total del Virrey y su muerte ignominiosa, que ha narrado horrorizado monseñor González Suárez.

Interesante saber al margen que el soldado– historiador Cieza de León participó a órdenes de Belalcázar en esta batalla y más seductor enterarse que tuvo tiempo para ser corresponsal de guerra. El libro II de la cuarta parte de su obra “La guerra de Quito “así  lo comprueba.

Según el etnohistoriador ipialeño Armando Oviedo: “El nombre de Pasto como región y pastos como gentilicio indígena de ese asiento hispánico después de la conquista, lo comenzaron a usar los españoles. Pastos denominaron a la etnia enmarcada, por el norte, entre las cercanías de los actuales municipios de Yacuanquer (desde la orilla sur del actual río Guáitara, Pastarán en lengua pasto y según lenguas vernáculas, guerrero que acompañaba a Manco Cápac, y Funes; y por el sur, desde la orilla norte del río Chota (en la actual república del Ecuador) tomándolo del nombre del poblado conocido como Pastás o Apastás (hoy, Aldana, muy cercano a Ipiales por la carretera hacia Túquerres). A este caserío, el conquistador capitán Pedro de Puelles llamó Villaviciosa en honor y recuerdo de su patria chica en la provincia de Asturias, pues ya antes había llamado Villaviciosa de Portoviejo al actual Portoviejo, en la costa ecuatoriana”.

A la segunda Villaviciosa (Pastás o Apastás) se le llama luego Villaviciosa de la Concepción o sólo Pasto, cuando, al parecer, se le funda oficialmente con su cabildo, misa y sanción religiosa correspondientes. En 1538 el conquistador Belalcázar la despuebla. Entonces Lorenzo de Aldana la funda nuevamente pero ya entonces en el norte, en la actual población de Yacuanquer (mucho más “arriba” de la orilla norte del río Guáitara), con igual nombre: Villaviciosa de la Concepción o sólo Pasto, conservando el mismo nombre con el que la fundara Puelles años antes en el poblado indígena de Pastás. Es decir, el mismo nombre para dos sitios bastante distantes entre sí; al sur, el original y al norte el posterior.

Poco tiempo después, al parecer en 1541, se le traslada donde definitivamente se encuentra hoy, en el llamada Valle de Atriz, con el extenso nombre de Villaviciosa de la Concepción de Pasto, primer apelativo de la actual ciudad, no importa que no estuvieran habitados ni Yacuanquer ni el Valle de Atriz por la etnia de los pastos, sino por la de los Quillacingas, sometidos ambos, antes de los españoles, al imperio incaico.

Para su administración, los españoles dividieron la región en Distrito de Pasto, poblada por los Quillacingas (de la nación Quillacinga) todo lo que estuviera al norte del río Guáitara, y la Tenencia de los pastos, lo que estuviera hacia el sur (Ipiales y Túquerres, los más importantes y representativos). Pero Pasto quedó para siempre como la ciudad y como la región que se seguiría llamando así hasta que esta última cambió su nombre por el del actual departamento de Nariño.

Las “Geometrías”, escrito con el que colaborábamos en Diario del Sur, en 1987, (13 de enero) traen la prevención de que las celebraciones del 450 aniversario de la fundación de la ciudad de San Juan de Pasto carecían de documentación: “Se debe significar que el acta de fundación no ha sido hallada. Y que bien podría encontrarse. Por ejemplo, Camilo Orbes Moreno que tantas sorpresas históricas nos ha dado puede hacerlo. Y que bien puede figurar allá otro año. Por lo que esta celebración trisesquicentenaria resultaría sencillamente inexequible”.

No fue Orbes Moreno, pero sí Álvaro Gómez Jurado Forero, el erudito explorador de nuestros ayeres quien en un espléndido tomo editado por la Biblioteca Popular Nariñense, denominado “Lorenzo de Aldana, fundador de Pasto”, rastrea con meticulosidad y profesionalismo no solo la totalidad de los libros que contienen las actas de los cabildos de Quito, sino que con una abultada y documentada bibliografía fulmina uno a uno todos los sumarios y ligeros argumentos que llevaron a todos nuestros cronistas tanto incaicos como “surianos”,  a levantar las falacias –ahora demolidas- del trisesquicentenario en 1537-1587.

Inicia el autor con una ponderada precisión de conceptos que hasta ayer mismo fueron para nosotros mismos confusos e ininteligibles. Fueron Quillacingas, p.e., todas las naciones situadas al norte del Tahuantinsuyo.

El río Angasmayo no es el mismo río Carchi-Guáitara, como hasta ayer mismo lo creíamos, sino que es el límite entre una pretendida gobernación de Quito con la gobernación de Popayán; los pastos habitaban los territorios situados tanto al norte como al sur del río Carchi, comprendiendo en consecuencia a las regiones de la actual provincia del Carchi en Ecuador y a la sabana de Ipiales y Túquerres, en Colombia.

Fueron dos las Villaviciosas de la Concepción que se fundaron en aquellas edades. La una, Villaviciosa de la Concepción, fundada por Pedro de Puelles en 1537, que desapareció por la feroz resistencia de los aborígenes en septiembre de aquel mismo año (y que nosotros, dados los antecedentes históricos que conocemos y que aquí también hemos publicado y aún más de acuerdo con los documentos cartográficos, pensamos fundadamente que fue nuestro pueblo de Ipiales).

La otra Villaviciosa, la de la Provincia de Hatunllacta, que corresponde a la primitiva población antecesora de Pasto, fundada en octubre de 1539 por el teniente general del Reino de Nueva Castilla, don Lorenzo de Aldana.

Y para mayor alarma de nuestros académicos: el príncipe de los cronistas, Pedro Cieza de León, quien pasó por Pasto, ya trasladada al Valle de Atriz, en el año de 1547, cuando pergeñaba sus memorias, consultó el acta de fundación de la Villa de Pasto en 1539 de Yacuanquer y conoció el AUTO por el cual aquella fue adicionada, algunas de cuyas frases textuales transcribió entre comillas, quien además recibió el testimonio unánime de sus moradores con relación a la Fundación de su Villa, perteneciente a la Gobernación de Popayán, bajo la autoridad de Belalcázar.

A propósito del Adelantado –que ha sido considerado el flamante fundador de Pasto-, éste nunca reclamó para sí la fundación (El, que pretendió falsamente ante el Rey serlo de ciudades como Neiva o Anserma o Timaná, que nunca ni siquiera conoció). Apenas en 1540 supo de la fundación de Pasto que había hecho Aldana en octubre de 1539.

Así mismo, muy mal parados quedaron legendarios cronistas como Juan de Castellanos o fray Pedro Simón que, según se sabe hoy, carecieron de una elemental crítica histórica para respaldar sus apuntamientos en los hechos o por lo menos en noticias fehacientes.

Empero, por decisión autorizada, la controversia está liquidada. Fue en el año 1537 la población y fundación de la  Villaviciosa de la provincia de Hatunllacta; de la Villaviciosa de Pasto, de la Villa de Quillacinga, Villa de Pasto y/o San Juan de Pasto, como se quiera. (Hatunllactas eran los indios mal llamados Quillacingas, y los pastos se encontraban al sur de los Hatunllactas).

Pedro de Puelles, Rodrigo de Ocampo, Gonzalo Diaz de Pineda, Lorenzo de Aldana, se disputan con Sebastián de Belalcázar el eximio honor.

Justino dice: “Aunque precariamente, Pasto fue fundada en 1537. La precariedad depende de las enrevesadas circunstancias políticas en que se llevó a cabo. Pero tan fundada estaba oficialmente que el gobernador Francisco Pizarro habla en la ciudad de los Reyes el 30 de octubre de ese año sobre la Villaviciosa de la Concepción que agora nuevamente se funda y da un mandamiento al teniente y justicia de ella”.

Catorce años atrás, en 1961 –empero- en su monumental investigación sobre la “Geografía pastusa de la fe”, monseñor encuentra la fundación de la ciudad en el año de 1536 (Op.Cit., p. 123).

Notabilísimos suramericanistas disienten desde los socavones de la historia de la versión de Mejía y Mejía. Pedro Cieza de León –el primero-, consagrado indiano, en su “Crónica del Perú”, señala 1539; coincide en el año, el autor de la “Descripción de las Indias Occidentales”, Antonio de Herrera; Giandomenico Coletti, en su Dizzionario Stórico-geográfico del América Meridional, ubica también la fundación en 1539. Así mismo Lucas Fernández de Piedrahita, en su “Historia General del Nuevo Reino de Granada”, y para rematar también el jesuita Juan de Velasco, se apunta con los anteriores. En 1538, lo afirma Lupercio Obando Sotelo, que antes de 1537 también se ha afirmado en el Sexto Congreso Nacional de Historia reunido en Pasto, uno de los ponentes, autor de “Pasto, ciudadela de España en el Virreinato de Santa Fe”, ubicó en 1536 la fundación, dato del cual dijo puede suministrar toda la bibliografía. Lo interpeló Emiliano Díaz del Castillo, pero la memoria del congreso no registra su sustento. (Jorge Buendía, Cultura Nariñense,103, p. 101).

—–

(Puede consultarse, además, nuestro trabajo “La Fuerza de la Patria”, en el que incursionamos extensamente en la narrativa de la epopeya que concluyó con nuestra épica fundación. Y consultar las Elegías de Varones Ilustres de la Provincia de la Villaviciosa de la Concepción de los Pastos de Ipiales, ojalá de pronta publicación).

Comments (0)
Add Comment