IPIALEÑA, DIOSA CORONADA EN EL “MARUJA VIEIRA” 2025

Felices los ipialeños, con este anticipo de aguinaldo, y feliz la poesía del sur...

Por:

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

En una fastuosa ceremonia en el MAMBO, anoche se premiaron la mejor poesía y los mejores poetas del año enmarcados en la convocatoria PREMIO DE POESIA ANUAL MARUJA VIERA, en homenaje a la rapsoda manizaleña, que ya centenaria continuaba iluminando el mundo de las letras y las humanidades. Cómplice y contertulia de intelectuales efervescentes e irreverentes tales como León de Greiff, Jorge Zalamea, Luis Vidales, Hernando Téllez, Juan Lozano y Juan Roca Lemos. Solamente Emilia Pardo Umaña, la pintora Lucy Tejada, la locutora Cecilia Fonseca de Ibáñez, la poetisa Maruja Vieira White anatemizada por los cuatro costados si se tiene en cuenta que era hermana del temible comunista Gilberto Vieira, elaboraba epigramas eróticos y además fumaba en solitario y hace 70 años. Con el mayor agravante de ser amiga y tentación del más comunista y leninista Pablo Neruda.

 

El Premio Nacional de Poesía Maruja Vieira– RTVC es un tributo a Maruja Vieira (1922–2023), poeta, periodista, académica y defensora incansable de los derechos de las mujeres,
2.640 participantes enviaron más de 7.000 poemas, con edades entre 16 y 70 años, de varias regiones del país. El tercer lugar lo obtuvo Brenda Catherine Pérez (segunda, de derecha a izquierda), nacida en Ipiales, por su poema “Las que no fuimos diosas”.

 

Al paraninfo de las bendecidas con el lauro de la lírica fue llamada nuestra iluminada juglar, paisana ipialeña Brenda Pérez, además selectora musical, pedagoga de la Universidad del Valle. Su valencia artística se cierne entre talleres y exposiciones de fanzine en donde conviven en mundo mágico, narrativa, música y tentaciones editoriales. Su más reciente COLECTIVO se contabiliza en INVENTARIO.

Aquí una selección de su agraciada y premiada obra:

“En qué infierno acabaremos las equivocadas, las que no fuimos genios ni santas, las que sobrevivimos de prestado, jugando con las sombras después de conocer la luz” (“Las que no fuimos diosas”)

“La lluvia de apocalipsis atómico disuelve el rostro de las estatuas. El viento se ha declarado enemigo del bosque, Hombres azules defienden los ríos. Hombres verdes defienden los árboles…

La Poesía es azul como los ríos, la esperanza Verde como los árboles, ¡La vida ganará la batalla!

Y al Distrito Capital le dedica su homenaje:

“Ciudad partida en destellos, biografía rota de lluvia y cemento. Tu pasado se queda atrapado en las arrugas de las calles, en la mueca cansada de cada rostro. Camino tu zoológico de olores y pasos, este trueque miserable de asaltos y sudores…”

En el reportaje especial de televisión que le hicieron, la poetisa ipialeña dijo que hacer poesía es una revolución, es una lucha; en Ipiales hay semillero de lírica.

No dejó de invocar a la de Las Lajas, como virgen y como la primera diosa. Igual reclamó de bibliotecas y escenarios naturales y culturales propicios a la creación y a la imaginación.

Felices los ipialeños, con este anticipo de aguinaldo, y feliz la poesía del sur, que tiene como en los antiguos juegos florales de la Grecia, de la Roma, de la Atenas Suramericana y de la ciudad de las Nubes Verdes, su nueva DIOSA CORONADA

(¡Saludos festivos y contagiosos a Franklin, su padre, de los Pérez Merchancanos!)

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