GONZALO BRAVO PÉREZ, MÁRTIR ESTUDIANTIL COLOMBIANO

La memoria de Gonzalo Bravo Pérez permaneció viva en Nariño desde los primeros años posteriores a su muerte.

Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Durante la primera semana de junio de 1929, Bogotá vivía una profunda agitación política y social. La ciudadanía protestaba por los actos de corrupción que rodeaban a la alcaldía municipal, a la gobernación de Cundinamarca y al propio gobierno nacional, encabezado por el presidente Miguel Abadía Méndez. La llamada Rosca fue el nombre con que estudiantes, periodistas y sectores de oposición denunciaron una red de poder que, durante los últimos años de la Hegemonía Conservadora, controlaba cargos públicos y decisiones administrativas mediante el favoritismo político, el clientelismo y las influencias personales. Para amplios sectores de la sociedad, la Rosca simbolizaba la corrupción de un régimen incapaz de responder a las demandas ciudadanas y de asumir responsabilidades por hechos como la Masacre de las Bananeras. Las protestas de junio de 1929 surgieron precisamente contra ese sistema de privilegios y exclusiones, convirtiéndose en una movilización cívica que cuestionó la legitimidad del gobierno y contribuyó al creciente desgaste del orden conservador que había dominado el país durante más de cuatro décadas.

 

Gonzalo Bravo Pérez

 

Los estudiantes desempeñaron un papel central en aquellas jornadas al encabezar la movilización ciudadana contra la corrupción administrativa, el clientelismo político y la concentración del poder en manos de la llamada Rosca. Inspirados por los ideales de renovación democrática que recorrían América Latina desde la Reforma Universitaria de Córdoba, asumieron una actitud crítica frente al régimen conservador y trascendieron las reivindicaciones académicas para intervenir en los debates nacionales. Sus manifestaciones, reuniones y pronunciamientos lograron canalizar el descontento de amplios sectores urbanos, convirtiendo al movimiento estudiantil en una de las principales fuerzas de oposición política y moral frente a un sistema que muchos consideraban agotado y alejado de las demandas de la sociedad.

Las protestas fueron lideradas principalmente por estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, que en ese momento constituía el núcleo más importante del movimiento estudiantil bogotano. Sin embargo, también participaron estudiantes de otras instituciones de educación superior de la capital, entre ellas la Universidad Republicana, la Universidad Externado de Colombia y el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. La movilización logró reunir a jóvenes de distintas corrientes ideológicas y procedencias sociales en torno a una agenda común de rechazo al clientelismo, la corrupción y las prácticas políticas asociadas con la Rosca.

En medio de aquel ambiente de efervescencia política se encontraba Gonzalo Bravo Pérez, joven estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Nació en Ipiales en 1909. Fueron sus padres Julio Bravo Mejía (Ipiales, 1879 – Pasto, 8 de febrero de 1962) y Leonila Pérez Rosero (Barbacoas, 1881 – Quito, 1943), quienes contrajeron matrimonio en la parroquia de San Pedro Mártir de Ipiales el 17 de enero de 1897. Fueron sus hermanos Isabel (1897), Juan Bautista (1899), Luis Néstor (Tulcán, 1900), Beatriz (1901-1994), Inés (1903), Enrique (1907-1976), Carlos Genaro (1908-1961), Julio (1910) y Clemencia Manuela (1912). Su madre era hermana del magistrado Gonzalo Pérez, destacado jurista y amigo personal del presidente Miguel Abadía Méndez, quien, paradójicamente, ejerció durante algún tiempo como acudiente del joven estudiante ipialeño.

Su padre, Julio Bravo, destacó como comerciante e industrial. Entre sus principales realizaciones figura la creación de las plantas eléctricas de Las Lajas y de Pasto, esta última antecedente de la actual Centrales Eléctricas de Nariño – CEDENAR-. Vinculado al Partido Liberal, participó activamente en la vida política regional. Su hijo, Juan Bautista Bravo, ejerció la Gobernación de Nariño entre 1942 y 1944 como representante de esa colectividad política.

Gonzalo obtuvo el título de bachiller el 13 de julio de 1926 en el Colegio de La Inmaculada, regentado por los Hermanos Maristas en la ciudad de Pasto. Una semblanza publicada con motivo del primer aniversario de su muerte en el periódico El Colegial señala que desde sus años escolares obtuvo reiteradamente premios de honor y que, al graduarse, recibió una medalla otorgada por el Honorable Concejo Municipal de Pasto en reconocimiento a su sobresaliente desempeño académico. Posteriormente ingresó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Colombia.

La noche del 7 de junio de 1929, Gonzalo Bravo Pérez regresaba a su residencia tras una jornada marcada por las manifestaciones estudiantiles. Según testimonios familiares y memorias regionales, se encontraba acompañado por un paisano de apellido Vela cuando fue herido, entre las diez y las once de la noche, en las inmediaciones de la carrera 8.ª con calle 9.ª, por un disparo proveniente de los efectivos de la fuerza pública que custodiaban el Palacio de la Carrera.

La muerte de Gonzalo Bravo Pérez desató una oleada de indignación sin precedentes en la capital. Lo que había comenzado como una protesta estudiantil se transformó en una masiva manifestación de duelo y rechazo a la violencia estatal. Miles de estudiantes, obreros, empleados, intelectuales y ciudadanos acompañaron su sepelio por las calles de Bogotá, convirtiendo el cortejo fúnebre en una poderosa demostración de unidad cívica contra la represión y los abusos del poder. La imagen del joven estudiante abatido por una bala oficial conmovió profundamente a la opinión pública y convirtió su muerte en un símbolo de las demandas de justicia, libertad y renovación política que recorrían el país. A partir de entonces, Gonzalo Bravo Pérez dejó de ser únicamente una víctima de la represión para convertirse en el emblema de una generación que desafió el orden establecido y contribuyó al desgaste de la Hegemonía Conservadora.

El 8 de junio se conmemora en Colombia el Día del Estudiante Caído, una fecha que honra la memoria de los jóvenes que han perdido la vida en defensa de las libertades democráticas, la justicia social y la autonomía universitaria. La conmemoración tuvo su origen en la muerte de Gonzalo Bravo Pérez en 1929 y adquirió un significado nacional en 1954, cuando varios estudiantes fueron asesinados durante las jornadas realizadas para recordar su sacrificio. Desde entonces, la fecha se ha consolidado como un símbolo de la participación crítica de la juventud en la vida pública colombiana.

La memoria de Gonzalo Bravo Pérez permaneció viva en Nariño desde los primeros años posteriores a su muerte. Una muestra de ello es el soneto que le dedicó Gerardo Cortés Gutiérrez en las páginas del periódico Juventud de Pasto, publicado con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento y titulado Para la tumba de Gonzalo Bravo Pérez:

 

Fuiste piadoso, dócil y sincero;
de tu hogar esperanza y regocijo;
y en lo cristiano, férvido y prolijo
entre tus camaradas el primero.

En la diaria jornada, delantero
y esforzado seguías; siempre fijo
como buen ciudadano y mejor hijo
en mantener tu porte caballero.

¡La desgracia te hirió, no fue el acecho…
Y el malhadado plomo que homicida
el alma te arrancó del noble pecho,

sólo un pretexto fue; que ya tu Égida,
al dejarte partir, cedió al derecho
del que es la Senda, la Verdad, la Vida!

 

Tumba de Gonzalo Bravo Pérez en el Cementerio Central de Bogotá, lugar de peregrinaje estudiantil cada 8 de junio
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