“EN EL CORAZÓN DE LA AMÉRICA VIRGEN” DE JULIO QUIÑONES PAZOS

- Centenario -

Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Como mencionamos en el artículo anterior, referente al libro “La guarida de los asesinos” del escritor nariñense Ricardo Gómez, también este 2024 conmemoramos el centenario del libro “En el corazón de la América virgen”, del escritor pastuso Julio Quiñones Pazos, los cuales, junto con “La vorágine”, de José Eustasio Rivera, nos dan tanto una cruda visión de los atropellos cometidos por los explotadores del Caucho en el oriente colombiano, así como sobre la intromisión del colono dentro de las comunidades indígenas que, quiéranlo o no, infieren hondamente en su vivencia dentro de la selva.

 

Edición príncipe, 1924 (Colección JMCHB)

 

El autor

 

Julio Teófilo Quiñones Pazos, natural de la ciudad de Pasto, sus padres fueron Pablo L. Quiñones y Celia Pazos, ambos naturales de Pasto, en 1881 se radicaron en Tulcán, donde fallecieron dos de sus hermanos a muy temprana edad, Julio Rafael y Celia. Por su obra biográfica “Lejanas añoranzas” (1952), sabemos que estudió humanidades en el Colegio Javeriano de Pasto y que siendo muy joven  viajó a la amazonia colombiana, donde se integró como farmaceuta a órdenes del General Pablo J. Monroy, nombrado el 25 de agosto de 1906 Jefe de la Colonia Militar del Putumayo.

Se anota que viajó en 1906, sin embargo, en un informe que da el señor Gabriel Martínez al Intendente del Putumayo, firmado el 2 de noviembre de 1903, denunciando el atropello que cometían los peruanos contra los colombianos, particularmente en el río Caraparaná, a donde llegaron 70 hombres pertenecientes a “La Chorrera”, buscando desertores, anota: “Sobre esto pueden declarar  los  Señores  Antonio  Ordóñez,  Antonio  Martínez,  Julio  Quiñones, Pedro O, Pizarro y otros individuos residentes en el Caraparaná.” (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2014, p. 54), de donde se colige que su permanencia en la amazonia es anterior a lo afirmado, incluso por el propio autor, quien anota que vivió 4 años ahí, de 1907 a 1911.

En 1908 su nombre aparece en dos informes. El primero, firmado el 28 de enero de 1908, en carta de Rogelio Becerra al Intendente del Putumayo, informando como 40 indígenas colombianos huyeron de los peruanos, siendo perseguidos por estos en tierra colombiana, al respecto anota: “Los soldados dicen que oyeron a Sumaeta, que dijo al Inspector que Antonio Ordóñez les había mandado a avisar con Julio Quiñones, que el Inspector Don Gabriel Martínez, se iba llevando como cuarenta salvajes de los huidos y que Don Gabriel dijo que quería poner su honor en limpio.” (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2014, p. 200).

El segundo, firmado el 23 de marzo de 1908, en informe de Antonio Ordóñez a Fidel Villota, denunciando la invasión peruana en Yubineto, aparece nuevamente su nombre: “también te avisaré que a Julio Quiñones lo trataron muy mal en Iquitos pero la peor desgracia fue que de regreso de Iquitos lo tomaron preso en el Campuyá a él  y  sus  compañeros [,]  por esa razón no han podido subir los San Diegos, así es pues que esperamos de nuestros amigos que se empeñan con el gobierno porque nos preste protección para poder favorecer nuestros intereses, y confiamos que velará por los hijos de Colombia pues es la única esperanza que nosotros abrigamos en nuestro gobierno que nos atenderá a nuestras suplicas.” (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2014, p. 233).

Estas descripciones coinciden con las que hacen del autor en el libro “Colombia Cuenta”, publicado por Sura en 2019, al respecto anotan: “De Quiñones sabemos poco: en 1907 viajó desde Pasto hasta Putumayo en calidad de enfermero de la expedición del General Pablo J. Monroy para enfrentar a los caucheros peruanos, especialmente de la Casa Arana. Con el tiempo, terminó trabajando como siringuero y huyendo al interior de la selva, donde convivió con el clan nonuya de la comunidad uitoto hasta 1911.” (p. 86). El propio editor de la edición de 1924, anota al respecto: “El autor permaneció durante cuatro años, de 1907 a 1911, en medio de las tribus salvajes del Amazonas y allí aprendió su lenguaje, pudo estudiar sus costumbres y conocer sus tradiciones” (Quiñones, 2016, p. 14).  

Por su libro “Lejanas añoranzas” (1952), sabemos que del Amazonas emprendió viaje a Inglaterra, llegando a Londres el 21 de junio de 1911, presenciando la coronación del rey Jorge V, que fue al día siguiente. Allá inició estudios de inglés y comercio en el Pitman School, posteriormente viaja a París, donde continúa estudios de comercio en el Instituto Pusade; visita luego España, Italia y Suiza. Regresa a Londres, donde trabaja en el Banco Cox & Co. Relata cómo durante su permanencia en Europa fue testigo del inicio y final de la Primera Guerra Mundial.

No se sabe cuando regresó al país, sin embargo se radicó en Cartagena, ahí se casó en Santa Cruz de Manga, con Ester Gomes Casseres, el 17 de diciembre de 1941. La editorial ABC de Bogotá publicó la traducción de “En el corazón de la América virgen” hecha por él mismo y en 1949 aparece como profesor de literatura francesa en el Colegio San Pedro Claver de dicha ciudad.

Algunos investigadores afirman que Julio Quiñones era barbacoano, sin embargo hemos encontrado su partida de matrimonio, así como partidas de sus padres y hermanos, en donde claramente se afirma que eran naturales de Pasto; así mismo hay un error en cuanto a su segundo apellido, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, así como en algunas investigaciones, aparece como Quiñones Carreño, cuando en los mismos documentos se aclara que su madre era de apellido Pazos.

Los editores de la edición de 2016 dan cuenta de la carencia de datos biográficos sobre Quiñones, aunque se dan por ciertos algunos datos, quedan algunas dudas, como el del lugar de nacimiento; en esta nota queda claro que nació en Pasto y que sus padres eran también de ahí, aunque como bien se sabe, el apellido Quiñones es puramente barbacoano, quizá de allá vienen sus ascendientes; así mismo queda claro que los apellidos del autor son Quiñones Pazos. Lo curioso es que el autor jamás habla de su ciudad natal, mucho menos de su departamento, en “Lejanas añoranzas” anota que estudió en un colegio de jesuitas, siendo con seguridad el de Pasto, además anota que su niñez y su juventud no fue feliz, y que prefería no evocar esos momentos.

 

Dedicatoria del autor (Colección JMCHB)

 

Es autor de los siguientes libros:

  • Au coeur de l`Amérique vierge (1924). París: J. Peyronnet et Cie, éditeurs.
  • En el corazón de la América virgen (1948). Bogotá: Editorial ABC.
  • En el corazón de la América virgen (2016). Bogotá: Diente de León.
  • Ensayo sobre la vida sentimental de Federico Chopin y su época (1949). Cartagena: Editora Bolívar.
  • La noche de San Patricio o las cuatro aventuras (1950), Medellín: Editorial Bedout.
  • Lejanas añoranzas (1952). Medellín: Editorial Bedout.

Además anota que en París publicó la novela “C`est au destin que je pardonnne”, la misma que cita Sánchez Montenegro, sin que se tenga razón de ella, y que escribió la novela histórica “El Putumayo”, la cual nunca publicó.

 

El libro

 

Esta novela de Julio Quiñones es una vivencia propia con la comunidad de los Uitotos, especialmente en la tribu de los Nonuyas, así lo anota el editor en la edición de 1924: “En el corazón de la América Virgen no es de ninguna manera una novela imaginaria, sino el relato de una aventura vivida”, donde parece que el autor llegó después de haberse perdido en la selva. Las novelas de selva, como La Vorágine, muestran un escenario dantesco, donde la selva termina por devorar a quienes le son ajenos; Quiñones, por su parte, lo que anota son las propias contradicciones que tiene la selva por sí misma, los peligros naturales y también los humanos, donde los espíritus de los enemigos, corporizados en jaguares y otros animales, rondan para seguir mostrando su fuerza en medio de los mortales.

Interesante que las descripciones no son de asombro o meramente descriptivas, sino que el autor las hace desde una apropiación de una cultura que no es la suya, pero que pareciera le es cercana, de ahí la importancia no solamente literaria del libro, sino también desde la mirada atenta de un colono que se acopla a la vida de la comunidad a la que llega.  Así mismo la descripción de los personajes es puesta en circunstancia histórica, reconocen que hay unos cambios que deben aceptarse, hay una dualidad entre el pasado y el presente: “Nuestros antepasados vivían del porvenir y nosotros vivimos del pasado, porque en nuestra ignorancia, vivimos siempre atormentados por la añoranza de las cosas desaparecidas” (p. 34).

Hay un reclamo a desconocer las leyes que imperan en la naturaleza, por eso el desequilibrio -el jaguar no opera aquí como ese ajeno, sino más bien como una espiritualidad que reclama al otro que es considerado un enemigo, por eso ahí está el alma de los enemigos, siendo necesario matarlo-, por eso el encuentro de tribus se alimenta con lo que cada una de ellas representa, de ahí el reproche o la preocupación de encontrar en medio de ellos a un blanco -biracuchas.

La relación de amor que surge entre Icha -Willy, alter ego del autor- y Moneycueño, hija del jefe Fusicayna, es prohibida, por eso se esconde, ese amor puede traer la ruina del pueblo, por eso ella prefiere suicidarse antes que huir con el biracucha, con el ajeno, antes del ritual de su casamiento, ofrenda su vida para no caer en la tentación de un amor prohibido. ¿Acaso el veneno es un símbolo más del mal que venían padeciendo, de los blancos y del relajamiento de costumbres que cada vez se narra en la novela? “Yo no puedo huir, yo soy la hija de Fusicayna, y este recuerdo llenaba su corazón de tristeza y de desesperación; él comprendió su amor, y la grandeza de su sacrificio” (p. 192). Icha, es decir el extranjero, se suicida también, no puede vivir sin el amor de su amada. ¿Acaso una metáfora de muerte también del extranjero en medio de la selva que desconoce? El ciego, al final, por eso recita una letanía por no poder llorar. La ceguera, como una metáfora de quien ignora lo que pasa, de hacerse el desconocido frente a todo el drama que se suscita a su alrededor.

 

Indígena Uitoto, 1913 (De Hardenburg, Walter Ernest, 1886-1942)

 

En Nariño fue un escritor realmente desconocido, su nombre no aparece en los estudios liminares de autores regionales,  Víctor Sánchez Montenegro anota: “Julio Quiñones, de Pasto. Es un literato desconocido para la mayor parte de los nariñenses, porque salió de sus lares hace muchos años y se dedicó a viajar por Europa y los Estados Unidos. En París ha publicado novelas en francés que domina como su propia lengua. Una de esas le tradujo él mismo al español. Me refiero especialmente a “C`est le destin que je pardone”, que le dio renombre americano. Es autor también de un documentado libro sobre el Amazonas. Escribe constantemente en la prensa de Cartagena en donde reside desde hace algún tiempo” (Sánchez, 1949, p. XC).

La recepción de la novela en Colombia fue tardía, a tal punto que Sánchez Montenegro ni siquiera la nombra; sin embargo, el autor en la edición de 1948 anota: “Este libro fue publicado en París en 1924 y los periódicos de Francia, Bélgica y Suiza, emitieron sobre él conceptos muy elogiosos” , además reconoce el valor etnográfico que representaba: “Su interés no es solamente por el relato novelesco, sino más bien por ser un estudio etnográfico de las tribus de los Güitotos que habitaban la región colombiana del Caraparaná hasta 1911.” Aparecen notas de prensa y de autores que encuentran en la obra la descripción de un territorio desconocido por ellos.

Jaime Terán en “Aproximación en la historia de la literatura nariñense” (1987), describe el exotismo que acompaña al texto; Cecilia Caicedo en su célebre libro “La novela en el departamento de Nariño” (1990), reconoce más el valor etnográfico de la novela, a la cual la incluye en el movimiento indianista, valorándola como novela testimonial. Por su parte Jorge Verdugo en “Sobre el canon y la canonización de la narrativa en Nariño en el siglo XX”, pasa casi que de largo sobre la novela, la anota dentro de las novelas cuya canonización viene de afuera, en este caso por haberse publicado en Francia y tener cierto reconocimiento en Europa y Estados Unidos, y refiriéndose al libro de Raymond Williams, “Novela y poder en Colombia, 1844-1987”, anota que este autor incluye a la novela en el capítulo sobre la tradición costeña, escribe Verdugo: “la considera anacrónica por su tono romántico y por el tratamiento ingenuo que le da a la cultura indígena. No parece estar ubicada en el lugar más apropiado”, aunque no argumenta porqué.

 

Edición Diente de León (2016)

 

En el caso de Nariño, una lectura detenida de la novela la hace Alexis Uscátegui Narváez, en los artículos “En el corazón de la América virgen de Julio Quiñones: una alternativa en la novelística colombiana” (2016), y “Apuntaciones  sobre  la  novelística  autobiográfica  de  Julio  Quiñones” (2017), escrito con el profesor Francisco Delgado, y particularmente en el libro “Narrar la selva. Confluencias heterogéneas en la novela amazónica” (2017), reconoce que esta novela es “la que inicia desde una perspectiva indígena la presentación de la vida en la selva. Además, es una obra que dimensiona el desastre cultural que significó el exterminio de los uitotos, grandes sabedores de un pasado milenario, por parte de la compañía de César Arana en el alto Amazonas colombiano” (2016), valorando el aporte que desde la literatura se hace al reconocimiento y valoración de los nonuya, registrando sus saberes propios, diferente en todo caso a obras que, como La Vorágine, Toa o El paraíso del diablo, ven al indígena como víctimas desposeídos de una tradición propia, además de desentrañar la metáfora constante que hay en la novela.

Así mismo el profundo y completo estudio que hace Carmen Catalina Cabrera de Aguirre, en su tesis de maestría en etnoliteratura, “Sustratos de la cultura indígena Huitoto-Nonuya en el sincretismo de la novela En el corazón de la américa virgen” (Pasto, 1993), es quizá el análisis más completo que se encuentra hasta el momento, desentrañando el contexto en que fue escrita la obra hace 100 años, así como el contexto simbólico que ahí se maneja, ayudándose para ello no solamente de textos etnológicos y literarios, sino también recurriendo a encuentros con los Uitotos para enmarcar aún más el contexto descrito por Quiñones en la novela. Ahí se recogen testimonios de algunos autores que afirman que el autor era barbacoano o tumaqueño, sin embargo en este artículo ha quedado claro que el autor era natural de Pasto, así como lo fueron también sus padres.

La aparición de la segunda edición en español en 2016, publicada por la editorial Diente de León de Bogotá, permitió que la novela se difundiera un poco más, la base es la edición de 1948, agregando unas notas sobre el autor que esperamos haber ampliado con este artículo, así como la presentación de los profesores de la Universidad Nacional Eudocio Becerra y Roberto Pineda, quienes anotan: “La destreza del autor en la lengua mika de los propios Murui del río Caraparaná y su conocimiento detallado de la vida de una maloca, en los tiempos de los tigres, otorgan a esta historia el carácter de ser la primera novela etnográfica en el sentido moderno de la palabra, de un grupo uitoto de la Amazonia, y quizás la única hasta nuestros días. No se equivocó Quiñones al hablarnos del mérito de su obra, que -de otra parte- narra otra verdadera vorágine en las selvas del Putumayo” (2016, p. 10).

Camilo Hoyos Gómez, en la FILBO de 2016 calificó la novela de Quiñones como “El redescubrimiento literario del año: el hermano perdido de ‘La vorágine”, en el artículo publicado en la revista Semana, cierra con esta nota: “Darles voz a los nonuyas y a su manera de ver el mundo en 1924, luego de haber sido una víctima más del Putumayo azotado por el oro blanco, es ya un ejercicio de perdón a través de la escritura literaria. Pueda ser que estemos frente a un caso histórico de la literatura como resiliencia. Pueda ser que Quiñones nos sirva de ejemplo para todo lo que se nos viene encima.” (Semana, 2016).

Obra de lectura tardía, sin duda alguna, pero que permite volcar la mirada más amplia sobre la amazonia colombiana, quizá la generación de un diálogo con esos territorios en un país que, desde siempre, ha crecido desde los Andes a espaldas de los demás.

En una próxima entrega hablaremos de la producción literaria de Quiñones Pazos, compartiendo la lectura que hemos hecho de sus libros.

 

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