BELISARIO TAMBIÉN TRANCÓ AL GRINGO

Algunos hacen rogativas por una invasión para que se rapten al presidente Petro, tan antiTrump y comunista. Tan cerca del infierno y tan lejos de Estados Unidos. 

Por :

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Belisario también trancó  al gringo

 

A diferencia de Alberto Lleras que fue un procónsul norteamericano, exégeta celoso de todo lo gringo. En su época, Lleras –que era director de la revista gringa Visión- anticastrista a ultranza, defendía la fracasada invasión a la isla y todos los intentos de desembarcos y sus vuelos de reconocimiento. Justificaba la existencia de la base de Guantánamo y no condenó el derrocamiento del gobierno democrático de Guatemala, ni los muertos panameños del Canal, ni la amenaza proferida por Dulles de invadir a Venezuela por las rechiflas contra el vicepresidente Nixon. Simplemente, Lleras era un alguacil de los intereses de la Casa Blanca. Tal como sucede hoy por hoy con nuestros cachorros del imperialismo (Uribes, Duques, Santos, martaslucías, abelardos, vickys…), que mueren por defender al gringo, a pesar de la doctrina Monroe, del robo de Panamá, del asesinato de Gaitán, del Plan Colombia, todos  zarpazos de tío Sam que nuestros estadistas de campanario agradecen y glorifican arrodillados. Algunos de ellos hacen rogativas por una invasión para que  se rapten al presidente Petro, tan anti Trump y comunista. Tan cerca del infierno y tan lejos de Estados Unidos.

Belisario, que había nacido del proletariado -y del poetariado- se forjó amigo de la oligarquía y no sólo se afilió a la caverna laureanista, sino que fundó para Sarmiento Angulo ese tanque del pensamiento que es la ANIF, Asociación Nacional de Instituciones Financieras, que hace el trabajo sucio para el oligopolio del hombre más rico del país. O sea, que lejos en los antecedentes de Belisario, un tufillo de comunismo o mamertaje.

Sin embargo, eso no le impidió distanciarse de Estados Unidos. Desde su posesión dejó claro su indisposición con los gringos. Se adhirió a los países no alineados y trató como iguales a los emigrantes del norte. Propugnó por el arreglo pacífico de las controversias entre los estados centroamericanos; el acatamiento del principio de no injerencia y su correlato, el del no intervencionismo.

Cuando Ronald Reagan –que confundió a Bolivia con Colombia- pidió a la Casa de Nariño que enviara el discurso del presidente colombiano por adelantado y cuando la Casa Blanca exigió que se omitieran algunas ideas y párrafos –que hablaban de la corresponsabilidad de Estados Unidos en el problema de las drogas-, Betancur no obedeció al Pentágono, sino que conminó que, si no querían oír su discurso en su integridad o se sentían incómodos con su narrativa, no tenían que venir a Colombia.

Por eso el Grupo de Contadora que impulsó Belisario no fue de recibo para Washington, pero que sin embargo recibió el respaldo de los países de América Latina, Europa y la ONU. Argentina, Brasil, Perú y Uruguay constituyeron el Grupo de Lima. Belisario vio reconocida su labor facilitadora con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Iberoamericana.

Belisario situaba los conflictos en sus contextos socioeconómicos y chocaba con la prédica gringa que los ubicaba en la dialéctica de la guerra fría y la confrontación Este-Oeste. Para Reagan, las guerrillas de Nicaragua, El Salvador y Guatemala eran no más que apéndices de la expansión comunista en Occidente.

Algo va de Belisario a Petro. A Betancur  la hipocresía bipartidista le disimulaba sus descarríos comunistoides, comoquiera que era un advenedizo de la burguesía. Era uno de ellos un tanto bohemio de poesía y de socialismo. A Petro no le toleran sus contundentes verdades, así se derramen sobre los santos evangelios.

 

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