EL RASTRO INDELEBLE COLOMBO – ECUATORIANO DE UNA GOTA DE SANGRE
CINCUENTENARIO DE LA ASOCIACIÓN FAMILIAR PIEDRAHÍT
Por.
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

La familia, simiente de la sociedad, célula entrañable que explica el comienzo del afecto y la genuina solidaridad. En contenidos éticos, filosóficos, teológicos, jurídicos y naturalmente sociológicos se le ha exaltado y promovido como primitivo motor que es de la vida de relación. Siempre serán atendidos sus apremiantes requiebros y en la identidad de sus pulsaciones encuentra sosiego la impaciencia del corazón. Es la comunidad entera la que se beneficia de las virtudes que se cultivan y afirman en su seno.
En códigos bíblicos dijérase que en el principio era la sangre que se hizo carne y entrambas elevado espíritu y que los tres a una se hicieron familia que trascendió los tiempos y las fronteras.
No será nunca demasiado plausible el elogio de la institución familiar, el cultivo de su bienhechor sortilegio, el hechizo intangible pero promisorio que ejerce sobre los brazos insondables de nuestro destino colectivo.
Pero no sólo la familia nuclear o próxima sino todo el ancestral y común enjambre que metastásico transmite a todos su calor y su fuerza, multiplicada en generaciones y estirpes amasadas a lo largo del calendario y de la geografía.
Por eso es trascendental y paradigmático el celebrar la mágica cifra de CINCUENTA AÑOS de la Asociación Familiar Piedrahita, cuya aurora a orillas del imponente Imbabura, en Ibarra, nerviosa, combativa, hidalga, rebelde, fue la linfa que con aguas lustrales bendijo la oronda congregación con sus pastores venerables y sus retoños impacientes.
En Ibarra, Ciudad Blanca, en agosto de 1976, procedentes de las distintas provincias ecuatorianas –desde Loja hasta el Carchi- y desde la Villaviciosa de la Concepción de Ipiales, en Colombia, se reunieron todas las ramas para fundar la “Asociación Familiar Piedrahita”, con vástagos y descendientes de don Rafael Piedrahita el tronco paradigmático. 2.589 nombres componen el erguido y robusto linaje con 105 descendientes militantes y triunfantes.
“Es que la familia es como las encinas que tienen virilidad corpórea para desafiar el tiempo, las tempestades y los grandes cataclismos cuanto màs profundas sean sus raíces. La familia cuanto màs unida, cuanto más comprensiva, cuanto más modesta, tiene la dureza del granito y la delicadeza y la sensibilidad de un beso materno. Y es que la familia sabe a leche materna, al dulcísimo néctar de la vida, a cuna donde el sollozar de un niño nos hace temblar de emoción, nos produce fricción y derramamos lágrimas” escribió don Luis Piedrahita, fundador y primer presidente de la Asociación, en testamento que publicó la revista Nubes Verdes del poeta Florentino Bustos.
La convivencia atada a la afectividad y al entronque emocional conjuntos genera una comunidad de vida que se manifiesta en la búsqueda común de los medios de subsistencia, en la compañía mutua o en el apoyo moral, así como en la realización de un proyecto compartido que redunda en el bienestar de cada uno de los integrantes de la familia y en el logro de su felicidad.
Es una célula social básica para el desarrollo social de las naciones civilizadas que cumple con las más nobles e importantes de las funciones que corresponde a los grupos humanos; la crianza, educación y establecimiento de sus miembros que son sus hijos, produce la generación de la especie humana en tal virtud es el primer contacto del hombre con un grupo social en donde se le enseña los valores de respeto, de justicia, ética, cortesía y moral, allí se aprende lo bueno, lo malo, lo justo, lo injusto, lo honesto, los valores cívicos, etc.; para que el hombre pueda ser un buen adulto; por eso es preferible el buen desarrollo de la familia, al buen desarrollo empresarial e industrial de los pueblos, pues casi seguro que lo primero concluya en una mejor nación; además, cuando la familia surge deteriorada la sociedad irremediablemente será conflictiva.
Familia dice nostalgia, afectos, reverencias, recuerdos entrañables y perdurables. Evoca la pertenencia a lo simple y cercano que se acentúa cuando nos vamos despidiendo de otras alturas y más nos acercamos al diámetro de nuestra infancia y no a la tierra en general, sino a aquél mundo ínfimo en que transcurrió nuestra primera vida, LA PATRIA DE LA INFANCIA, en la que tuvimos nuestros juegos y nuestra magia, la impecable magia de la impecable inocencia, sobre todo cuando, al celebrar aquéstas BODAS DE ORO se sabe que sólo podemos defendernos con el recuerdo de lo nuestro y con el apremio del tiempo venidero empeñachado por nuestros sucesores.
Leemos en las Escrituras que el hombre está hecho de polvo. Pero, en verdad, todos estamos hechos de nuestro propio polvo, aquél en que nacimos, en el que se han ido perdiendo, a lo largo de los tiempos, los restos de los nuestros.
La fuerza de lo familiar nos concita el acatamiento a su magisterio sagrado y la presencia de aquella memoria nos impone
Desde luego que no se trata solamente del rastro genealógico de la familia Piedrahita e incluso de la Pazmiño, sino que el mestizaje colombo ecuatoriano (no se desestime el italiano y árabe) viene de lejos y de distintos linajes. Y fue bienvenida sin discriminaciones ni exclusiones. Pueblo hospitalario inauguró el derecho de asilo que lo concedió al escritor cosmopolita, ambateño universal, Juan Montalvo Fiallos, que ha sido el más célebre de sus hijos adoptivos. Y el más generoso y altruista don Fernando Pérez Pallares, propietario de la “Fábrica Nariño” y de la planta hidráulica de energía eléctrica ubicada en el Corregimiento de Las Lajas. El ilustre historiador y rico industrial Jacinto Jijón y Caamaño instaló la fábrica de alfombras “San Juan”.
Igualmente se asentaron en nuestra ciudadela y fueron tronco de familias patronímicas, desde el siglo XVIII, los Arellano, Andrade, Garzón, Del Hierro, Recalde, Yépez, Bolaños, Concha, Enríquez, Cerón, Villacís, Flórez, Pérez, Acosta, Marín, Polo, Espíndola, Lobato, Tierra, Martínez, Vozmediano, Tulcanaza, De los Ríos, Folleco, Romero, Rocha, Jacho, Villacrés, Mier, Villota, Bustos, Chalco, Alvarado, Rivadeneira, Guijarro, Cabezas, Luna, Reyes, Avilés, Caiza, Vera, Nazati, Landázuri, Obando, Hidalgo, Carrera, Montenegro, Narváez, Woodcock, Machado. Cada una de estas parcialidades sanguíneas han hecho su aporte en los arpegios musicales, las bellas artes, el deporte, la ingeniería y arquitectura patente en el Santuario de Las Lajas. Y también la corona que ciñe las sienes de la madre mestiza. Desde la provincia del Chimborazo o del Valle de los Chillos, Otavalo, Urcuquí, Tulcán, San Gabriel.
Curiosamente, en la Nueva Granada –como se conocía a Colombia en la época de la Primera República- el general Francisco de Paula Santander, tenido como el primer presidente civil, tuvo descendencia con dos señoras de apellidos Piedrahíta. Casi al borde de la tumba, en 1836, con doña Sixta Tulia, de origen antioqueño, pero bisnieta de don José Piedrahita Cobo de Figueroa, payanés. Y con doña María de la Paz Piedrahíta Murgueitio con quien prohijó al general Francisco de Paula Santander Piedrahíta. Y vaya otra anécdota: la esposa del único presidente en ejercicio fusilado en 1816, general Custodio García Rovira, era doña Josefa Piedrahita.

