SI TUMBAN AL PRESIDENTE PETRO CAERÁ TAMBIÉN EL RÉGIMEN Y SUS OLIGARCAS
La decisión de los magistrados del CNE, de elevar cargos en contra del presidente, irrespetando su fuero, es en el mejor de los casos consecuencia del desconocimiento de nuestra constitución, o mejor, de la ignorancia del primigenio concepto de estado moderno, que la soporta.
Por:
Guillermo Linero Montes

El pasado martes 8 de octubre, el Consejo Nacional Electoral-CNE, decidió formular cargos contra el presidente Gustavo Petro, por presuntas irregularidades -todas traídas de los cabellos- durante su campaña a la presidencia. Se trató de una decisión abiertamente motivada por la perversidad política de los enemigos del presidente, que son en esencia enemigos del pueblo que lo eligió. De ahí lo aberrante de esta decisión, que además desobedece las normas constitucionales con la sorna de la impunidad.
Si en Colombia existiera una cultura jurídica popular, o más exactamente, una ciudadanía con instrucción cívica, los magistrados del Consejo Nacional Electoral, con seguridad no se hubieran atrevido a investigar al presidente de la república y ni siquiera se hubieran atrevido a mencionarlo en las investigaciones realizadas a su campaña; ni tampoco los medios de comunicación, ni los periodistas malsanos, se hubieran atrevido a justificar semejante posibilidad; pues sabrían, unos y otros, que el pueblo al instante se les resistiría.
Y resulta más raro que estos golpistas no hayan previsto que el pueblo ya no es idiota; pues, así le hayan negado la educación, nada han podido hacer para evitar que se mantenga informado, y las fake news y los periodistas malsanos que en un primer momento y en una sucia estrategia le funcionaron a la oposición para crear desconcierto, ya no engañan al pueblo fácilmente.
En el presente, el pueblo ha demostrado -aunque esto sea difícil de comprender para los magistrados del CNE y para la extrema derecha- que perdió la inveterada manera sicofísica de aguantar vejámenes y opresiones. De tumbar a Petro, este pueblo de seguro voltearía al país y buscaría restituirle el poder; y si lo asesinaran -el presidente teme por su vida- no existe la menor duda de que lo remplazarían por siempre en sus propósitos.

