EL PRESIDENTE PETRO Y EL PODER POPULAR
Visto así el poder, además de ser motor de la civilización, paradójicamente también es generador de barbarie.
Por:
Guillermo Linero Montes

Todos los seres humanos tenemos individualmente poder. Su corriente definición lo describe como “la expedita facultad o potencia de hacer algo”. Una sola persona es capaz de darle muerte a un animal para alimentar a su familia. Una sola persona tiene fuerza para levantar piedras y construir un refugio para él y los suyos.
Visto así el poder, además de ser motor de la civilización, paradójicamente también es generador de barbarie. En tal razón, al poder hay que saberlo usar, y el método básico encontrado por las sociedades ha sido reconocer que en un contexto de concentración social, la manifestación del poder individual únicamente tiene fundamento en cuanto dicho poder esté al servicio de una voluntad general, como lo es la convivencia pacífica.
Bajo semejante esquema político, los representantes de la rama judicial (los magistrados de las cortes y de los tribunales) y los de la rama legislativa (los representantes y los senadores) son protagonistas semi invisibles y en tal condición cometen sus actuaciones non sanctas tras bambalinas. De ahí las llamadas “jugaditas” y lo del “cartel de la toga”. Su invisibilidad los hace en apariencia inmunes a la presión del pueblo que, por desinformado (de ahí el malsano papel desinformador de la mayor parte de los periodistas a sueldo) no cuentan con argumentos para cuestionarlos directamente.
En Latinoamérica, cuando el poder popular se ha expresado, casi siempre lo ha hecho contra los gobernantes, y tal vez sólo ha ocurrido lo contrario en Colombia, y en ocasión del gobierno de Gustavo Petro, pues el poder popular -que no los tibios plantones- cuando se ha manifestado lo ha hecho específicamente en su favor y en contra del llamado régimen; es decir, en contra de los congresistas y magistrados corruptos, en contra de los mantenidos herederos de antiguos poderosos, en contra de los banqueros inescrupulosos y en contra de cuántos atesoran ilegalmente armas y dinero, llámense clanes familiares o bandas criminales.

