URIBE DEBE EXIGIRLES LA RENUNCIA

La renuncia de los dos evitaría la destrucción de la república

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Cuando el dueño de la finca consigue un mayordomo para el predio y él llega recomendado expresamente por algún amigo o pariente muy cercano, pero al hombre se le olvida ordeñar la vaca, no le da de comer a los terneros, no ensilla el caballo, deja crecer la maleza y trastoca las órdenes, lo mejor es ir a hablar con quien lo respaldó y solicitarle que convenza al inútil o inepto recomendado para que presente la renuncia. De esa manera evita el enfrentamiento, tienen tiempo ambos de buscar un reemplazo y tanto para el uno como para el otro se les facilita la capacidad de razonar sobre los errores cometidos.

 

En esas circunstancias y pensando en el lenguaje finquero que caracteriza al expresidente Uribe, ayer cuando conversé al aire con el doctor Fernando Londoño en su programa radial de las mañanas, le pedí después de analizar lo que le está pasando al país y a la hora de despedirnos que me concediera una ñapa, y allí -en el templo del uribismo más recalcitrante-, le pedí al aire al doctor Londoño que reuniera un grupo numeroso y prestante de partidarios del expresidente para que lo visitaran y lo sedujeran convenciéndolo de que como fue él quien ungió a Iván Duque y a Martha Lucía como sus candidatos al gobierno que hemos venido soportando, que les exija a los dos por el bien de la patria y para arreglar este macho lío en que estamos metidos que renuncien los dos.

 

 

El doctor Londoño, obviamente, sintió el ramalazo, pero con decencia evidente prefirió callar antes que negarse a la misión solicitada. Él, seguramente, como la mayoría de compatriotas, estamos convencidos que ese dúo ha sido un fracaso como gobernantes. Todos sabemos que las cosas las han dejado llegar hasta tal punto que ya se habla con fluidez de la balcanización del país y de que al ejemplo que el Valle tomaría independizándose, Antioquia y la Costa estarían dispuestos a hacer lo propio.

La renuncia de los dos evitaría la destrucción de la república y no es difícil encontrar un colombiano que brinde entera confianza, maduro y hábil, conocedor de cómo resolver entuertos al estilo de Alberto Lleras Camargo cuando lo llamaron para que fuera el presidente por un año y salvar al país del hueco donde lo llevaba López Pumarejo en su segunda presidencia en 1945.

Es muy sencillo: en la remendada Constitución quedó dicho, luego de un fallo, que de presentarse la acefalía presidencial en las dos cabezas, el Congreso se reúne para aceptarles la renuncia y elegir y posesionar al vicepresidente para que asuma el poder ejecutivo y termine el mandato.

Muchas gracias.

El Porce, junio 2 de 2021

 

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