TRAS DE ÑATO, NALGÓN

En Buga las señoras tenían la razón.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

En la señorial Buga, a finales del siglo XIX, cuando asomaba como presidente de Colombia el anciano señor Sanclemente, las emperifolladas dueñas de los hogares decían para calificar a quien se salía del común denominador, que daba la endogamia de cruces de las mismas familias con las mismas familias, que “tras de ñato algodón”. Con ello querían significar que los genes de blancos con blancos guardados celosamente desde la Colonia y que había llevado a amarrar de los papayos en el solar de la casa a los evidentemente bobos también generaban unos especímenes que físicamente mostraban su incapacidad de entender la realidad porque por algún pecadillo colonial tenían perfil siniesco o negroide, eran ñatos, y de repeso les crecía el nalgatorio más allá de lo posible. Era una tabla rasa que se demostraba por perfilación mayúscula con todos los Rengifos, que eran narigones, o por la falta de sensatez que tenían las Cabales, quienes cruzadas una y otra vez con más Cabales, hasta en siete generaciones anteriores, les crecía desproporcionadamente el sentadero, a los extremos de la negra Varona, la bisabuela del general Cabal, que lo tenía tan prominente como era su falta de seso.

Por estos días, por analogía, a los colombianos nos están obligando a pensar lo mismo que las señoras de Buga.

 

Por estos días, por analogía, a los colombianos nos están obligando a pensar lo mismo que las señoras de Buga. Si revisamos el inventario continuado de torpezas cometidas por quienes nos gobiernan, no nos queda otra manera de calificar. Que se hubiesen empecinado en presentar de la manera menos inteligente y a cuentagotas irritantes los términos de la reforma tributaria, que vistieron como loca de carnaval, llamándola ley de solidaridad sostenible. Si medimos los elevadísimos y muy dañinos costos de no haber atendido a quienes solicitamos públicamente que se retirara el proyecto de reforma y así desbarataran este paro que nos ha vuelto añicos. El haber aceptado enviar al tosco general Zapateiro a calmar los ímpetus feudales de quienes creen que los ejércitos de la patria se hicieron para arrasar a los opositores, no para hacerlos entrar al orden. Pero, sobre todo, el que nos hayan llevado a las puertas de la guerra civil, propiciando con su inercia su falta de olfato político y su incapacidad manifiesta, el enfrentamiento entre los blancos mestizos caleños desesperados y las tribus indígenas caucanas, ensoberbecidas con el respaldo de las disidencias narcotraficantes, indican muy a las claras que como en Buga las señoras tenían la razón: tras de ñato, nalgón.

El Porce, mayo 10 de 2021

 

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