Se requiere empatía de Fecode para volver a clases

En la educación suele hablarse de forma permanente sobre la importancia de la formación en valores en la escuela, en la formación de ciudadanía.

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No es fácil, generalmente construimos nuestros intereses y demandas desde nuestra lógica. Pero la falta de empatía fortalece la violencia, la indiferencia, las injusticias y polariza. Falta de empatía expresaron muchos latinos que votaron por Donald Trump, esos que afirmaban, yo ya resolví mi estatus migratorio, no me interesa que vengan más inmigrantes.

Hoy sobre el debate del urgente retorno a clases, la falta de empatía resalta en quienes afirman defender los derechos de los educadores. En entrevista del pasado miércoles en canal Caracol, el vocero de Fecode Nelson Alarcón afirmaba que era prioritario volver a las aulas, pero enlistó una serie de demandas y de condiciones que son casi imposibles de cumplir. Según él, con el argumento de salvar la vida de los niños y de los profesores. Pero nadie habla de los daños psicológicos, económicos y de aprendizaje que están viviendo los estudiantes.  Por su parte el médico Jorge Eslava, quien estuvo en la entrevista, presentó cifras reales sobre los bajos niveles de contagio que se presentan en los colegios. El covid en promedio mata al 2% de los contagiados y de ellos el 80% corresponde a mayores de 65 años. Es decir, el riesgo es muy bajo, y si se cumplen los protocolos de uso de tapabocas y desinfección, podrá ser más efectivo.

Como lo afirmó el doctor Alarcón, Fecode solo demanda más recursos, y pone el ejemplo que otros sectores si han trabajado con compromiso, sector salud, defensa, y otros. Lo cierto es que los profesores asociados a Fecode siguen recibiendo su salario, mientras que miles de profesores de universidades, y de colegios privados han perdido sus empleos por la pandemia del coronavirus. Desde la comodidad de sentarse a pedir más recursos para volver mientras sigo recibiendo el salario, aflora la falta de empatía con una población azotada por la pandemia, con padres desempleados, con sectores de la economía arruinados, muchos de ellos a la espera del retorno presencial a las aulas: restaurantes, tiendas de barrio, cafeterías, papelerías, editoriales, transporte, arriendos, entre tantos otros.

Mientras las estadísticas muestran que a escala mundial los contagios y muertes en el sector educación son mínimas, que, por ejemplo, en Europa que ha sido azotada con un gran número de contagios y muertes, los colegios y las universidades no han sido focos de infección, acá se quiere vender con el amarillismo de “llevar a la muerte a los niños” las excusas o las trabas para no volver.

Por supuesto que se requiere del compromiso y el cumplimiento de acuerdos básicos por parte del Gobierno, del Ministerio de Educación y las Secretarías de Educación. No puede ser que las instituciones educativas públicas sigan operando sin jabón y papel en los baños. Deben existir dotaciones permanentes y limpieza constante de los espacios comunes. Además, fortalecer otro valor en los estudiantes, valorar lo público, porque algo que ocurre de forma constante es la destrucción de lo público -como no lo siento mío, no me importa destruirlo-. Entonces, obras que se entregan con dotaciones, a los pocos meses presentan daños y deterioro. Dotación de insumos de limpieza y desinfección, manteamiento y limpieza frecuente de los espacios y cuidado por parte de los usuarios, debe ser una constante en el plan de retorno a las aulas.

Se ha cumplido un año sin clases, en muchos casos los estudiantes no aprendieron nada, abandonaron el sistema, se profundizó la violencia y las tensiones familiares. Padres que ya tienen que volver a trabajar y no pueden educar a sus hijos, además en la mayoría de los casos, los padres o acompañantes carecen de las formas para educarlos o enseñarles en un proceso de construcción del conocimiento, para eso están los profesores.

Y los mismos profesores están sufriendo de exceso de trabajo, mayores niveles de estrés, presiones por un trabajo remoto que resulta agotador. Intentar hacer clase sin conectividad de los estudiantes, con los largos silencios de ausencia, con la dificultad de cumplir los objetivos de una clase. Muchos están agotados, quieren volver a la presencialidad, pero mientras Fecode los presione y ponga todas las trabas que evidencian la falta de empatía con los mismos profesores, con los estudiantes y con la sociedad, el retorno no será posible.

*Especialista en educación, Editor Jefe Revista Semana Educación, @hurtadobeltran

(El contenido de este artículo es responsabilidad exclusiva del autor)

 

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