Podemos hacer la diferencia y no bajar la guardia frente al virus

​Diana, de 29 años, hace parte de la población joven que también ha requerido una unidad de cuidado intensivo para tratar su covid-19.

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Bogotá, 10 de julio de 2021

Diana Rodríguez Salgado tiene 29 años. Ella, como miles de colombianos, supo lo que era un resultado positivo para SARS-CoV-2, así como un paso por una unidad de cuidado intensivo.

Después de diversos exámenes neurológicos, razón principal por la que acudió a un centro médico, el resultado tenía que ver con la enfermedad que desde el 6 de marzo de 2020 tocó la puerta de nuestro país: covid-19.

“Los síntomas que experimenté fueron una tos muy seca, secreción nasal y problemas digestivos, además de sufrir dolores intensos en mis ganglios. Todo apuntaba a que, si era covid-19, se desarrollaría como un cuadro gastrointestinal que, según me explicaban los médicos que me atendían, sucede de manera frecuente en la población más joven”, dijo.

Una resonancia magnética que también le fue practicada por una molestia que la aquejaba en la zona de sus riñones, mostraba en una pequeña proporción cómo en sus pulmones se estaba desarrollando una neumonía.

“Fueron dos días de los que no tengo ningún recuerdo. Según lo que me contaron, me pusieron oxígeno en esa máscara grandota y yo no respondía. Había perdido la noción y lo único que llegó a mi cabeza fueron unas imágenes de las enfermeras empacando mis cosas y yo, aún con el celular en mi mano, le escribí a mi madre: me llevan a UCI”, relata Diana.

Por esos momentos, Colombia seguía afrontando el pico epidémico más fuerte que ha tenido desde el inicio de la pandemia, con ocupación UCI por encima del 90 %.

Diana reconoce que produce miedo y el panorama, en medio de todos los diagnósticos, se hace incierto, pero, dice, no imagina cómo hubiese sido el desarrollo de su enfermedad “sin la ventilación mecánica”.

Diana experimentó un cuadro depresivo muy fuerte, que su psiquiatra le denominó como depresión postcovid, una realidad a la que muchos colombianos se enfrentan luego del virus. Con emoción y toques de nostalgia recuerda el momento en el que vio su celular y en este se encontraban todos los mensajes de aliento de amigos y familiares. Cuenta que, aunque “la vio dura” en muchos momentos, agradecía a Dios y el personal médico todos los días.

Su recuperación aún sigue y espera completarla muy pronto. Diana salió de la clínica sin oxígeno debido a la disciplina que tuvo atendiendo las recomendaciones médicas para recuperar la fuerza en sus pulmones, hasta tuvo que volver a “reprogramar” su cerebro para que le ayudara a tener un proceso de respiración consciente.

Sus piernas se demoraron también en responderle y volver a caminar fue otro martirio. “Pero cada vez que me veo derrotada, recuerdo de dónde salí y me impulsa a seguir recuperándome”.

Por último, Diana envía un mensaje a la población: “En este momento se está luchando en los hospitales por una sala disponible para atender a los pacientes y es aquí donde podemos hacer la diferencia y no bajar la guardia ante este virus mortal”.

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