PETRONIO Y USIACURÍ

Hacen falta los adjetivos para describir su clamoroso éxito

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

En este país donde casi todo sale mal, vale la pena destacar con grandes letras el éxito deslumbrante que significó el  Petronio en Cali y lo históricamente simbólico que reinicien al menos tres de los antiguos pozos de aguas termales medicinales de Usiacurí en el Atlántico.

Sobre el Festival de música del Pacífico, que ya todo el mundo llama “El Petronio”, hacen falta los adjetivos para describir su clamoroso éxito. No se supo qué fue más emocionante si ver a toda la negramenta caleña ratificando públicamente que Cali es la capital negra de Colombia, o convencernos que la vicepresidente Francia Márquez sabe aparecer donde debe y, sobre todo, que baila mejor que cualquiera de los miles y miles de mujeres que llenaron el espacio bullicioso durante cuatro días.

Fue un éxito su preparación, su ampliación a las raíces negras ya no solo de los pueblos más remotos del siempre perdido y abandonado litoral Pacífico, sino a las que con otro son pero el mismo brío llegaron de Bahía en el Brasil. Si el alcalde Ospina, casi siempre equivocado cuando no azarado, quería borrar sus errores, este Petronio, que organizó su Secretaría de Cultura con Ronald Mayorga a la cabeza, lo mostró como lo que debió haber sido desde el primer día que fue alcalde: el traductor de una realidad sonora y vibrante, sudada y alegre que se respira por todas las venas de una ciudad salsera que ha ido albergando cada vez más y más gente proveniente de las orillas de los ríos y riachuelos que surcan el húmedo litoral.

 

 

Pero si en Cali cosecharon este rimbombante triunfo, en Usiacurí, donde fue a vivir sus últimos años el eterno poeta Julio Flórez, y en donde desde las épocas precolombinas se cuidaba y veneraba la capacidad sanatoria de sus aguas termales, el estruendo no es tan bulloso como el de Cali, pero sí es igual o más contundente y feliz. Allá en Usiacurí, cuando llegó la onda renovadora del saneamiento básico, resolvieron hacer hace 40 años un acueducto con pozos profundos para repartir entre toda la comunidad.

En menos de 5 años, esa chupadera de agua secó los tanques donde brotaba y se recogía el agua mineral termal. Es decir, por una cosa mataron la otra. Hasta hace unos años, cuando en vez del acueducto de bombeo trajeron el agua potable por tubería desde Barranquilla y los focos termales fueron reapareciendo. Esta semana ya pusieron en servicio 3 de esas antiguas piscinas y desde lo profundo se oye a Julio Flórez recitando “oye bajo las ruinas de mi pasiones, en el fondo de esa alma que ya no alegra, entre polvo de sueños y de ilusiones, brotan entumecidas mis flores negras”.

 

Muchas gracias.

El Porce, agosto 17 de 2022

 

Audio:

https://www.spreaker.com/episode/50938633

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